Una cárcel celestial

Las noches eran lo más extraño, bueno, lo que nosotros considerábamos noche dentro de aquel ambiente artificial que habíamos creado para que se pareciese lo más posible al ambiente natural de la Tierra. Realmente allí no había ni día ni noche, básicamente porque allí no había Sol.

Pero digo que las noches eran lo más extraño porque era cuando todo el mundo se iba a la cama, y en aquel ambiente de quietud y soledad, cuando te encontrabas a cara a cara con aquel monstruo cósmico, era cuando de verdad tomabas consciencia de dónde estabas y de lo que habías venido a hacer.

Recuerdo la primera vez que lo vi, sentado en el suelo del salón de mi casa, observando la televisión sobre aquella alfombra gris en la que yo y mi hermano pasábamos horas y horas jugando en nuestros Universos propios, ajenos al mundo de los adultos. Aquellas estrellas oscilando alrededor de algo que no se podía observar trastocaron mi concepción de mi lugar en el Universo. Aquella visión me fascinó. Unas estrellas enormes, zarandeadas de un lado para otro como si fueran meras bolas de papel. De repente nuestro Sol, algo que yo consideraba poderoso, inmóvil, eterno, centro de nuestro Sistema Solar, proveedor de la energía que permitía la existencia de la vida, casi un Dios, era reducido a algo menos que una pelota de golf, girando según la voluntad de "otro" muchísimo más poderoso. Era como si un pequeño ratón descubriese un día que además de su padre, también existen los elefantes... Contemplar el centro de nuestra galaxia, y las tremendas fuerzas que allí se gestaban, me hizo tomar consciencia de lo que era yo, de lo que era la vida, y de lo que era el Universo. Eso era el Universo. Cuerpos celestes de dimensiones descomunales, distancias y longitudes imposibles, fuerzas de gravedad infinitas, tiempo que se crea y se destruye... y el misterio más grande, el concepto más incomprensible que existe: Los agujeros negros; gigantescos espacios con masa, pero sin materia y sin tiempo.

Aún ahora cuando recuerdo me asalta la sensación de desolación, de desengaño, de infidelidad que sentí en aquel momento. Yo, mi familia, el ser humano, la vida, incluso el planeta Tierra y el Sistema Solar, no éramos nada para él, no le importábamos lo más mínimo. No es que no seamos el centro del Universo, es que no somos nada... Somos la nada cotidiana.

La bomba nuclear más potente que ha creado la raza humana no es más que un suspiro para el tremendo monstruo que tengo ahora mismo ante mis ojos. Una mínima parte de la radiación que emana de su centro aniquilaría toda la vida del planeta Tierra en un segundo. Es un Dios negro y oscuro, el monstruo más potente que existe, capaz de engullirse a nuestro mundo y hacerlo desaparecer sin inmutarse, sin que ni siquiera nos dé tiempo a darnos cuenta de lo que sucede. Pero es que a la vez también es lo contrario. De hecho, no existe un ente como un agujero negro tal y como nosotros entendemos la existencia de un objeto; no tiene materia, no es... algo. No es una piedra, no es polvo y gas, no es plasma, no es un planeta, ni siquiera es una estrella. Es solo masa sin materia, es el vacío, el abominable, terrible y devastador vacío. Imposible de entender para nuestro cerebro.

Por eso cuando especularon con la idea de mandar un ser humano al interior de uno de estos monstruos, fui el primero en apuntarme. Sin titubeos.

