Buscando a Laia

BUSCANDO A LAIA

Por fin llegaban las vacaciones de verano. Después de un curso de obligaciones y responsabilidades llegó nuestro ansiado día.
Era 21 de junio, y mis amigos y yo estábamos deseando poder disfrutar del aire libre, respirar de una atmósfera sana lejos del internado en medio de la contaminada ciudad, sin prisas ni obligaciones.
Antes de que sonara el timbre que señalaba el inicio de las vacaciones nuestro profesor de Biología nos recordó que disfrutáramos del día más largo del año. Era el Solsticio de verano.
-Es verdad, me dijo Bruno, esta noche va a ser muy corta pero me han dicho que esta noche habrá lluvia de estrellas fugaces. Podíamos ir todos a mi pueblo y tumbarnos en la verde pradera a observar el cielo.
- De acuerdo, dijo Moncho, además hoy hay luna llena y no hay nubes en el cielo.
Anne, Laia y yo estábamos muy emocionadas de poder estar todos juntos.
Tumbados hacia arriba, observábamos el cielo. La luna, el satélite que sin tener luz propia te ilumina el cielo cada noche, la Osa mayor, la menor. Anne nos indicó donde estaba Marte que podía verse desde la Tierra.
De repente, maravillados, observamos varias estrellas que parecían echar una carrera por el cielo.
-Pidamos un deseo, dijo Anne.
-Desearía viajar por el Sistema Solar, dijo Laia.
Tras muchas emociones nos fuimos a dormir. Desde mi cama observé una vez más el maravilloso cielo y me quedé dormida.
No sé el tiempo que pasó pero, de repente, me desperté y me encontré con mis amigos en el interior de una nave espacial rumbo a Marte. Le llaman el planeta rojo y es más pequeño que la Tierra. Es muy parecido a nuestro planeta aunque da la sensación de no existir vida en él.
A lo lejos, en el centro del Sistema Solar una resplandeciente y enorme estrella, el Sol. Parece que ordenara a todos los cuerpos Celestes del Sistema Solar girar en torno a él, describiendo una órbita elíptica. Era maravilloso observar a Planetas como Marte, Júpiter o Saturno bailar a su alrededor. Pero también había otros cuerpos Celestes como planetas enanos, como Ceres, e incluso cuerpos menores como asteroides o Cometas girando en torno a él. ¿Podía haber algo más maravilloso?
-Mirad, dijo Moncho. Ahora mismo, en la Tierra se está produciendo un eclipse de Luna. ¿No veis a la Tierra interponiéndose entre el sol y la luna?
Laia estaba tan emocionada que hasta las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Es un deseo hecho realidad, dijo.
Nos disponíamos a volver cuando Laia vio como más allá del Sistema Solar parecía encontrarse una galaxia espiral, la llamada vía láctea y era mucho más grande que éste. De hecho, según dijo Moncho, el Sistema Solar era sólo un brazo de ella. ¡Que grandioso y bello es el universo! ¿Es posible que todo él se formara tras una gran explosión o Big Bang?
Muchas preguntas son las que nos hacíamos y nos hubiera gustado volver en ese preciso momento a nuestra clase para interrogar sobre todo ello a nuestro profesor.
Nos dirigíamos al Centro de la Galaxia, donde según algunos científicos podría haber una gran fuerza de la gravedad. Allí se encontraría el agujero negro supermasivo Sagitario A.
Entonces Laia abrió la puerta de la nave y salió al espacio. No podía resistirse a observar directamente el maravilloso mundo del universo. Intentamos frenarla pero se fue alejando poco a poco y de repente dejamos de verla. Un Asteroide se había cruzado en su camino y había roto el cable que la unía a la nave. Salimos a buscarla. Sentimos que nuestro cuerpo flotaba como plumas en el aire, pero lo que antes nos hubiera resultado muy divertido ahora nos tenía muy preocupados.
¡No había ni rastro de Laia! Nos acercamos hacia el centro de la Galaxia. No podíamos consentir perder a nuestra amiga. De repente, observamos esa región en el espacio donde la fuerza de gravedad es tan fuerte que nada, ni nadie ni siquiera la luz podía escapar de ella. Parecía como un monstruo. Todo lo tragaba y no lo devolvía. ¿Estaría allí Laia? Y si íbamos en su busca ¿Quedaríamos nosotros también allí atrapados?
El miedo no podía frenarnos. Por otra parte, una curiosidad nos inquietaba. ¿Serán de verdad estos los famosos agujeros negros?. Esos que en las películas nos indicaban el pasadizo hacia nuevas zonas del universo. Si era así y si Laia estaba allí teníamos que ir con ella. Bajo el lema de uno para todos y todos para uno nos lanzamos al interior del agujero negro. Parecía una atracción de feria y según llegábamos al fondo…
Me desperté, y vi a Laia a mi lado, durmiendo plácidamente y con una sonrisa en su rostro. Parecía que estaba observando algo maravilloso.
Al despertar solo dijo: ¿Seguro que esta noche era la más corta del año?
FIN

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