EL MOVIMIENTO ES RELATIVO

Esta mañana, como todos los días el despertador ha sonado a las 7:30 de la mañana. Me he levantado con los ojos medio abiertos y para despertarme me he lavado la cara, me he vestido y he salido pitando de casa. Al entrar en el instituto ha tocado la campana, he llegado justo a tiempo. Mientras llegaba la profesora, hemos comentado con los compañeros el fin de semana.

- Hoy os hablaré sobre la teoría especial de la relatividad de Einstein-, ha dicho la profesora al llegar.

Cuando la profesora ha empezado a explicar, he recordado un día en la playa el pasado verano que curiosamente guarda relación con el tema de hoy.

“Estaba tomando el sol en la playa cuando me llamó la atención un barco que me era familiar. Tuve curiosidad y cogí mis prismáticos para verlo más de cerca. Para mi sorpresa era el barco de mis vecinos en el que había estado navegando invitada la semana anterior. Vi a Juan y a su hija María. Juan estaba leyendo el periódico y María estaba recorriendo la cubierta con su bicicleta, lo mismo que había estado haciendo durante mi visita.”

Me ha llamado la atención cuando la profesora ha empezado a poner ejemplos sobre la velocidad relativa y como depende del observador.

“Ahora entiendo porque aquel día, cuando yo estaba en la orilla de la playa María se movía a más velocidad que cuando yo estuve en el barco. Siguiendo uno de los ejemplos de la profesora, si María se movía a 10 Km/h cuando yo estaba en el barco, desde la orilla la veía moverse a 40 Km/h. ¿Por qué? Porque tenía que sumar la propia velocidad del barco que se movía a 30 Km/h. Además, Juan no estaba quieto, sino que se movía también la velocidad del barco.”

Ahora, reflexionando sobre aquel día, puedo ver que el movimiento de Juan y María era relativo y dependía del punto desde el que yo misma lo estaba mirando.

Finalmente, la profesora nos ha recordado que la Tierra se mueve en el espacio y que, por tanto, nosotros tampoco estamos quietos.

“Lo más curioso es que aquel día en la playa no tenía manera de saber si yo me estaba moviendo o no. Igual alguien desde el espacio podía ver como yo me movía, y a Juan y María moverse más rápido de lo que yo los veía.”

La realidad es que ahora mismo, aunque estés leyendo este relato sentado tranquilamente, estás de todo menos “quieto”.
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