Los vecinos

He vuelto a despertar. Todo a mi alrededor está obscuro, pero no siento miedo. Sólo hambre.
Desde hace unos días que siento más hambre de lo habitual. No entiendo; es como si por mucho que coma, no logre saciarme, y sin embargo no parece que esté ni ganando peso. No, más bien estoy perdiéndolo.
A mi lado, siento cómo mi hermano se despereza; también él acaba de despertar. Desde que tengo memoria sólo lo recuerdo a él. Vivimos aquí solos. Mis padres, de los que guardo un vago recuerdo, desaparecieron un buen día, cuando aún éramos bastante jóvenes; mamá era guapísima, de pelo castaño y ojos penetrantes. Papá, sin embargo, tenía el pelo blanco. Y bastante mal genio. Siempre persiguiéndonos y castigándonos cuando hacíamos alguna travesura, por inocente que fuese. Mis hermanas también desaparecieron. Creo. Si lo pienso, ni siquiera recuerdo haber tenido hermanas, la verdad.
Vivimos él y yo aquí. Aunque él es el mayor, yo soy más fuerte, con lo que no se atreve a quitarme mi sitio, ni a empezar a comer o a beber antes que yo. Faltaría más. Basta con mirarle a los ojos para que comprenda quien manda.
Hablando de bebida: últimamente el agua no sabe como siempre. No llega a ser desagradable, pero es como si tuviese algo disuelto, algo ligeramente amargo. Tendré que hablar con alguien para que lo solucione, aunque no sé con quien, o si hay algo que se pueda hacer.
Poco a poco, empiezo a distinguir las voces de los vecinos, también despertándose, preparándose para la noche que ya ha comenzado. Aquí las noches suelen ser bastante más silenciosas que los días, y sin embargo es por la noche que todos los vecinos nos ponemos a trabajar.
Y como cada día, lo primero desayunar y después asearse bien. Y mientras que me lavo la cara, presto atención a los sonidos de mi alrededor. Nunca se sabe qué puedes descubrir sólo con prestar atención.
Dos pisos más arriba oigo a las tres hermanas solteras reírse como locas. Esas que no paran quietas ni un segundo, con sus chilliditos y sus carreras. Creo que ya no tienen edad de tanto jaleo, la verdad. Justo encima de nosotros, una pareja de ancianos que llevan viviendo ahí desde mucho antes de que yo naciese. Están muy mayores y apenas se mueven. Pero se les ve felices. Bueno, esa felicidad de pareja de años que ya no necesita decirse nada; están encantados así, a su manera. En el apartamento de la izquierda, sé que hay una madre soltera. O tal vez viuda, la pobre. El hecho es que puedo espiarla a través del cristal, y la veo siempre rodeada de chiquillos, bañándolos, peinándolos, acicalándolos, enseñándoles a comer, dándoles el pecho… Recuerdo a su pareja: un tipo enorme con el que, por suerte, nunca me encontré cara a cara. Yo lo miraba con disimulo desde mi apartamento, aterrorizado de pensar que un día podía colarse en mi habitación y darme una paliza sólo por mirarla a ella, o a sus hijos. O porque sí, para demostrar que era más fuerte que yo. Me imponía muchísimo respeto. Por suerte nunca se fijó en mí, y una mañana temprano vinieron a buscarlo y se lo llevaron. Nunca más volvió. Desde entonces la vida por aquí es más relajada. En el piso de abajo hay una pareja de chavalas guapísimas… nunca hemos hablado con ellas, pero tanto mi hermano como yo, estamos deseando conocerlas. A veces nos llega desde abajo un olorcillo suave, así como de un perfume femenino y delicado, y nos vuelve locos. Pero supongo que aún somos jóvenes como para andar en estas cosas. No sé. Tal vez un día...
***
Estoy encantado con mi estudiante de doctorado. A lo largo de mi carrera he dirigido ya bastantes tesis doctorales. Y ya se sabe, algunos estudiantes son regulares, otros normalitos y otros buenos, o excelentes. Pero tan dedicados e inteligentes como Lucía, no he tenido ninguno.
Recuerdo cómo llegó al laboratorio, empeñada en hacer el proyecto de Fin de Master conmigo.
¡Conmigo que recién acababa de aterrizar de los Estados Unidos y aún estaba completamente perdido! El caso es que me cayó bien y se la veía muy espabilada. Y de ahí, como quien no quiere la cosa, se quedó haciendo un doctorado en mi laboratorio.
Su proyecto de investigación además va bastante bien y dentro de poco tendrá suficientes datos como para terminar la tesis. Seguro que le dan el "cum laude".
Sé que no puedo decir nada, ya sabéis, problemas de patentes y eso. Pero no puedo evitar contaros que hemos descubierto la manera de ralentizar el envejecimiento, al menos en animales modelo.
Veréis, es una combinación de restricción calórica y de algo que proporcionamos a los ratones en el agua, algo ligeramente amargo…
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