Sol y Luna

Hace mucho, mucho tiempo, una estrella muy grande llamada Sol estaba muy sola, hasta que un día llegó la Tierra acompañado de la Luna. A partir de entonces los tres vivían felices hasta que de repente el Sol se dio cuenta de que se había acostumbrado tanto a la compañía que no quería separarse de ellos, especialmente de la Luna con quien tenía una especial relación. Esta necesidad mutua de cercanía se enfrentaba a dificultades como la separación de estos en algunos momentos, ya que la Luna gira alrededor de la Tierra, y a su vez estas dos giran en torno al Sol, produciendo separaciones intensas pero cortas.

Durante los catorce días que no podían estar juntos, la Luna se dio cuenta de que esperaba ansiosa las siguientes dos semanas para poder ver brillar de nuevo a su Sol. Al cabo de un tiempo fue sintiendo que no era suficiente y que la mayor parte del tiempo se sentía sola. Percatándose el Sol de esto, pidió un único deseo, que la Luna no estuviera sola, y para ello se crearon pequeñas estrellas que aportaban luminosidad a la vida de la Luna.

Respecto a la Tierra, en ella viven una gran variedad de seres vivos y el Sol es lo que les proporciona la luz del día y para que por la noche la Luna pueda brillar, le proporciona entre un tres y un doce por ciento de su luz. Entre ese tres y doce por ciento, podemos distinguir los distintos momentos de tristeza de la Luna. Cuando ella se encuentra más escondida debido a su rotación, le llega menos luz por lo tanto está más triste y la Tierra la ve más pequeña. Sin embargo, cuando esta resulta estar más cerca del Sol está muchísimo más contenta siendo más visible desde el punto de vista terrestre. Así es como vivían el Sol y la Luna, viéndose desde la lejanía, queriéndose en silencio y rezando por un milagro.

Lo que sucedió es que ningún amor es realmente imposible. Es verdad eso que dicen “ Los polos opuestos se atraen”. El Sol es gigante, luz, alegría. El Sol siempre fue lo mejor que le pudo pasar a la Luna. La Luna es pequeñita, es oscuridad. Son polos opuestos pero se compenetraban a la perfección. Por este motivo una tarde, decidieron saltarse todas las leyes y maldiciones y alinearse uno enfrente del otro para amarse lo más que pudieran, aunque únicamente fuera durante un pequeño periodo de tiempo, a esto lo llamaron eclipse.

Esto hizo que el Sol luchara cada mañana y que la Luna luchara cada tarde para ver si se encontraban en algún punto del cielo desde el que puedan repetirse lo mucho que se quieren. A pesar de esto Luna no sabía lo mucho que el Sol la quería, hasta que comprendió que él era capaz de desaparecer, solamente para dejarla brillar.

Ahora, cada mañana y cada tarde se saludan desde muy lejos deseando estar juntos de nuevo y crear otro eclipse. Y a pesar de que la Luna sea pura tristeza, ella brilla cada vez que está cerca del Sol con la felicidad de por medio.

Y el Sol, bueno, siempre está solo y sigue brillando.
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