El Gran Proyecto

“Pensamos que los meteoritos viven poco. Para nosotros ellos nacen en el momento que empiezan a quemarse”. Aquella frase era la que se encontraba en mi cabeza cuando alguien me sacó de mis pensamientos.
Aquel individuo que tenía su vista clavada en mí, y que en su mirada se reflejaba curiosidad e impaciencia, era el sujeto al que denominaba “madre”, un ser que constantemente interrumpía mis importantes estudios por cosas tan simples como “hablar en familia”, aunque le dijera miles de veces que no me interesaba en lo más mínimo conversar o interactuar con ellos.
- ¿Porque no dejas todas esas hojas? –Dijo el sujeto madre
-Porque es mucho más importante este proyecto que vengo trabajando desde hace ya mucho tiempo que una simple cena que no me llama la atención- Le contesté sin alejar mi vista de las hojas
-Pero, estas todo el día investigando para tu “gran proyecto”. Y ya no hablas mucho con nosotros, hasta creería que tienes una obsesi... –
- ¿Puedo retirarme? Ya terminé de comer- La interrumpí, dando por finalizado la “discusión”
El individuo con el que conversaba, suspiró frustrada por no conseguir lo que se propuso y decretó, que si podía salir de ese ya odioso lugar.
Con pasos ligeros, me dirigí hacia mi habitación, ¡No podía aguantar un minuto más lejos de ella!, o, mejor dicho, de lo que se encuentra en su interior.
Lo primero que pude divisar fueron todos los papeles, que había pegado sobre las paredes. La mayoría se trataba de información importante sobre la gran investigación que estaba llevando a cabo, y otros, simplemente se trataban de garabatos.
Un momento más tarde, ya me encontraba sentada en mi escritorio junto a mi ordenador y mi cuadernillo, que sin duda, no podían faltar.
Tal vez ustedes, mis queridos individuos, se pregunten qué es lo que tanto me apasiona de este análisis. Y yo, como buena humana, les contestaré. El contenido, que estoy investigando son aquellas bolas de fuego que cruzan la atmósfera y a las que los seres humanos denominan como “Meteoritos”. Desde pequeña me llamó la atención su luminosidad y los materiales rocosos que los componen, algo que por supuesto mi familia no entendía, ni les interesaba. Una vez que comencé esa faena, no pude parar.
Desde lo que creían civilizaciones antiguas, hasta los descubrimientos que se obtuvieron a partir de ellos, eso y muchas otras cosas más había logrado investigar en mi cuarto. Suelo estar varios días seguidos sin salir de mi preciada morada, pero no importa cuando todo este es para un fin científico.
Sin duda alguna me había distanciado del conjunto de individuos al que llamaba “familia”, pero no es culpa mía, ellos simplemente no entienden absolutamente nada.
Ya cansada del dolor de manos que tenía decidí salir al tan odiado exterior, si no fuera por los astros que iluminaban, habría una gran oscuridad.
-Tic tac, tic tac, tic tac- Dije mientras observaba el cielo
Con tranquilidad me dirigí hacia un taburete que se encontraba a aproximadamente un metro de distancia de mí. Ni de prisa, ni lento, esa era la velocidad con la que me conducía. Sin dudas el ambiente de mi alrededor era tranquilo y sereno, solo se escuchaba el canto de los grillos.
Una vez reposada en el asiento de madera, una pregunta comenzó a surgir ¿Por qué te obsesionaste con tu proyecto tan anhelado?... Silencio fue su respuesta, sin dudas la pregunta que se hizo a si misma la dejó sin comentario alguno.
-Solamente cree mi mundo-Susurré
¿Y que ganaste?
¬-Ahora nada, pero en un futuro, tal vez logre conseguir algo nuevo-Me auto contesté
Excelente, pero ¿Era necesario alejarte de tu familia?
¬-No-
¿Por qué no?
¬-Los sujetos a los que denomino familia solo trataban de acompañarme-
¿Te arrepientes?
-No del todo, interrumpían mi investigación-
¿TE ARREPIENTES? -La voz en mi cabeza comenzó a gritarme
-Sí, un poc…-
De repente, una bola gigante luminosa apareció en los cielos. Se dirigía al pueblo en el que habitaba. Cada vez estaba más cerca y más cerca, por su tamaño se podría decirse que era sumamente peligroso. Y yo, solo me quedé estática observando aquel objeto al que tanto tiempo le dediqué.
Una liquido comenzó a recorrer mi mejilla, uno tras otro y otro.
Y cuando ya estaba cerrando los ojos para recibir el gran impacto, una frase llegó a mí cabeza
“A veces los cielos se abren y caen piedras que parecen sangre y fuego, que golpean la Tierra”
Y desde ese momento todo se volvió oscuridad



Iara Martinez
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