Carta de una piedra

Hola, soy esa roca a la que siempre das patadas para retirarme de tu jardín, matar algún caracol o tareas de ese tipo. Permíteme decirte que soy mucho más que todo eso. Soy, como supongo que sabrás, mucho más antigua que tú, y duraré muchísimo más que cualquier otro animal/planta/ser vivo. Mi existencia remonta a hace más de 4.600 M.A, cuando no era más que polvo y gas en el espacio.

De repente, algo comenzó a juntar una parte de ese polvo y gas para convertirme en algo mucho más grande de lo que soy ahora. Seguía juntándonos a mí y al resto de “rocas” hacia un centro, blanco y grande, que no paraba de explotar. Algunas de las “rocas” se juntaban (entre ellas yo) y otras entraban en la bola blanca. Yo, como no quería ser absorbida, llegué al centro de un grupo de rocas, que formaron el planeta donde vivimos. La verdad, es que era todo muy aburrido, tanto calor, tantas vueltas, etc. Hacía tanto calor que me fundí. Tras unas cuantas eras, conseguí salir del mejunje ardiente y llegué un poco más arriba, donde había una especie de cámara, y me instalé. Pasado un tiempo, otra fuerza me empujó al exterior, donde me solidifiqué, en pequeños trozos. Me había convertido en un trozo de basalto, es decir, una roca volcánica. Y así continuó mi vida muchos años más. Así hasta que a las piedras tectónicas las dio por cambiar un poco de lugar. ¡Vaya desastre! Algunos de mis hermanos se precipitaron y se transformaron en eclogitas, duras y resistentes… otras se transformaron en esquistos, anfibolitas y granulitas… Yo por mi parte, corrí una suerte un poco distinta. Una parte mía cayó al agujero tectónico con mis primos, y la otra, bueno, … me quedé un tanto expuesta al aire, al agua y acabé convertida en un tipo de arcilla. Pero esto, no iba a acabar así, ¡qué va!

Mi parte que acabó siendo arcilla, pasados muchos años, fue usada para hacer jabones a importantes reyes.
La parte que acabó como eclogita, lo pasó un poco peor. Me encontró un grupo de Homo Habilis y me intentaron usar como lanza. Pero eso, aparte de que no cortaba muy bien, no me gustaba matar animales. Uno muy “listo” descubrió que en mi interior había corindones y diamantes, y me aprovecharon para eso. Pero como no tenía muchos, me tiraron al río y me transformé, otra vez, en otra cosa, ¡cómo no! Tras muchos cambios, acabé convirtiéndome en un tipo de arenisca.
Tras muchos más terremotos, y mis vanos intentos de no volverme a caer, ocurrió lo esperado. Me caí, y tras largos periodos en el interior de la Tierra, volví a salir y me había transformado de nuevo… ¡Ahora era cuarcita!
Resulta que los humanos habían evolucionado un poco, y un general del ejército grecomacedonio decidió coger mi parte de cuarcita como arma. Me afiló y me cuidó bien, pero todo cambió cuando me enteré de que un rico e importante emperador Macedonio, Alejandro Magno, había adquirido un caro jabón natural desde Mesopotamia. Me enfadé mucho, porque sabía que mi otra parte la perdí de vista por allí. También descubrí que el general que me había cogido era de la corte de aquel emperador, y que planeaba un complot contra él, justo antes de la conquista de Arabia. Como ese humano me había tratado bien y quería reencontrarme con mi otra parte, decidí ayudarle a continuar. La noche en que Alejandro decidió estrenar el jabón mesopotámico para celebrar la muy cercana conquista arábica, el complot de generales entró en acción. Siete golpes míos bastaron para derribar al emperador y romper el bote de jabón, del que salió mi otra parte y se desparramó sobre mi parte de cuarcita. Los generales se fueron, abandonando a Alejandro Magno y a mis dos partes en el suelo. Cuando el mayordomo de Alejandro entró, me dio una patada, y mi parte de cuarcita cayó por unas escaleras que llevaban al río de debajo del castillo.

Erosionado por la corriente, me convertí en un canto rodado, y así, tras mucho viajar por ríos y mares, llegué a tu jardín. Así que, si ves una cuarcita algo redondeada y con marcas de agujeros, piensa que puede que sea yo, piensa que puede que esa aparentemente vulgar piedra hubiera cambiado con alguno de sus actos el futuro de la humanidad.
Mi parte de jabón no pudo fusionarse con mi otra parte, ya que una cuarcita no puede juntarse con jabón, pero no pierdo la esperanza. Sé que cuando la tierra sea destruida y mis dos partes se conviertan en polvo, podré volver a ser solo una, y vivir una nueva vida formando otro planeta, o incluso siendo parte de un nuevo ser vivo.
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