Mariposas metálicas

Alicia mira el vaso que tiene delante, el vaso en el que ha disuelto demasiados calmantes. "¿Por qué tiene que acabar de este modo?" se pregunta mientras lágrimas caen por sus mejillas.

Ella había obedecido, ella había seguido las instrucciones que le habían dado. Gracias a su trabajo había tenido acceso a los materiales necesarios para crear unas mariposas robóticas para sustituir a las que se habían extinguido.

Cuando tuvo suficientes creadas, Alicia volvió a su pueblo natal, un pueblo que subsistía a partir de la agricultura. Allí se encontró con Juan, su mejor amigo de la infancia; a diferencia de ella, él se había quedado en el pueblo a seguir con la tradición familiar, pero ella había decidido irse a la ciudad, elección que ahora se arrepentía de haber hecho. Alicia le dio las mariposas a Juan, el cual necesitaba desesperadamente un sustituto de la especie que había muerto debido a la contaminación del planeta y estaba dispuesto a aceptar unas mariposas robóticas.

Mientras Alicia le daba las mariposas, los recuerdos de la infancia la asaltaron. Alicia se vio de niña pequeña, con su familia, corriendo por las calles de ese mismo pueblo; se vio con Juan jugando en el parque; se vio con ocho años yendo con su familia a un lago al lado de donde vivía entonces; se vio subiendo la colina de las afueras del pueblo, la cual estaba coronada por un manzano; se vio con Juan dándose su primer beso debajo de ese manzano; se vio en la fiesta de su decimoctavo cumpleaños, justo antes de irse a la gran ciudad a estudiar, el día que tomó la decisión de la cual tanto se arrepentía.

Tras haberle dado las mariposas a Juan, Alicia se subió a su coche y empezó a conducir sin ningún destino en mente, no quería volver a la ciudad, el lugar donde su vida y todo su esfuerzo se habían tornado en una pesadilla de la cual no podía escapar despertando; tampoco quería volver a su pueblo al cual había condenado a la muerte; ya no le quedaba nada, así que siguió conduciendo sin parar hasta quedarse sin gasolina, justo a unos pocos kilómetros de otro pueblo.

Cuando Alicia encontró la calle principal del pueblo al que había llegado, entró en la farmacia local, donde compró una caja de calmantes; después fue a un bar cercano donde compró una botella de agua para después buscar el motel más cercano.

Y ahora está sentada en una silla, con un vaso de agua en el que había disuelto todos los calmantes que había podido. Alicia sabe lo que va a pasar ahora, Juan liberará las mariposas, las cuales, aparte de polinizar las plantas, también se posarán en los frutos de estas y cumplirán su verdadera función, las mariposas llevan en su parte trasera un veneno mortal y una aguja delgada para inyectarlo sin que quedara marca en los frutos, estos se venderán en el pueblo y alrededores, la gente los comerá sin saber que en el jugo de los frutos se esconde un veneno tan fuerte que los que sobrevivan a los primeros días después de la ingesta desearán haber muerto.

Alicia llora desconsoladamente, la habían obligado a hacerlo, habían amenazado con detonar bombas por toda la ciudad si no lo hacía; y tras pensarlo mucho, la encrucijada se había tornado en elegir entre a las pocas personas que más quería o a miles de personas inocentes que morirían si no lo hacía. Alicia espera que esta vez haya elegido bien, pero la culpabilidad la está consumiendo por dentro, destrozando cada parte de su ser.

Alicia levanta la vista para volver a mirar por última vez el vaso con los calmantes disueltos, sabe lo que tiene que hacer y no duda en hacerlo, Alicia coge el vaso y se lo bebe rápidamente, después se tumba en la cama de la habitación y cierra los ojos, esperando a que los calmantes hagan su trabajo.
  • Visto: 109

ESCOLA D'ESCRIPTURA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

EDITORIAL GALAXIA

AEELG

METODE

RESIDENCIA D'INVESTIGADORS

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

AELC

IDATZEN

EL HUYAR

EUSKAL ETXEA

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA