Cuestión de Tiempo

Si alguien hubiera podido entrar en el aislado complejo científico militar que se
encontraba en linde con el territorio antártico, podría ver muy poco de la antigua gloria
ahora abandonada. Solo un solitario agente ceñido en un traje negro como el basalto
avanzar por una instalación muerta. Dentro había temperatura ambiente pese al frío
exterior, aún así, Regin, no conseguía quitarse de las entrañas la sensación de
congelación. Sus nervios parecían como electrificados.

Ver un edificio abandonado puede imponer respeto, pero caminar por la base
Moebius era algo distinto. El complejo había estado destinado dos años a experimentar
con taquiones. Al año los esfuerzos se concentraron en una iniciativa algo peculiar y un
día, nada. Parecía que hubiera desaparecido todo el mundo. Transmisión cortada,
cámaras apagadas.

Quizá Regin tendría que haber desconfiado cuando el doctor Sokolov, jefe de la
estación, le llamó de forma tan urgente. "Ven, no hables con nadie, graves
consecuencias. Sokolov." En su teléfono, ordenador, incluso en su viejo fax.

Al poco tiempo llegó a una habitación despoblada de muebles y de olor marchito,
botellas de coñac vertían su contenido en el suelo mientras un hombre marchito y
decrépito lo miraba con ojos vacíos. Sonrió.

-Has venido. Bien, gracias.-El viejo se irguió.

-Doctor. ¿Qué ha pasado aquí?

El hombre caminó a todas luces ebrio, hasta ponerse de rodillas frente a él.

-El futuro. Es lo que ha pasado.

Regin lo miró ceñudo, su vista se desvió al extremo de la habitación, donde había
un montón de bultos cubiertos por una lona y restos de... ceniza.

-La base Moebius estaba destinada a ejercer experimentos con taquiones.
Mediante entrelazamiento cuántico... y distorsiones de gravedad. Con... plasma.-El
hombre quedó con la mirada fija.

-̶¿Está bien?-Intentó tocarlo pero él rehusó el contacto nervioso.

-Conseguimos hacer que el entrelazamiento funcionara a través del tiempo. Conseguimos escuchar... escuchamos el futuro.

-̶¿Por qué me cuenta esto? ¿Dónde está el resto del personal?-Preguntó confuso al darse cuenta de que miraba intranquilo la funda de su arma.

-Te lo cuento para que entiendas por qué hice esto. Y para que entiendas, y transmitas un mensaje, para la humanidad.

̶-¿Cómo? ¿Qué quiere decir? ¿Qué hizo?-El hombre permaneció inmóvil.

̶El problema estaba en que las partículas siempre estaban en el pasado, o en el futuro. Pero la gravedad, era la clave. Como si fuera un embudo. Esos pequeños caen por la dimensión temporal mucho más rápido que la luz. Y concentramos plasma... justo por encima del hodón.

Regin retrocedió.

-Creamos gravedad cuántica. Y comenzamos a succionar cosas como si fuera un maldito desatascador.

-¿Succionar?-Regin se percató, por debajo de la lona había un líquido espeso y oscuro. Un escalofrío le reptó por la espalda.

-Aunque, realmente. No importa tanto el cómo lo hicimos, lo que importa es qué hacer con la ello. Y pienso que... lo he hecho bien-Le temblaban las manos.

Regin se acercó a la lona cubierta, Sokolov sacó un arma. Regin desveló lo que cubría, lentamente.
La sangre coagulada se esparció como una vieja capa de polvo granate, y la que estaba líquida, goteó.El tiempo se congeló mientras las gotas caían, para Regin parecieron mercurio. Cubiertos de disparos, todos, cubiertos.

-Fuimos los primeros en recibirlo, y supe. Supe que no lo soportaría nadie. Todos estaban consternados, y planeaban contarlo. Tuve un momento de lucidez, y quise enterrar el mensaje de nuestros tataranietos.-Su voz sonaba rota, pero decidida.

Regin se dio la vuelta, para ver como Sokolov contemplaba el frío brillo de su arma, un Desert Eagle.

-En ese momento pude dejarlos hablar, y desatarían el caos. Fui DIOS. Podía haber dejado que el Apocalipsis reinara sobre la Tierra, solo tenía que quedarme quieto. El mensaje destruiría toda la sociedad humana. Pero Dios no abandona, os... protegí. Eliminé a los portadores del mensaje, eliminé a los jinetes del fin de los tiempos, y sólo quedo yo. Incluso ahora, mientras sacas tu arma de la funda sigo siendo Dios, puedo convertirte en mi ángel de la muerte. Solo tengo que decir mi mensaje. Pero no, no serás mi Lucifer...

-Estás loco...-Balbució.

-No. Te lo diré y te ordenaré qué hacer. Será mi Moisés, y luego, ¡Dios morirá!-Lloró mientras se ponía la punta del arma en el cráneo.

-¡QUIETO!-Regin apuntó.

Él rió nerviosamente, con la mirada de un lunático.

-He destruido el tiempo del mensaje incrito en los taquiones, no lo busquéis. Las máquinas... están rotas, el conocimiento, quemado y...-Su dedo se tensó sobre el gatillo.

Y Regin disparó. El cuerpo cayó, con la yugular partida.

-Gracias.-Se ahogó.

Regin no quería convertirse en Dios. Quizás pudo salvar a la humanidad, ¿a qué precio? ¿Destrozando al humano? Regin se sentó de rodillas, en la base Moebius. Y pensó que la ciencia construye mundos sobre el cielo, sin pilares en la tierra. Y ahora, se sentía Atlas.
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