Lamentos tardíos.

-Solo unos días más de esfuerzo, de darlo todo, de no dormir y de seguir aunque el cuerpo diga basta, porque hace falta, porque soy así. -Dijo ella.

-Nunca he comprendido a las que son como tú, si te sobre esfuerzas acabarás mal, descansa, te ayudará. -Le recomendaron.

Pero, no le hizo caso. Ella nunca hace caso, es de esas personas insistentes que dicen que si entró tiene que salir y no ven que las condiciones cambian y que lo bueno, es malo a la vez. Esta constante situación, le condujo a un estado de obsesión, de hacerlo todo perfecto y tan rápido como fuera posible, perdiendo de vista sus objetivos y metas.

Un día, algo cambió. Le costaba menos hacerlo todo, era más rápida y mejor de lo que nunca había sido: había mutado, era mejor que las demás, que notaban que era rara, diferente, pero no acababan de concebir qué era lo extraño en su naturaleza. Parecía ir bien, no obstante, su sociedad empezó a defenderse de ella, atacándola, porque sin darse cuenta, había perdido el control convirtiéndose en una plaga.

Finalmente, muy poco a poco consumió a su meta, a su humano, al motivo gracias al cual ella vivía, ahora incapaz de actuar, sintiéndolo cuando era demasiado tarde.
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