Año 2129

Estamos en el año 2180 y tengo que hacer una presentación sobre un hecho relevante en la historia de la humanidad. Aquí estoy en mitad de la clase y listo para empezar mi exposición.

Me coloco detrás del atril y empiezo a hablar, mientras observo las caras de mis compañeros de clase:

“Sabía que la mayoría haríais algo sobre las gloriosas aventuras romanas o las tragedias de la Edad Media, pero yo no me quería ir tan lejos, así que he decidido hacerlo sobre mi abuela, la investigadora principal de un proyecto, que hace 50 años salvó a la humanidad de la extinción. Esta es la oportunidad perfecta, porque hace unos días encontré su diario, donde relata todos los acontecimientos y peligros que sucedieron.

Al comienzo, explica como era esa época. A los ojos de una persona nacida en 2089, sin duda la ciencia había avanzado mucho. Uno de los aspectos que más recalcaba era la integración absoluta de los robots en el 2100, reconociéndoles todos sus derechos. Por otro lado, habla de grandes avances de la física, como fue descubrir el funcionamiento del espacio-tiempo a niveles cuánticos, consiguiendo a su vez la capacidad de viajar en el tiempo.

Sin embargo, esta tecnología aún estaba en fase de pruebas para cuando llegó la epidemia más grave que jamás haya visto la humanidad. En su diario explica cómo se tuvieron que reunir los mejores científicos. Ella fue nombrada responsable de la investigación debido a que años atrás, con tan solo 34 años había descubierto la cura para la esclerosis múltiple. Esta consistía en insertar nano-robots, una tecnología muy puntera en su momento, que sustituía la mielina que era atacada por el sistema inmunológico por una sustancia que este no podía detectar, nombrada como MIIS ( Material Indetectable for the Imnune System), que era capaz de aislar la electricidad. Os estaréis preguntando por qué os cuento todo esto, y es que en la tragedia que os voy a relatar, los salvadores también fueron los nano-robots.

En ese año maldito de 2129, cuando ya se había tenido que desviar un asteroide con una gran cantidad de recursos y que había provocado una crisis económica, una nueva y terrible enfermedad llegó. Se la bautizó como HA (Humanity Aniquilator). Todos los pronósticos decían que este patógeno de origen desconocido destruiría la humanidad. Ni los médicos más audaces e inteligentes sabían de dónde venía. En un mes había matado al 10 por ciento de la población y no paraba. Lo peor, tal y como viene en el diario de mi abuela, es que aún no habían podido contenerlo para estudiarlo. Además, el patógeno mataba en un día y por ello realizaron lo que se conocía como la última esperanza de la humanidad.

Tardaron un mes en tenerlo listo y para entonces ya había muerto otro 20 por ciento de la población. Querían pensar que merecía la pena, pero no era más que una apuesta que le iban a hacer a la muerte. Esta última medida era un spray, que al inhalarlo incluía algunos genes al ADN con la ayuda de los nano-robots, que en teoría reforzarían el sistema inmune.

Se reunieron los mejores inmunólogos, genetistas y biólogos del mundo, para pensar en qué le faltaba al cuerpo humano. Sabían que a los demás animales no les afectaba la enfermedad y decidieron que había que paralizar temporalmente nuestro sistema inmune propio. Todos los sprays dormían la parte del cromosoma 8 donde se contenía la información del sistema inmune.

Sin embargo, se dividió a la población en grupos. Esto, como era de esperar causó mucho revuelo, pero sabían que no había tiempo para hacer otra cosa. Se hizo para introducir a cada grupo la información genética de otro ser vivo sobre el sistema inmune, para ver si encontraban el correcto y ganar esta dichosa apuesta a la muerte, salvando así a la humanidad.

Con este método tan poco ortodoxo, se salvaron aquellos que tenían el sistema inmune de los murciélagos, que es uno de los más potentes que se conocían. Además del pequeño uno por ciento que tenía una modificación genética en el gen CMAH humano de manera natural, que era al que atacaba el patógeno.


Finalmente, tal y como se había previsto la modificación genética abandonó el cuerpo humano en seis meses sin causar daños graves en el cuerpo, consiguiendo así que el 25 % de la población sobreviviese y gracias a ello nosotros seguimos aquí.

Espero que os haya interesado.

Muchas gracias por escuchar.”

- Buen trabajo Jim, - dice el profesor- ¿quién es el siguiente?
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