El Inicio De Todo

Lo que os voy a contar hoy es una historia sorprendente, e incluso difícil de creer. Todo empezó una tarde de primavera en mi habitación, como de costumbre. No era una habitación muy exótica, no tenía adornos con los que decorarla, ni una biblioteca especialmente grande. Tan solo tenía un escritorio, una cama con un par de libros apilados y una butaca. Sin embargo, era un mundo entero para mí. Podía pasar horas metida allí sin percatarme del tiempo que pasaba mientras leía libros y libros sentada en la butaca color verde oscuro. Ese fue el inicio de todo, un libro, el libro que daría un giro de 180 grados a mi vida.

Me dirigía a la librería un 6 de mayo de 2019 por la tarde a coger un nuevo libro, ya que el que me estaba leyendo lo terminé ese mismo día. No serían más de las siete de la tarde y hacía un calor abrasador. Llegué, tras diez minutos andando, a la biblioteca municipal. No era muy grande, más bien pequeña, pero a mí me gustaba debido a su familiar y acogedor ambiente. Me dirigí a la estantería de ciencia ficción y encontré un manual con un título curioso “Como Usar la Teoría de las Cuerdas en la Vida Cotidiana”. Me pareció extraño puesto que los manuales debían estar en la sección de informes, pero, imprudente de mí, lo cogí de la estantería y me lo llevé a mi casa.

Nada más entrar en mi habitación comencé a leer. En las primeras páginas estaban escritas las distintas definiciones de la “Teoría de las Cuerdas” o “Teoría de la M”. No muy tarde comencé a leer el título más interesante: como ponerlo en práctica, sin embargo, no llegué a leer ese apartado aquella noche ya que mi madre me distrajo y me sacó de esa cúpula que se me formaba en la cabeza al leer diciéndome “ Meg hija, tendrías que irte a la cama que mañana tienes que madrugar”. Rápidamente me percaté de mi error: hoy no era viernes, sino lunes y al día siguiente había colegio. Me fui a la cama inquieta de no poder leer un poco más, pero minutos después me dormí sin siquiera pensar en el manual.

Esa semana fue, probablemente, una de las más largas de mi vida. Mi inquietud porque fuera viernes no me permitía más emociones y por tanto no prestaba, a pesar de que era una alumna de buenas notas, atención a las clases.

¡Por fin!, por fin viernes por la tarde. Me encerré en mi cuarto a leer el manual que creía mío y puse en práctica esa teoría. No mucho más tarde empecé a controlar ese “poder” que me había otorgado aquel manual. Los libros de la cama empezaron a moverse por el aire a mi antojo. Me maravillaba poder hacer flotar las cosas. Sin embargo, no mucho después de mover aquellos libros, me empezaron a ocurrir cosas muy extrañas, las cosas que tenía a mi lado comenzaron a flotar sin que yo lo ordenase. Al principio no era muy molesto, se levantaba un lápiz o una goma de mi escritorio. Luego el problema empeoró, se levantaban edificios enteros y techos de casas. Pasé dos años desastrosos, pero por fin tenía una posible solución.

Con este problema me fui a la biblioteca puesto que todavía no la había estropeado. Me fui al sitio exacto donde encontré ese manual y encontré otro con el mismo formato, pero con distinto título “Como Usar la Teoría de la Relatividad en la Vida Cotidiana” rápidamente y sin pensar lo cogí y empecé a leer allí mismo, no tenía tiempo de ir a mi casa. Me salté las definiciones y me fui directamente a ponerlo en práctica. Solo había un problema, se necesitaba una mente fuerte y yo no estaba segura de tener una. Pero, a falta de eso, me dispuse a viajar dos años y cinco días al pasado. Leí las advertencias de este viaje que iba a emprender y hubo una bastante interesante “tenga en cuenta que esto es un viaje al pasado y puede causar la perdida de los “poderes” que usted ha adquirido durante estos años. No obstante, le quedará el recuerdo”. Cargada de una sensación agridulce, comencé mi viaje. El destino no era ni más ni menos que al 6 de mayo de 2019 a las seis y cincuenta y nueve de la tarde. Lo único que tenía que hacer era evitar coger aquel manual. No me dirigí a la biblioteca para evitar tentaciones y así, por fin, tener unos dos años gloriosos.

Y así es como acaba una de mis muchas e increíbles historias. Como una vez, que viajé a la India en segundos por la teletransportación, pero eso es para otro día.
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