De otra manera es imposible conocer lo que pasa ahí dentro, de ellos no puede salir información, a no ser que sea la radiación de Hawking, que por sí misma es prácticamente indetectable, y aunque lo fuera, nunca sería la información que nosotros estamos buscando. El objetivo sería enviar a alguien ahí dentro, para crear todos los eventos cuánticos que pudiese y de esta manera aumentar la frecuencia de los que logran escapar hacia el exterior del monstruo negro. Al realizar todos esos eventos a propósito, se podría codificar en ellos cualquier tipo de información, y de este modo, lo que escapase del agujero negro sería intencional, significativo, portador de información consciente. Además, en las bases externas estarían ya predispuestos a detectar la radiación de Hawking, con lo que se darían los tres procesos necesarios para recabar información: aumento del número de eventos, portabilidad de información significativa, y recepción dirigida. Todo esto sería valiosísimo para conocer la naturaleza de estos monstruos, y quien sabe, quizá para cambiar el destino de la humanidad.

Lo mío era devoción, obsesión por entender los agujeros negros. Un amor que me llevaba a querer fusionarme con ellos, ser parte de ellos. En ocasiones, me he sorprendido fantaseando con su encuentro. No sé si existe esa parafilia, pero tengo claro que yo sufro ese trastorno. No puedo soportar la idea de no saber lo que ocurre en su interior. Me fascina la idea de su sola existencia. Y quiero intimar con ellos, conocerlos… Ahora mismo, observándolo a través del cristal, intuyendo su figura a través de la luz que lo rodea, me quedo totalmente paralizado ante tamaña estructura, ante su poder, ante su fuerza, ante su capacidad hipnotizadora, ante las evocaciones fantásticas que devoran mi cerebro con solo observarlo... lo amo. Si pudiese, ahora mismo me lanzaría a su encuentro, es lo que más deseo. Lo deseo tanto que siento que puedo perder el control y hacerlo. Pulsar el botón y eyectarme hacia su interior. Es mi final perfecto: ser ello.

Por eso creo que me escogieron a mí para esta misión. Por comprender profundamente la trascendencia de la misma a todos los niveles. Por mostrar pasión por ello, y por ser capaz de llevarlo a cabo desde un punto de vista técnico, no hay que olvidar que yo soy carpintero.

Me voy a la cama. Mañana es el gran día. El día más importante de mi vida. El día en el que me haré eterno, en el que la humanidad entera estará pendiente de mí. El día en el que pasaré a la historia. El día en el que lograré influir en el devenir vital de un gran número de personas. ¿Cuántos niños crecerán con este instante marcado para siempre en la epigenética de su cerebro? Millones. Seré el demiurgo que decida el destino de cientos de miles de vidas, presentes y futuras. Seré inspiración para miles proyectos vitales, miles de historias, series, películas, libros, y estudios. Y todo esto por el mero hecho de ir al encuentro de mi amor eterno. ¿Hay algo más perfecto? Es el final soñado para mí. Fusionarme para siempre con él en un proceso que me dará el éxito más hipertrofiado que nadie se pueda imaginar. Ya no digamos que logre enviar información precisa sobre el misterio que alberga su interior y que este pueda ser entendido y procesado en su totalidad. Entonces yo sería el artífice del cambio en la historia de la humanidad. No me puedo imaginar, nadie se puede imaginar un honor más grande. Newton se quedará pequeño ante mi aportación a la sociedad.

Curiosamente esa noche dormí como no dormía desde que salí del útero materno. Sin duda era mi segundo nacimiento. El nacimiento de un nuevo ser. El del creador de un nuevo tiempo.

Doy el visto bueno, empieza la cuenta atrás… mi alma gemela me espera. Siento una ansiedad creciente al anticipar mi encuentro con ella. Salgo disparado. Las fuerzas enormes que se generan en el despegue me hunden aún más en mi asiento, por otra parte totalmente preparado para ello: acolchado, ergonómico, receptivo. Me siento como atado, sin poder mover mis brazos por mucho que quiera, atado contra el asiento espacial acolchado, pero atado. Inmovilizado por unas correas invisibles que son las de la fuerza de la gravedad generada en mi lanzamiento. Incluso parpadear y volver a abrir los ojos cuesta esfuerzo. Lo mejor es no oponer resistencia y dejar que pase este primer momento.

