¿QUIÉN ERES…? ¿DÓNDE ESTOY…?

Me llamo Cara y cuando tenía 13 años, vivía en una pequeña ciudad con mi familia: mis padres, mis hermanos (Talía de 8 años y Saúl de 3), mis abuelos, mis primos y mis tíos. También tenía muchos amigos.
Hasta que un día sucedió lo peor…
Era una mañana de abril, hacía más frío de lo normal y me abrigué bastante para ir al instituto. Noté algo extraño. Mis padres estaban más serios de lo normal, aunque la verdad llevaban un tiempo un poco raros, como tristes y preocupados. No le di importancia y se me olvidó porque Saúl se había puesto un tazón de leche con cereales en la cabeza y se había manchado entero. Mi hermana se rió tanto que le salió leche por la nariz. Nunca olvidaré ese día.
Después de lavarle y cambiarle fuimos los tres de camino al colegio que estaba al lado de mi instituto. El día me fue genial: me dieron un examen en el que había sacado un 9,5 y las bromas de mis compañeros siempre me ponían de buen humor y me hacían reír. Pensaba que ese día iba a ser un día bastante genial, pero las cosas se torcieron cuando menos lo esperaba.
Al salir del colegio me fui a mi casa, hice mis deberes y decidí ir a casa de mis abuelos. Cuando llegué sólo estaba mi abuelo en casa y en la mesa había una nota que decía:

ME HE IDO A COMPRAR EL PERIÓDICO, ENSEGUIDA VUELVO

¡Claro!, mi abuela había ido a comprar el periódico. Una vez me contó que cuando era pequeña (cómo yo) era lo que más le gustaba leer. Pero, ¿cómo sabía que iba a venir?, si yo lo había decidido ya en la calle y sólo había avisado a mis padres de que iba a venir. Me sorprendió, pero me acerqué a saludar al abuelo:
- ¡Hola abuelo!, ¿qué tal estás? - dije. Como no me escuchó dije más alto:
-¡Hola abuelo!, ¡¿QUÉ TAL ESTÁS?! - repetí. La respuesta que me dio me impresionó tanto que me tuve que me sentar.
- ¿Quién eres…? ¿Dónde estoy…? - dijo él, con un tono asustado.
- ¿Cómo? - dije yo más asustada que cuando vi “El Exorcista” con mis primos hace 4 años.
- ¡GLORIA, AYUDA, hay una ladrona en casa! - gritó.
Yo me quedé con la boca abierta y a punto de llorar. ¿Gloria?, ¡Si la hermana mayor de mi abuelo había fallecido hacía muchísimos años!
Justo en ese momento entró mi abuela:
- ¡Dios mío, Cara!
- ¿Qué le pasa? - pregunté yo.
- ¡PACO, otra ladrona, SOCORRO! - gritó el abuelo.
La abuela me explicó que el abuelo tiene la enfermedad de Alzheimer, un problema degenerativo del sistema nervioso. Se caracteriza en su forma típica por una pérdida de la memoria inmediata y de otras capacidades mentales (tales como las capacidades cognitivas superiores), a medida que mueren las neuronas y se atrofian diferentes zonas del cerebro. La enfermedad suele tener una duración de 10 años aunque esto puede variar en proporción directa con la severidad de la enfermedad en el momento del diagnóstico. También me enseñó fotos de resonancias magnéticas de mi abuelo, cuando alguien tiene Alzheimer parece que el cerebro se desinfla y eso me hizo pensar que el abuelo lo estaría pasando mal.
Desde ese día toda mi familia (mis hermanos, mis tíos y primos, mis padres y yo) ayudábamos como podíamos a mis abuelos. Asignamos turnos de visita y todos los días alguien les iba a ver, aunque más de una vez nos hemos juntado casualmente algunos, porque nos apetecía ver cómo estaban.
Con el paso del tiempo tuvimos que recurrir a gente especializada en cuidar a estos enfermos y recibimos gran ayuda de la Asociación de Enfermos de Alzheimer. Aunque no todo el mérito era nuestro, sino que era en gran parte de estos expertos, habíamos aprendido una gran lección:
¡EL AMOR HACE MILAGROS!
Y aunque el abuelo se fue hace ya tiempo, conseguimos que recordara pequeños fragmentos de su casa, sus amigos, su infancia, canciones…, y volvimos a enseñarle a jugar al ajedrez, cosa que le hizo que pasaran unos 15 años desde que le diagnosticaron la enfermedad de Alzheimer hasta que nos dejó.
Ahora tengo 33 años y me marcó tanto que me he propuesto descubrir cómo ayudar a combatir esta enfermedad, junto con mis hermanos.
Yo, soy científica y trabajo en un centro de investigación para descubrir cómo curar el Alzheimer. Talía tiene 28 años y después de hacer medicina se está especializando en neurología para poder ayudar a personas con enfermedades neurodegenerativas. Saúl está pensando en hacer geriatría, y es voluntario para acompañar a gente con Alzheimer en residencias de ancianos.
Mi madre dice que somos “sus superhéroes”.
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