La brevedad de un instante

Había una vez yo, y siempre fui yo. Mi vida era una recta regular que seguía un movimiento horizontal y constante. En el instante más insospechado, a mi frente aparece x. Está a un espacio de metros, disfrazados de lo que esperaba que fueran futuros milímetros, a una velocidad con aceleración centrípeta, directamente proporcional a mi ritmo cardíaco y con apariencia de tiempo para todo, menos para el estado de reposo.
En el plano horizontal que formaron nuestras miradas, caí sin freno, sin pausa y con ganas, en el plano inclinado de la silueta con forma de futuro que proyectaba. Dando rienda suelta a mi imaginación, mis intenciones y deseos se lazaron en caída libre, sin esperar un paracaídas y sin necesitarlo. Entonces me deslicé por sus ángulos. Perpendicular y paralelo de pronto cobraron sentido. Salté los agudos, me enfrenté a los rectos y caí en los obtusos. Y de grados mejor ni hablamos.
(Des)conocido, compongamos movimientos en la misma dirección, que ya me cansé de perpendiculares sin rumbo. Mejor formulemos el principio de superposición, el de tu cuerpo sobre el mío.
Formemos ecuaciones de movimiento circulares alrededor de mi mundo y el tuyo, o de mi futuro hogar y el tuyo, que resultan unidireccionales. Déjame observar de cerca el radio de tus pupilas, y permíteme despreciar la masa de la incertidumbre. Déjame medir el periodo de tus lunares y calcular la frecuencia en la que me pierdo, te pierdes y nos perdemos en ellos.
No me hables de cinemática, háblame de tu movimiento nulo, empujado por mi fuerza de rozamiento negativa, que te impide irte. O al menos, esperar a que avance contigo.
No me hables de la Ley de Hooke ni de constantes, háblame de que tú vas a serlo, sin importarte el espacio ni el tiempo.
No me hables de trigonometría, no me hables de álgebra, tampoco quiero saber sobre estadística y mucho menos de gravitación. Pero si quiero que sepas formular(me) despejar mis dudas, organizar mis aspiraciones (desde la t hasta la ú) y que la gravedad solo sea un número.
No me hables de sumas, me cansé de las restas, las divisiones se han vuelto soporíferas y las multiplicaciones ya no tienen ningún sentido para mí.
Pero podemos sumar risas, encoger a las mentiras, dividir a los miedos (para así vencer), y aumentar, aumentar las experiencias alrededor del mundo. O si lo prefieres del sillón, total, la anatomía se aprende en cualquier sitio.
Había una vez dos desconocidos que se fueron a tomar un café invitando a paseo a Murphy.
Había una vez dos desconocidos que demostraron, que los complejos, son solo los números.
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