Historia de la ciencia

Mi aparición no la recurerda nadie, ni siquiera yo; no sé siquiera si alguna vez no he existido. Mis primeros recuerdos, aunque teñidos de amarga e inevitable melancolía, me dieron fuerzas para seguir insistiendo. Recuerdo una fuerza, una figura, un suave suspiro y la sensación de vida, de plenitud. Después; oscuridad, miedo y desconcierto.

Buscaba salir a la luz, pero la nada que me envolvía reprimía todas mis energías. Solo quedaba yo y la extraña sensación de estar esperando. Recordaba con frecuencia mis únicos recuerdos; eran todo lo que tenía y, sin embargo, sentía que algo me esperaba.

Me reconfortaba la imagen de aquello que lograba recordar. La sensación de formar parte de algo más, a pesar de mi aparente abandono, era más fuerte que cualquiera de los vanos sentimientos que surgían en mí fruto del aburrimiento. Jamás exploré, no había nada que explorar allí, y sin embargo creía saberlo todo. Esperaba una llamada.

De repente, luz. La tranquilidad de mi existencia se vio interrumpida por una voz, un grito. Lejana, casi opacada por el silencio de la nada, sentí fuerte y clara la llamada de aquello que siempré esperé y nunca supe dónde estaba. Algo apareció, algo que me necesitaba, y de la misma forma que yo lo buscaba desde un principio, ese algo me buscaba a mí, aunque vagamente. Sentí el ardiente calor del fuego, de una furtiva y perenne llama.

Permanecí un tiempo expectante, todavía sumida en la oscuridad. Sin embargo, una sensación similar a la de mis pobres recuerdos empezaba a crecer en mí. Tan lejos como las nerviosas voces que llevaba oyendo desde mi solitud escuché otra, esta más serena, aparentemente satisfecha, una voz llena de orgullo y alegría que despertó vívidamente en mí el recuerdo de ese suspiro de vida sobre el que tanto había reflexionado.

Las voces eran cada vez más, y me llamaban con creciente insistencia. Trataba de responder, sentía que alguna de ellas reconocía la mía, pero no estaba segura. Me encontraba lejos y, aunque no podía hacer nada por acercarme, las voces lo conseguían. Buscaban algo en mí, y yo las ayudaba, contenta de haberlas encontrado.

Empecé a familiarizarme con algunas de estas voces que recurrían a mí con frecuencia. Conseguían que recordara aquello que nunca había aprendido, y les confiaba mis recuerdos como recompensa por su gran esfuerzo, el que traía luz a mi existencia. Era feliz y volví a escuchar, una vez más, aquella voz, diferente al resto, imponente y orgullosa, pero esta vez más amarga.


De repente, oscuridad, frío. Las viejas voces que había conocido se fueron apagando sin despedirse de mí y las que quedaron se volvieron vacías, hasta desaparecer. Mudaron en gritos, gritos de horror, gritos de dolor, gritos de espanto..

Ya no me buscaban. Vacío. Escuché por primera vez un llanto, procedente del mismo que antes emitía aquella voz orgullosa y llena de satifacción que inspiraba en mí el recuerdo del breve suspiro que daba sentido a mi existencia. Sentí por primera vez rabia. ¿Qué había hecho mal? Una eternidad pasé así, entre tinieblas y remordimientos infundados, aunque irrefrenables.

Por suerte me volvieron a llamar, ¡qué placer! Parecían arrepentidas y buscaban todavía con más insistencia que las primeras que había conocido hacía tanto tiempo. Me recordaban a estas por su humildad y su apasionamiento en el cuestionar. Las ayudaba con gusto e infinita alegría. Cada vez fueron más las voces que me respetaban, y a las que yo respetaba y acompañaba con cariño. Los gritos, sin embargo continuaban, aunque ya con menos frecuencia que durante aquel terrible periodo de oscuridad que había vivido.

Los desoladores gritos fueron desapareciendo a medida que ayudaba a esas voces y comencé a escuchar risas, risas de alegría cada vez más cercanas y nítidas. Los que reían fueron más, y yo reía con ellos. No sabía por qué lo hacían, pero su simple felicidad me llenaba de placer.

Nunca antes me cuestioné el motivo por el que aquellas voces luchaban tanto por obtener mis respuestas a sus preguntas ni las posibles repercusiones que estas tendrían en su mundo.

Todavía hoy me interrogan.
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