Lluvia de estrellas

Los chicos estaban tumbados sobre el césped todavía húmedo de los aspersores, mientras admiraban el manto de estrellas que se cernía sobre ellos como una capa de oscuridad y luz. Después de un largo y caluroso día de verano, los cuatro chicos habían decidido ir a ver las estrellas a la pradera que se encontraba en las afueras del pueblo, atravesando el camino rocoso que llevaba hacia el bosque de encinas. Esa noche no era una noche cualquiera, era una de las pocas en las que se podía ver una lluvia de estrellas, y los chicos estaban esperando expectantes a que empezara ese magnífico fenómeno.
- ¿Sabíais que ahora mismo la Tierra está atravesando un anillo de meteoros que dejó un cometa hace años? – preguntó Nico al aire mientras contaba las estrellas que formaban la constelación de la Osa Menor
- Sí, lo he escuchado esta mañana en la tele. Se supone que el cometa Halley pasa cada 75 años y deja a su paso restos que es lo que hoy veremos como estrellas fugaces. – respondió Guille incorporándose de la hierba
Justo en ese momento comenzó la lluvia con un par de tímidos resplandores, que fueron aumentando hasta iluminar casi por completo el cielo. Los chicos se quedaron asombrados y sin poder reaccionar ante el espectáculo de luces que estaban presenciando. Estaban tan ensimismados que no se percataron de una pequeña estrella que se había desviado de la ruta.
Poco a poco esa pieza rocosa que ardió en llamas al entrar en contacto con la atmósfera terrestre, se fue aproximando más y más hacia la pradera donde se encontraban los jóvenes.
- Eh...chicos – dijo Marcos incorporándose rápidamente.
Él fue el primero en notar que algo no iba bien y advirtió a sus amigos que empezaron a alarmarse mientras veían como se acercaba la roca ardiente a gran velocidad.
- ¡Corred! ¡Vamos al bosque! - gritó Lucas atemorizado al tiempo que retrocedía hacia atrás
Los tres siguieron con agilidad a Lucas hacia el bosque para resguardarse bajo los árboles, ya que la trayectoria que seguía la estrella era directa a la pradera.
Cuando se estaban adentrando en la maleza del bosque, se oyó una gran explosión, causada por el impacto del meteoro contra el suelo, que provocó que todo el grupo cayera a la tierra cubierta de hojas y ramas secas. Tras unos segundos, solo se escuchaba un pitido molesto y agudo a causa del choque. Por suerte, los daños no fueron mucho más graves que un gran agujero y algunas grietas cercanas a la zona de impacto. Los chicos se levantaron poco a poco y se aseguraron de que todos estaban bien; se podían apreciar algunos rasguños debido a la caída, pero sin heridas trascendentes.
Tras comprobar que todo a su alrededor estaba en buenas condiciones, se acercaron hacia la zona donde se encontraba la roca ya apagada, aunque humeante, para investigar sobre lo que acababa de suceder.
Al llegar al extremo del agujero, se asomaron para ver qué era lo que había caído del cielo con más detalle. La roca se había fragmentado en dos partes irregulares, dejando ver un resplandor de color azul intenso, casi blanco, que hacía brillar el material del interior.
- ¿Qué es esto? -preguntó atónito Guille
- No tengo ni la menor idea, pero seguro que vale una fortuna -respondió Nico al tiempo que alargaba el brazo para tocar la roca.
Justo en el momento en que la mano de Nico hizo contacto con la roca, esta comenzó a vibrar, transformándose en una preciosa piedra azul, parecida a un diamante. Los chicos retrocedieron temerosos mientras contemplaban la asombrosa gema resultante que se encontraba flotando por encima de sus cabezas. Después, comenzó a emitir una brillante luz que les obligó a cerrar los ojos.
Poco a poco la luz se fue atenuando hasta que fueron capaces de abrir los ojos, y cuando lo hicieron, se dieron cuenta de que ya no estaban en la pradera, sino en un lugar mucho, mucho más lejano.
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