La noche iluminada

El alcalde ha anunciado que la van a instalar. El pleno del ayuntamiento lo ha aprobado por mayoría, ocho votos a favor y un voto en contra. A mí me ha sorprendido el voto desfavorable, así que he averiguado de quién se trata y le he invitado a un café con churros. Todos los medios hablarán del triunfo de la iniciativa, pero yo quiero conocer las dudas y por qué podría fracasar el proyecto.

Era necesario que se sintiera confiado y que la franqueza, con una humeante taza en la mano, le llevara a contarme por qué no quiere que se lleve a cabo la instalación en el pueblo, ¡con lo que nos ahorraremos!. Así, nos sentamos en una apartada mesa del saloncito de té, y mientras saboreábamos el primer churro le espeté a bocajarro: “Yo estoy convencida de que seremos un ejemplo para el mundo y detrás de nosotros seguirán los demás. No va a fallar”. Cabizbajo pasó su lengüecilla rosada por los granitos de azúcar en el extremo del churro, se tomó su tiempo y me dijo mientras saboreaba el dulce cristal: “Y ¿qué será de la poesía y de los poetas? Eso es lo que a mí me preocupa”.

Pasmada por que un representante del pueblo, un político nada menos, se expresara en estos términos, mostrando su tribulación por la más inmaterial de las manifestaciones humanas, en contraste con el magno proyecto tecnológico que teníamos entre manos, mojé mi churro en su café, que aún conservaba toda su crema espumosa y con desparpajo le contesté: “Pero señor, los poetas también pueden ocuparse de esto y participar. Se les organizará una visita especial. Y será su nueva inspiración”. Rápidamente me puse a pensar en las amplias posibilidades que la idea ofrecía para perfeccionar el proyecto. No solo iba a solucionarnos la economía y el medio ambiente, también iba a ser una atracción turística, y ahora un referente artístico. Ofreceríamos materia nueva a todos los poetas del mundo, les invitaríamos a pasarse por allí, y también a los escritores, a los compositores, a los guionistas de series, a los youtubers, a los performers, a todos los artistas para que crearan sus nuevas obras inspirados en nuestro proyecto. Las visitas serían nocturnas, por supuesto, bajo la luz de la nueva oscuridad, ¿quién podría resistirse a escribir un verso sobre ello? Mis ojos brillaban mientras dibujaba órbitas espirales con el churro.

Él permanecía callado y suspiró. Al rato, mientras sorbía el café con leche y se relamía los labios, me dijo: “El misterio, ¿dónde quedará el misterio? Eres una ingeniera que cree que todo lo puede reproducir, quizás te equivocas. Solo espero que tu artilugio no impida que soñemos”. Y en ese momento le confesé, con la confianza que me había provocado el aroma caliente del café y un discreto eructo, que me sentó muy bien, que estaba segura de que hablábamos de lo mismo. Él, de la belleza poética que ofrece materialidad a las emociones y las ilusiones, y yo, de la belleza poética de la existencia a través de la mecánica y de la óptica. Le conté que para diseñar el proyecto había estudiado manuales de ciencia durante el día y que por las noches me había rodeado de versos, sobre todo de aquellos inspirados por los cuerpos celestes, y que había un haiku que me acompañaba como un mantra en cada paso que había avanzado en el trayecto de este gran proyecto y que no era otro que éste: “Sobre la charca/se deshace la luna./ Salta una rana”. Le revelé que la extrema sencillez de estos versos dibujaba una escena diáfana y clarividente. En el proyecto de esta ingeniera, le dije, no falta el respeto hacia la charca y la rana, ni tampoco hacia la observación conmovida del poeta que se fija en el reflejo de la luna que se desvanece y nos provoca el vértigo del paso del tiempo. Sé que somos frágiles, sé que la naturaleza es vulnerable, pero sé también que no podemos detener nuestra imaginación.

El político, meditabundo, limpió sus dedos en la servilleta de papel, se levantó mirándome a los ojos y se despidió así: “Confío en su imaginación, ingeniera, aunque no cambiaré mi voto. Creo que es necesario que yo me oponga para que usted se esfuerce en satisfacerme y hacerlo mejor. No sustituirá a la naturaleza, ya encontrará ella el camino para continuar existiendo con o sin nosotros. Siga aspirando a la poesía y quizás un día salgamos juntos a pasear bajo esa luna artificial, mecánica y electrónica, que va a poner en órbita para que sus espejos nos ahorren las farolas y una energía que se nos agota. Quizás ese crepúsculo nocturno resulte tan misterioso que nos inspire para hacernos más y mejores preguntas.”
  • Visto: 68

ESCOLA D'ESCRIPTURA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

EDITORIAL GALAXIA

AEELG

METODE

RESIDENCIA D'INVESTIGADORS

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

AELC

IDATZEN

EL HUYAR

EUSKAL ETXEA

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA