El mounstro del óceano

Todo comenzó en la ciudad acuática, una ciudad chica y hermosa. En la superficie se podían observar plantas acuáticas muy bonitas. El movimiento de las algas iba acompañado a la corriente que generalmente, era tranquila y el tono del agua era un azul marino. Se puede decir que era casi una ciudad perfecta… Lo sería completamente, si no fuera por el espantoso mounstro del océano. – Eso pensaban los habitantes acuáticos.

Quienes habitaban en esta ciudad acuática le tenían miedo, porque medía 12 metros, era carnívoro, tenía un largo cuello y sus dientes eran largos y afilados. Sus actitudes no eran las mejores, a la hora de relacionarse trataba mal a todos, solía excluirse y sentirse menos que el resto. Muchas veces intentaba ser como los demás, es por eso que los pocos amigos que tenía se alejaron. Lo apodaban como el “mounstro” por todas estas características.

Y cuidado con encontrárselo por el camino, sus vidas corrían peligro, quien sabe qué podría hacerles. Los demás dinosaurios marinos hablaban muy mal de él, un día, Plesiosauro se enteró de todo esto y se puso muy triste. Él no tenía amigos, porque todos le tenían miedo y además le costaba mucho relacionarse. No quería lastimar a nadie, pero no sabían entenderlo y cuando se acercaba a charlar con otro dinosaurio, se alejaba y gritaba: "naden a toda velocidad, llegó el mounstro".
Hasta que un día, caminando sin esperanza alguna de socializar con alguien... Plesiosauro encontró a un dinosaurio apodado "Ictiosauro". Le extrañaba que no saliera nadando ni gritando como todos lo hacían, o que no remarcara sus defectos. Ictiosauro le contó que él no creía lo que todos decían sobre él, pensaba que era bueno y amistoso, aunque sea demasiado grande y un poco gruñón.
No se equivocaba. Charlaron y charlaron, hasta que llegó el momento de despedirse. Plesiosauro no podía creer que alguien había hablado con él y no haya pensado en que era un mounstro o alguien al que no había que hablarle.
Ictiosauro salió a contarle a toda la ciudad que había compartido una conversación con este "mounstro". “Él no es malo, es muy amigable. Me dijo que no quiere dañar a nadie y que quiere tener amigos, pero no sabe relacionarse, porque cuando lo intenta, todos huyen y eso le hace sentir que no merece la pena que vuelva a intentarlo. Se siente muy solo, triste, y desconforme con él mismo. Solo desea ser como los demás, así por lo menos lo aceptarían.” – aclaraba.
Los demás dinosaurios se sintieron mal por lo que hicieron, así que no dudaron en ir a pedirle perdón a Plesiosauro, aunque el daño ya estaba hecho, pero, comenzarían a tratarlo mejor. Los dinosaurios lo juzgaron sin conocerlo, sin ser conscientes de lo que podían llegar a hacerle sentir. Ser un mounstro, el malo de la ciudad, nadie merecía eso... Después de todo ¿Quién merece ser juzgado sin antes ser conocido? Nadie tiene que cambiar su forma de ser para adaptarse a la sociedad. Plesiosauro aprendió a que tiene que cambiar solamente si sus actitudes lastiman a los demás.
Así finalmente, Plesiosauro y todos los habitantes acuáticos fueron amigos, algunos más grandes, otros más chicos, pero, al fin y al cabo, todos dinosaurios.
Milagros Pereyra Argüello
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