El viaje es largo. La nave nodriza estaba situada a mucha distancia, ya que, si nos acercamos más, seríamos poco a poco succionados por el agujero. Aunque vaya a viajar a velocidades cercanas al límite impuesto por la relatividad general, tardaré un par de días aproximadamente, todo depende de la deformidad del espacio tiempo a medida que me acerque al horizonte de sucesos, algo imposible de medir desde fuera. El caso es que durante la duración del trayecto me someterán a una mini hibernación para asegurarse de que duerma y reducir el gasto de energía.

Cuando despierto la oscuridad impera totalmente. No lo entiendo. Las luces de la nave están apagadas, es como si estuviese desactivada. Me puedo mover sin problema, supongo que no estoy dentro. Me suelto los cinturones y me acerco al cristal, solo veo oscuridad total, como si este fuera opaco, al uso de la cámara oscura de un laboratorio de fotografía. Con la nariz pegada contra la parte frontal, giro la cabeza 90 grados, y es ahí cuando vislumbro algo: las nubes de polvo y gas que antes rodeaban al agujero negro, brillantes, amarillas, anaranjadas, e incluso azuladas, están ahora en los límites de mi campo visual. Todo lo que veo es el agujero. El inmenso, abrumador, y amenazante agujero negro. Siento miedo. Nunca pensé que lo sentiría, porque amaba meterme dentro, pero ahora, ante este abominable misterio, siento miedo. Amor, belleza y miedo. Es instinto supongo. No puedo racionalizarlo. Da igual, lo dejo pasar… Debo de estar a punto de entrar en el horizonte de sucesos

Cuando enciendo los ordenadores -no deberían estar apagados, no sé qué ha pasado- se me dan las coordenadas exactas. He estado durmiendo durante 50 horas. Era lo previsto. Lo extraño viene al consultar la posición. Los datos no tienen sentido. El espacio se ha plegado. Ya no puedo saber dónde me encuentro. Ni cuándo…

De repente, pero a la vez suavemente, todo se llena de luz, de rayas luminosas verticales de color amarillo que progresivamente van virando a azul; mis movimientos se ralentizan, tengo veinte dedos, cada uno se ha desdoblado en dos y tiene un movimiento independiente, aunque lento, es como si estuviese viendo el movimiento que he hecho hace un momento, y el que haré luego... me veo a mi mismo mirando por la ventana hacia el agujero, que ahora es todo luz, me giro hacia mí mismo, y me veo sentado en la silla acolchada, las dos imágenes se superponen en mi cabeza… me giro hacia un lado y otro yo está accionando la señal de comunicación, siento las teclas que está pulsando, veo el ordenador, y las luces del exterior, y mis dedos duplicados… todo se superpone, ya no sé si yo soy yo, o soy el que me está mirando, o soy el que se está comunicando con el exterior… he atravesado el horizonte de sucesos.

