In (Compatibilidad): Madre e Hija

Al tercer chiste fuera de tono le empezaron a hormiguear las yemas de los dedos como si fueran virutas de metal atraídas por un imán. Se moría de ganas de agarrar el mando y apagar aquello, mandando a Marta a la cama con la excusa de que ya era tarde, pero tan solo eran las ocho y ya se había repetido así misma que la libertad de expresión seguía siendo legítima incluso bajo su propio techo… Volvió de nuevo a clavar los ojos en la tableta mientras hacía como que revisaba gráficas. Una madre difícilmente se resigna pero rápidamente evita todo conflicto que sabe no va a ganar.

—Mamá, ¿se pueden mantener órganos vivos en botes? En plan… en latas de conserva con uno de esos líquidos que… conservan.

Marta apuntó con el dedo al capítulo de Futurama que estaba viendo. En la pantalla, dos cabezas humanas metidas en frascos de cristal y flotando en un líquido viscoso discutían sobre política en un estrado. Nada lejos de la realidad.

—Pues… —Eva intentó buscar una respuesta rápida pero ya estaba bloqueando la tableta y dejándola a un lado— dentro de poco se podrá. ¿Te acuerdas de Pedro, el señor que vino una vez a cenar a casa?

Marta intentó hacer como que se acordaba con el mismo esfuerzo que una manzana emplea para contrarrestar a la gravedad en caída libre.

—Bueno, tú no te acuerdas, pero Pedro vino aquí porque tenía un congreso muy importante sobre ese tema. Sobre… órganos en conserva —a Eva no se le daba bien lo de ser clara y breve en sus explicaciones, pero al menos lo intentaba.
—¿Y eso cómo va? ¿Se meten en cloroformo y se dejan reposar?
—¿Cloroformo? ¿Por qué crees que se meten en cloroformo?
—¿No se hace así? En la clase hay un bicho metido en un liquido que huele raro y…
—Eso es formol.
—Eso, eso, formol. Las palabras se parecen mucho.
—Ni siquiera riman, Marta.
—Bueno, ¿me vas a decir entonces cómo se hace eso de los órganos o no? —Marta ya tenía medio ojo en la pantalla y Eva, sabiendo que tenía menos de un minuto antes de perderla, buscó las mejores palabras para mantener su atención.
—Desde hace algunos años lo que se ha conseguido es “resetear” ciertos órganos como el hígado y mantenerlos en unos aparatos llamado biorreactores. Se vacía el órgano de células, se colocan en él otras diferentes, se le conecta a tubos que hacen de arterias y venas, y finalmente se hace pasar un liquido nutritivo por estos tubos para que llegue a todas las partes del órgano y sus nuevas células se pongan gorditas y contentas.
—Espera, espera. ¿Cómo vas a vaciar a un órgano de células y luego meterle otras? ¡Te quedarías sin órgano en primer lugar! —claramente, a Eva no se le da bien explicarle nada a nadie y menos cuando no había un PhD de por medio.
—Mmmmm… —miró al techo y lo volvió a intentar—. Las casas están hechas de ladrillo pero lo que mantiene a los ladrillos unos junto a otros es el cemento, ¿verdad? —Marta asintió poco convencida.
—Pues los tejidos de nuestros órganos son como casas. Mientras los ladrillos son las células, la matriz extracelular es el cemento que las mantiene en su sitio pegaditas unas a otras.
—Ah… ¿y para qué querrías sacar unas células y meter otras? —Eva ya la tenía en el bote.
—Pues imagina que te han donado un órgano pero no lo puedes usar porque no eres compatible con el donante y tu cuerpo lo rechazaría. Si pudieras mantener la matriz extracelular, “lavar” el órgano y meter tus propias células, conseguirías que tu cuerpo lo reconociera como tuyo y no habría problemas de compatibilidad. Hablamos hace poco de células madre, ¿verdad? Pues la idea es meter esas y que ellas hagan su magia convirtiéndose en el tipo de células que quieras que pueblen tu órgano.
—Ya veo… ¿y se mantendría vivo el órgano pasando cloroformo por los tubos del reactor nuclear?
—Formol, Marta. Pero no. El biorreactor, que no nuclear, es una máquina que antes se rellenaba de bacterias o levaduras y se usaba para controlar la temperatura y otras condiciones para que así viviesen e hicieran sus… cosas de bacterias y levaduras a gusto. Pero ahora se ha reinventado y puedes usarlo para “bañar” tu órgano lleno de células vivas en un líquido rico en nutrientes y así dejarlo listo y con energía para el trasplante.

Marta, pensativa, devolvió la vista a la pantalla.

—O sea, que si en un futuro me canso de mi hígado podré cambiármelo sin problemas, ¿no?

Eva buscó con la mirada su DVD de “La Isla” entre las estanterías del salón.

—Enciende el reproductor de video, esta noche toca peli.






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