Más allá de la muerte

Tiempo, ¿qué pasaría si pudiéramos jugar con él, avanzar, retroceder o saber que hay más allá? Estas reflexiones martilleaban la cabeza de Jaime, quien no podía dormir perdido en sus pensamientos. Su consciencia racional le decía que todo esto era imposible, que la muerte es muerte y ya está, pero su curiosidad le susurraba al oído diciéndole que experimente, que nada es imposible hasta que tú lo tomes como tal.

Los años transcurrieron y Jaime estaba pensando en aquella noche que le hizo convertirse en lo que es hoy, el más grande de los científicos, el que reescribió las reglas de lo posible, el inventor de la máquina del tiempo. “Esta máquina te permite ver a través de los ojos de tu yo del pasado o del futuro, solo tenéis que decirme la fecha a la que queréis viajar y disfrutar de la experiencia” exclamaba Jaime. Estaba en una exposición de su gran invención.

Esa noche se quedó hasta tarde, decidido a hacer historia. Llevaba teniendo esta duda durante meses y había decidido resolverla hoy. ¿Qué pasaría si viajásemos al día de nuestra muerte? ¿Y a antes de nuestro nacimiento? ¿O antes de ser creados? Por fin había llegado el día de descubrirlo.

Todo estaba preparado. Había programado la máquina para viajar al día de su muerte. Solo faltaba apretar un botón. Pero Jaime no estaba seguro de si hacerlo o no. Había viajado a cientos de días: su nacimiento, su primera palabra, su primer amor, la pérdida de su primer amor... Pero nunca nada parecido. Tenía miedo de lo que pudiera pasar. No de que fuese algo triste o doloroso, sino de que no sucediese nada. Al final se decidió, alguien tenía que hacerlo y estaba dispuesto a que ese alguien fuese él. Cerro los ojos con todas sus fuerzas y apretó él botón.

Nada. Absolutamente nada. Ni pensamientos, ni movimientos, ni sentimientos. Jaime no se lo podía creer, todo este tiempo para acabar viendo un montón de nada. Desesperado, se fue a su casa a pensar. Se había hecho tarde. Jaime estaba decepcionado. Nada más llegar, se metió en la cama y entró en un profundo sueño. Había decidido comprar una libreta y en esa apuntar todo lo que veía, pero resulta que la libreta se iba a quedar vacía.

Merodeando por las calles de Madrid, a Jaime se le ocurrió una absurda idea, pero estaba tan desesperado que cualquier solución a esta decepción, por estúpida que sonase, merecería ser probada. Un bebé no es capaz de andar ni hablar nada más nacer, de hecho nadie se acuerda del día de su nacimiento. Podría ser que su yo muerto todavía no se hubiese desarrollado.

Jaime volvió como loco a su estudio y empezó a buscar teorías de lo que hay después de la muerte. El recordaba haber leído un artículo sobre esto, que decía que el morir y el nacer están en cierto modo conectados. Eso le dio nuevas esperanzas.

Al día siguiente decidió ir a probar su teoría. Viajaría cuatro meses después de su muerte y con suerte el resultado cambiaría. Fijó la fecha, preparó la máquina, cerró los ojos y dio un sutil golpe al botón.

Calor. Jaime estaba flotando en un espacio muy reducido. Tenía una especie de cable conectado al cuerpo. Oía palabras a lo lejos, como con eco. No se podía creer lo que estaba viendo. Poco a poco su cuerpo se estaba girando dejando que Jaime viese sus propias manos. ¡Era un feto! De alguna manera había vuelto a renacer. Este pensamiento rondó en su cabeza durante varios días.

Jaime hizo nuevos viajes y descubrió que su nueva vida era muy distinta. Había nacido en un sitio de Estados Unidos. Vivía en una familia numerosa en una mansión con unas vistas al bosque. Sus padres eran unos magnates que habían hecho una fortuna con el negocio de petróleo. Pero todo esto todavía no había pasado.

Jaime no solo viajó al futuro. También viajó a años antes de nacer, y quedó impactado al descubrir que su antiguo yo no era un humano, era un halcón que volaba en libertad por el bosque hasta que un día un cazador le dio caza y lo mató. Jaime se dio cuenta de que el mundo no estaba preparado para conocer sus hallazgos, así que decidió llevárselos con él a la tumba.

Los siguientes años de su vida los dedicó a buscar la forma de acordarse de sus vidas pasadas, y como siempre acabó dando con la manera de lograrlo. Así sus futuros yo se acordarían de su descubrimiento y lo contarían cuando el mundo estuviese preparado. Ese momento ha llegado ya, yo soy una futura reencarnación de Jaime y por fin el secreto saldrá a la luz.
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