LA GOTA DE AGUA "Angela"

NUESTRA GOTA DE AGUA “ÁNGELA”


Nuestra gota de agua vivía tranquila en el mar Mediterráneo entre Córcega y Cerdeña cuando un día de sol abrasador se convirtió en gas evaporándose y haciéndola muy liviana.
Ángela se asustó mucho y gritando subió y subió hasta encontrarse en las alturas con más gotas de agua convertidas en vapor. Algunas de las que encontró en el cielo venían de lugares tan remotos como los Alpes suizos, donde anteriormente habían sido nieve, y todas juntas viajaron hasta que un frio muy intenso las condensó en gotas más pesadas, y mientras se despedía de las amigas que había hecho en el cielo, estaba precipitándose hacia el campo de futbol “José Zorrilla” de Valladolid (una ciudad de Castilla y León que se encuentra España) donde, en ese preciso instante, se estaba disputando la final de la Copa del Rey de España, en la que se enfrentaban el Real Valladolid y el Real Madrid.
Ángela aterrizó en el campo, se filtró y tras fluir por varias tuberías, llegó a un pozo subterráneo del estadio de fútbol, donde conoció a las que serían sus amigas en las aventuras que le esperaban. Entre ellas estaba Silvia, otra gota de agua que llegó en circunstancias parecidas desde el sur de Francia, y con la que se llevó especialmente bien a partir de entonces. Durante unos cuantos días pasaron por alcantarillas y arroyos hasta que llegaron, sin ser conscientes que la historia acababa de empezar, al río Pisuerga donde se encontraron con muchas más compañeras.
En el río todo era divertido y nuestra gota Ángela se lo pasaba muy bien, hasta que un día un rebaño de ovejas llegó a la orilla del río y no tuvo escapatoria, una oveja se bebió a Ángela. Paso unas horas muy triste a oscuras y sola, preguntándose dónde acabaría o si sería su final. De pronto cayó en el patio de una granja de ovejas maloliente cerca de Arroyo de la Encomienda. Aquí se vio arrastrada hasta una alcantarilla, y justo en ese momento se produjo la mayor casualidad de la historia, que no fue otra que encontrarse con su amiga Silvia, que por lo visto fue bebida por otra oveja del mismo rebaño y rodeadas de suciedad se contaban lo mal que lo habían pasado en la barriga de su oveja.
Tuvieron tiempo de recordar su paso por el campo de futbol, algo que ahora les parecía unas vacaciones comparado con lo vivido en la granja. Estaban en esta conversación cuando de pronto se encontraron impulsadas hacía arriba por unas gigantescas bombas de un gran pozo. Más tarde sabrían que habían llegado a la depuradora de aguas residuales de Valladolid. Tras las bombas pasaron por rejas de distintos tamaños y decantadores con formas circulares, de un lugar a otro iban pasando dejándose llevar por la corriente, hasta llegar a unas piscinas gigantescas donde millones de bacterias empezaron a alimentarse de toda la porquería que se las había pegado durante su paso por la granja de ovejas.
No todas las bacterias eran iguales, a algunas les gustaban más los desechos orgánicos como los excrementos de las ovejas, y a otras las sustancias más grasientas. El caso es que, tras ser conducidas por este laberinto de piscinas, las bacterias junto con otras muchísimas gotas de agua llegadas de distintos sitios con peligrosas historias vividas, y sucias al igual que Ángela y Silvia, pasaron a unas nuevas piscinas que eran incluso más grandes que las visitadas hasta el momento, donde todo fluía de forma muy tranquila y aburrida.
Llegados a este punto de la depuradora, las bacterias habían engordado una barbaridad tras el banquete que se habían dado con la suciedad que llevaban Ángela, Silvia y los millones de compañeras que llegaron junto a ellas.
Gracias a lo gordas y pesadas que se volvieron las bacterias en las anteriores piscinas, Ángela y sus compañeras consiguieron ser nuevamente unas gotas limpias, y por fin unas horas más tarde fueron todas devueltas al rio muy contentas, pero a la vez muertas de miedo por si volvían a encontrarse con otro rebaño y vivir una experiencia tan desagradable y sucia. Discurrieron por el rio hasta que llegaron al mar, pero esta vez no al Mediterráneo, de donde venía Ángela, sino al Océano Atlántico donde las dos gotas hicieron nuevas amistades, a las que impresionaron contándoles su historia, aunque ellas habían vivido experiencias que también impactaron a Ángela y Silvia.
El último paso por la depuradora era muy común entre los distintos relatos que escucharon en el Océano Atlántico, pero se dieron cuenta que en su nuevo hogar NO todo era limpieza y felicidad, se encontraron con una gran cantidad de microplásticos llegados de todo el planeta por culpa del abuso que se hace de ellos por la humanidad.
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