Esther y las curiosidades del universo

Volvía a casa después de jugar al baloncesto, hacia un sol espantoso no había ni una sombra en la calle, cuando me encontré con Esther (la estrella), no me preguntéis porqué, pero a estad edad hay mucha manía de poner apodos a los compañeros de clase y a Esther como le encantaba todo lo relacionado con el universo pues…
Nos paramos a hablar un ratito, miré al cielo y vi una nube salvadora y dije: tapa el sol, por favor, tápalo, y me dice Esther:
 ¿sabías que hasta el siglo XVII la gente pensaba que era el sol el que giraba alrededor de la tierra?
 ¡Oye!,-respondí- te recuerdo que yo también estoy en 1º de la ESO y fui a clase ese día ja ja ja
 Hay perdona, pero es que me parece tan fascinante que haya una bola de gases incandescentes como hidrógeno y helio, que por cierto son los dos gases que más contiene, ahí arriba a más de 6000°C y que gracias a él exista la vida,
y que la tierra este dando vueltas a su alrededor y que gracias al movimiento de traslación terrestre no sea siempre de día o de noche, y que gracias a la órbita elíptica que describe alrededor del sol, haya estaciones y no siempre haga frio o calor, ¡al menos en nuestra zona claro!
Sus pupilas se dilataban mientras hablaba, realmente estaba fascinada.
 ¿Te imaginas vivir en el polo norte? - la dije.
 ¡Sííí!, viendo auroras boreales o australes si estamos en el polo sur…me encantaría.
 ¿pero de verdad hay seis meses de noche y seis meses de día? - pregunté
 No, no en las zonas habitadas de Alaska, Canadá, Groenlandia… no existe la claridad absoluta o la oscuridad total, la luz varía según la hora del día, por ejemplo, en los meses “de día” cuando el sol se pone parece que “rebota” y vuelve a subir, a esto se le llama “el sol de medianoche”
 ¡vaya! Me empieza a resultar interesante –dije-que pena que aquí solo podamos disfrutar de eclipses de luna, de sol y de algún cometa de vez en cuando…como el Halley o el hale-boop en 1997 que al ser tan brillante se le pudo ver a simple vista-la dije para que viera que yo también sabía algo del universo.
 No creas-respondió-el cielo está lleno de sorpresas, solo hay que quererlas descubrir…
Nos miramos y dijimos a la vez
 ¡y si el viernes por la noche les decimos a nuestros padres que nos lleven al observatorio astronómico de triedra!
 ¡trato hecho!
Y nos chocamos las palmas por encima de nuestra cabeza.
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