EL RAYO DE LA MUERTE

En Junio del 2015, Donald Trump, candidato republicano a las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos, en una entrevista en la CNN, declaró:
- Mi tío trabajó en el Massachusetts Institute of Technology. Fue un gran profesor. Era el Doctor John Trump. Un genio. Me dijo una vez: "Hay cosas que están sucediendo que podrían ser muy graves para el mundo en términos de armamento".


Setenta y dos años antes, en Nueva York…

El agente aparcó su vehículo y entró en el Hotel Wyndham New Yorker. Le esperaban para mantener una entrevista. Tenía la misión de evaluar la fiabilidad del remitente de una carta recibida tres días antes en el Departamento de Guerra de los Estados Unidos:

"Yo le llamo Telefuerza, la prensa le llama Rayo de la Muerte. Revolucionará lo que ustedes conocen hasta ahora en armamento. Es un arma defensiva y disuasoria, para proteger el país de posibles atacantes. Se podrían abatir diez mil aviones a una distancia de 400 km neutralizando sus motores"-

Aquel pasaje final había despertado el interés del Secretario de Guerra Henry Stimson. Pero necesitaba saber que había de verdad en aquella carta antes de informar al presidente Roosevelt.

- Buenos días, tengo una entrevista con el Sr. Nikola Tesla -dijo el agente mostrando su identificación del FBI- ¿Podrían avisarle de que he llegado?

El recepcionista, como movido por un resorte, cogió rápidamente el teléfono para avisar a su huésped.

- No contesta.
- ¿Puedo subir?

El agente siguió a la doncella por las escaleras hasta la puerta de la habitación 3327. En el pomo colgaba el letrero: "No molestar"

Diez horas más tarde, un coche de la funeraria se llevaba el cuerpo de Nikola Tesla. El agente escribió en su libreta un informe improvisado: "Probable causa de la muerte: ataque cardíaco". Metió en su maletero una caja con los documentos personales del difunto y se marchó a toda velocidad. Al día siguiente en un camión del FBI se cargaron ochenta cajas con todos los efectos personales que habían quedado en la habitación del físico.

Veinte días después de la muerte de Tesla, en la sede del National Defense Research Committee, un agente dejó en la mesa del Dr. John Trump una caja marcada con la etiqueta: "Máximo Secreto - Documentos clasificados".
John la abrió despacio y con sumo cuidado sacó con manos temblorosa tres libretas negras. Deslizó los dedos sobre las anotaciones y los gráficos. Aquellos eran los documentos de Tesla, el gran Nikola Tesla, el padre de la corriente alterna.
Pasó todo el día y toda la noche en su despacho, devorando el contenido de las libretas y tomando notas febrilmente. Cuando terminó, la angustia le atenazaba. Lo que había leído era impresionante. Si lo que proponía el físico era verdad, estábamos ante algo extremadamente peligroso.

Tardó tres días en escribir dos informes. Ambos empezaban de la misma forma:

"Informe del Doctor John G. Trump, profesor del M.I.T. y doctorado en Ingeniería Electrónica. Ayudante Técnico de la Sección de Radar de la National Defense Research Committe".

En el informe oficial, que luego se filtraría a la prensa, concluía:

"Los pensamientos y esfuerzos del Sr. Tesla durante al menos los últimos quince años, fueron principalmente de carácter especulativo, filosófico y algo promocionales. A menudo relacionados con la producción y transmisión inalámbrica de energía; pero no incluyó principios o métodos nuevos, sólidos y viables para realizar tales cometidos".

En el informe interno y clasificado, resumía para Karl Compton, el Presidente del MIT y de la División 14 de Radares:

"En los documentos se describe una tecnología que si llega a manos hostiles podría constituir un riesgo para la seguridad de la nación. El Sr. Tesla aseguraba que se podía trasmitir energía sin cables produciendo efectos destructivos a distancia. Había construido un transmisor que lo hacía posible. Su aparato podía concentrar partículas en un área muy concreta, que se podrían enviar con una potencia trillones de veces mayor. Lamentablemente no se ha encontrado el transformador entre sus pertenencias, por lo que no ha sido posible probar esta tecnología. Con los gráficos y los detalles técnicos especificados en la documentación, se podría intentar construirlo".


Nunca se sabrá si alguna vez el Doctor John Trump, le contó a su sobrino Donald lo que había encontrado en los papeles de Nikola Tesla. La mayor parte de los documentos fueron devueltos a su familia. Pero hoy en día, aún quedan algunos que siguen clasificados. Tal vez desaparecidos para siempre.
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