Aeroespacial

Llevo trabajando para esto toda mi vida. Soy ingeniero aeroespacial. Estudié los cuatro primeros años en Madrid y los dos últimos recibí una beca para en la Universidad de Pursue, Indiana. Mi obsesión era trabajar para el Ejército de Aire, por ello volví a España donde estuve sirviendo como capitán. A los cuatro años volví a EEUU para hacer un máster en astronomía, ya que quería dejar el ejército y sumergirme más en el ámbito espacial y cósmico.

Hice prácticas en la ESA y más adelante me ficharía la NASA, pero esta empezó a perder fondos y apareció SpaceX como el resurgimiento a la investigación espacial. Es allí donde solicité el trabajo y tuve la suerte de que me contrataran. Fue el día más feliz de mi vida. Hemos creado una gran variedad de modelos de cohetes hasta el actual Falcon Heavy, en el cual estamos sentados a punto de despegar.

Nunca pensé que llegaría hasta aquí, de pilotar C-16 a estar dirigiendo el mejor cohete del mundo. Empieza la cuenta atrás 5,4,3... ¡¡¡¡0!!!! Despegamos. Las fuerzas G hacen que nuestro peso incremente drásticamente y que empecemos a perder la consciencia, pero yo me he estado preparando años para esto. Cojo aire, lo más difícil es la salida, al salir de la atmósfera terrestre, al llevar una velocidad constante, las fuerzas G no actuarán sobre nosotros. Conseguimos traspasar la atmósfera con éxito.

Ahora toca usar la inteligencia. Para ahorrar combustible, vamos a aprovechar la fuerza de atracción gravitatoria de la luna para calibrar la dirección del cohete y para coger velocidad, ya que además, al estar en el vacío, ninguna fuerza actúa sobre el cohete y la velocidad será constante. Ya encaminados, solo queda esperar.

Hay que hacer bastante ejercicio diario, ya que la presión en el espacio es diferente a la de la Tierra y los músculos se contraen mucho. Nuestra comida es muy curiosa, ya que toda está precongelada y después desecada para quitarle definitivamente todo el agua que contengan. Además, es curioso observar que la cubertería y los alimentos están sujetos a la bandeja con imanes, muelles y velcros para que estos no floten por la nave. Todos los días calibramos los vectores de posición para redireccionar la nave con los propulsores laterales, con los que simplemente giramos su eje.

Después de casi ocho meses de vuelo entramos en la atmósfera del planeta rojo. Comenzamos a descender a altas velocidades envueltos en llamas. Activamos los propulsores inversamente, de forma que el cohete vaya frenando. Este está diseñado para desde la Tierra aterricen el cohete por control remoto. Pero hay un fallo en el sistema. Me pongo a los mandos, ¡1000 metros, 900, 600! La tensión se nota en el ambiente. Mi compañero coge los mandos de copiloto, calibramos el cohete de manera que esté exactamente a noventa grados para poder proceder al aterrizaje.

“¡Landed!” Se oye por radio, todos nos abrazamos, la alegría está con nosotros. Tomo la decisión, era mi momento. Agarro mi traje con fuerza, seré el primero. Activo la bombona de oxígeno, abro las compuertas, bajo la rampilla y me dispongo a bajar de la nave. Se está retransmitiendo en todos los lugares de la Tierra. Procedo a decir lo que llevaba toda mi vida esperando: “Una nueva vida en Marte acaba de empezar, como diría Amstrong, un pequeño paso para un hombre, un gran paso para la humanidad”.

Todas las cápsulas con alimentos, agua y todo lo necesario nos estaban esperando allí, delante de nuestras caras. Todo esto había sido enviado unos años antes justo para cuando nosotros llegásemos. Lo primero que hacemos es instalarnos y creamos un generador de oxígeno mediante electrólisis. Sumergimos en él varas de carbón en agua destilada y descargamos electrones, los cuales son liberados en el cátodo y recogidos en el ánodo. En este proceso se libera tanto oxígeno como hidrógeno.

Una vez que tenemos dentro de la base un ambiente con un balance entre oxígeno y dióxido de carbono, el cual abunda mucho por Marte, procedemos a la plantación de verduras y estabulamos animales que llevábamos en la nave. Ya solo queda soltar en la superficie de Marte el pequeño frasco de cianobacterias, que se alimentan de dióxido de carbono y expulsan como desecho oxígeno. Estas se reproducirán y en poco tiempo tendremos Marte listo para poder salir y respirar tranquilamente. Aquí no cometeremos el mismo error que en la Tierra, instalaremos placas solares para conseguir energía limpia y renovable.

Ya solo queda perforar la tierra hasta llegar al núcleo. Una vez allí, instalaremos bombas atómicas en diferentes puntos del núcleo para explotarlas y así poder reactivarlo. Marte estará geológicamente activo y el campo magnético de la atmósfera podrá frenar los vientos solares y radiaciones que puedan afectarnos. Un sueño hecho realidad... Pero queda mucho por hacer.
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