Imposible decir cuánto ha durado el proceso. Puede que segundos, puede que días enteros. Ya no sé lo que es el tiempo. Solo sé que estoy quieto. Todo está oscuro, más oscuro que al principio, más oscuro que lo que nunca antes he visto en mi vida en la realidad. Ya no me muevo. Pero veo. Y escucho. Y en la pantalla del ordenador se escriben mis pensamientos. No puedo girar la cabeza, pero lo veo. Es como si mi cuerpo fuese transparente y tuviese un campo de visión de 360 grados. Hay un punto de luz en el extremo más vertical que me permite visualizar el cristal frontal. Supongo que es todo el Universo comprimido en un átomo, toda su imagen cayendo por el horizonte de sucesos, el presente, pasado, y futuro de nuestro tiempo, colapsados y precipitándose hacia dentro. No me puedo mover. Pero no estoy muerto. Estoy dentro. Ella me ha acogido en su seno. Ninguno de los aparatos de la nave marca nada. Todo se ha detenido, excepto mi pensamiento. Supongo que esto es la ausencia de tiempo. Aun así, todo lo que quiero sigue apareciendo en el monitor del ordenador. Los electrones se siguen moviendo. ¿Seguiré cayendo? No lo creo, más bien creo que estoy quieto. Detenido, amordazado. Intento enviar mi pensamiento al exterior: “Estoy dentro de este mundo inmenso, irreal, oscuro y eterno. Estoy dentro del fin del tiempo. Todo está detenido. Todo es negro. No me puedo mover. Pero puedo pensar y escribir con la mente. La nave existe, yo existo, no hemos colapsado por la fuerza de la gravedad. También puede existir la posibilidad de que todo sea un constructo de mi cerebro, ya que no puedo tocar nada, no puedo saber si existe realmente. Solo lo veo. Estoy vivo, aunque no sé si viviendo”. Sería grandioso que esto llegase a ser recibido. Sería el hombre más magnánimo de toda la historia de la humanidad. Aunque posiblemente ya no sea un hombre, más bien soy un pensamiento, pura esencia de la inteligencia sin substrato físico. ¿No era así cómo nos definían a los dioses? Soy uno de ellos. Siempre me los había imaginado así, como habitantes de una estrella. Aunque sea negra. Soy un héroe que se sacrificó por la salvación y el avance del ser humano. Si este mensaje puede escapar de aquí dentro, la gente de la Tierra enloquecerá conmigo. Querrán hablarme a través de la computadora, y mandarme sus preguntas, sus mensajes de admiración a mi labor. La gente me adorará por mi hazaña sobrenatural. Habrá grupos que se reunirán para hablar conmigo. Mirarán al cielo, hacia las coordenadas de mi posición, o a una imagen mía en la pared de su habitación. Yo les responderé a cada uno de ellos. Dictaré mi pensamiento y mis experiencias, y las escribirán. Aquí no hay tiempo, todo lo puedo saber, todo lo puedo entender y todo lo puedo percibir. Veo el pasado, el presente y el futuro, todo superpuesto. Estoy en otra dimensión. Puedo estar con todos a la vez, estar en todos los sitios al mismo tiempo. Omnipresente. Seré el hombre más sabio del Universo. Tendré toda la eternidad para predicar mi palabra. Nunca nadie se podrá acercar lo más mínimo a mi nivel de comprensión. Omnisciente. Yo estaré por encima de todos. Me amarán, y me temerán. Mi poder será el del agujero negro, podré aniquilarlos con solo pensar en ello. Levantarán estatuas y templos en mi nombre para mantenerme contento. Seré el verdadero hombre de las estrellas, con infinita sabiduría y poder. Yo habré domado al terrible demonio oscuro, destructor del espacio y el tiempo. Seré un mito que se contará. Seré "el todopoderoso". Y este será mi trono, mi hábitat para siempre…

En la eterna oscuridad, en la eterna soledad impenetrable… mi nuevo hogar con muros infranqueables, mi cárcel celestial...

En la pantalla del ordenador aparece una advertencia parpadeando. Mi mensaje ha sido enviado. Aunque no sé si a mi Universo…

***

- ¿Lo has observado?

- ¿El qué?

- En el monitor, ahora mismo, ¿no lo has visto?

- Ah vale. Pues no, pero habrá quedado registrado. Esa información es importante, no puede haberse perdido.

- Claro que no, pero era por avisarte. Así podías identificarlo en tiempo real.

- ¿Ha sido un típico potencial evocado P300?

- En efecto.

- Vale, entonces se confirma el diagnóstico.

- Exacto.

- Esquizofrenia.

- Pues nada, así ya no tenemos dudas. Podemos asegurar que no hay actividad consciente en el paciente. Es un cerebro perdido, un cerebro sin pensamiento. No hay nada ni nadie ahí adentro. Está apagado por completo. Súbele la dosis de antipsicótico y vámonos para casa. Aquí ya no hacemos nada.
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