Me viene a la mente

Me viene a la mente el cuento de "Pedro y el lobo" que me leía mi madre cuando yo era pequeño. Y me embarga con una sensación de impotencia y rabia contenida causada por la estupidez y emponzoñamiento del que hemos hecho gala los humanos.
Miro por la ventana y veo como se están precipitando las cosas. Hace unas semanas se dio la voz de alarma en los medios de comunicación, la temperatura de este año era mayor de la prevista, cosa que comunican cada año. Y como ranas a las que se le sube la temperatura del agua y no se dan cuenta de que se están cociendo así nos hemos ido habituando a esta situación. Sinceramente, aunque hubieran salido los políticos a decirlo abiertamente a la población mas de uno habría negado la mayor. Somos superiores, inteligentes, una sociedad inmortal que siempre encontrará solución a cualquier problema...hasta que el problema nos soluciona con la muerte.
"Inesperadamente" el termofrost ha quebrado. Se ha precipitado todo mas rápido de lo imaginado porque ha llegado el punto de inflexión en el que el deshielo ha expulsado el dióxido de carbono que durante miles de años ha estado contenido por esa estructura de hielo que era nuestro seguro de vida. Ya la temperatura ha ido ascendiendo sin control aparente y por mucho que ahora las cumbres mundiales que con esta alerta se han formado para buscar una solución, ni invirtiendo en sus novedosas soluciones, ni aceptando sus compromisos ahora irrisorios se puede encontrar un punto de retorno.
Inocentemente creí que si habíamos revertido el agujero de la capa de ozono con el calentamiento de la tierra también íbamos a conseguirlo. Confiaba en la humanidad que no estaba deshumanizada. Tenía esperanzas sinceras.
Miro por la ventana y veo como el bosque que rodea mi casa arde. Arde porque todo está seco y si no hay agua para beber mucho menos habrá para verterla en un incendio que uno entre cientos de los que están sucediendo por los alrededores. Ya antes de que se produjera de forma espontánea, ni dudo que no sea provocado, no podíamos salir a la calle. El aire penetraba por las fosas nasales a tal temperatura que me ardía los pulmones y me sentía desfallecer. Toda esta sequedad del ambiente, que se ha llevado hasta la última gota de vida, la devuelve en forma de inundaciones y tormentas suicidas en otra parte del planeta.
Se está compensando todo. El equilibrio de la naturaleza y su fuerza nos está poniendo en su sitio.
Miro hacia el interior de mi casa donde duermen mis hijas y mi esposa. En un sueño tranquilo y no sé si sumirme en él y dejar de sufrir. Me viene a la mente la película "Que bello es vivir" y deseo ser George Bailey y que todo sea una pesadilla.
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