Una tarde de estudio

Hacía calor. Demasiada para el mes de febrero. Para que luego digan que el cambio climático no existe, pensó mientras notaba el recorrido de una gota de sudor bajar por su frente. Arrastró su silla de escritorio hasta la mesita de noche para alcanzar la botella de cristal llena de agua, la desenroscó con aburrimiento y dio un largo trago.
- Agua, molécula compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno – recitó alzando la botella al aire – Sin ella no podríamos vivir dado que supone más de la mitad del peso corporal. Cumple múltiples funciones…- Señaló mientras se ponía de pie y paseaba por la habitación - pero una de las más importantes es la termorregulación – Movía las manos dando más sentido a su discurso – Según el decreto cuyo número no me acuerdo – O no quiero acordarme como Cervantes - es considerado como alimento. Bueno, el agua embotellada es considerada como alimento, la del grifo no.
Una carcajada irónica salió de su boca mientras sus labios se torcían. Le parecía bastante curiosa esa denominación. ¿Por qué considerar el agua embotellada un alimento y la del grifo no? ¿De verdad se debería de definir el agua como alimento siendo una sustancia que sin ella no podríamos vivir?
- Pues yo la consideraría como un nutriente esencial – Aunque un nutriente esencial es aquel que no se sintetiza en el organismo pero es necesario para su buen funcionamiento, pensó interrumpiendo su discurso y volviendo a su silla – Bueno, pues semiesencial porque el agua la sintetizamos a través de la combustión de los nutrientes, pero no es suficiente – Así mejor.
Este tipo de debates internos eran cada vez mayores. No era para menos. La ciencia de la nutrición es una ciencia relativamente joven. Su auge comenzó con la época del descubrimiento de la mayoría de las vitaminas, llamada la era de las vitaminas, entre los siglos XIX y XX. No obstante, la práctica de la dietética llevaba en este mundo desde la antigua Grecia. Como todo, las raíces de la ciencia están en las letras.
Llevaba todo el día estudiando para el último examen del semestre, del curso y de la carrera. En unos meses se convertiría en dietista-nutricionista y saldría al mercado laboral. Ese mercado inexistente en España para esta figura profesional sanitaria. Una realidad para el resto de los países europeos, que sí contaban con ellas.
- ¡Es que no lo entiendo! – Gritó lanzando el boli, que llevaba bailando en su mano un buen rato – La evidencia científica dice que el alcohol es tóxico, en cualquier dosis ¿por qué en mis apuntes siempre aparece como referente de buena salud? Jopetas, ya se podría actualizar un poco.
Profesores universitarios, científicos desactualizados. Al menos en la temática de la nutrición y la alimentación. Estaba en cuarto de carrera, ya había realizado las prácticas regladas y no había conocido aún a ningún dietista-nutricionista. A todo esto se sumaba el poco apoyo del profesorado en cuanto a su futuro profesional, alegando que no eran necesarios. Era algo realmente irritante para ella, y para sus compañeras, porque la mayoría eran mujeres, con muchas ganas de luchar por su profesión, aunque como referentes del mundo de la nutrición sólo tenían a figuras masculinas.
- “En España tenemos la dieta mediterránea, la mejor dieta del mundo. El estudio Predimed lo está demostrando” – Recitó en tono burlesco las palabras que su profesor había incluido en los apuntes – Me parece estupendo. Ahora sólo hay que llevarla a cabo – Una risa le salió de forma instantánea – A la gente se le infla el pecho hablando de que tenemos la mejor dieta del mundo, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, pero en cambio el consumo en España de hortalizas, frutas, legumbres y cereales integrales, principales alimentos de esta dieta y los causantes de mejora de salud, están por debajo de lo recomendando. Así nos va, que la tendencia de la obesidad es cada vez mayor, y con ello el aumento de las enfermedades no transmisibles. En realidad, sí serían transmisibles porque los hábitos de vida se aprenden de los padres y se transmiten a los hijos… – Se echó las manos a la cara y antes de levantarse de la silla, lanzó un largo suspiro.
Hizo unos estiramientos que le ayudaron a aliviar el dolor de su espalda. Ese dolor causado por tener la misma postura durante horas. Tras eso, se quedó mirando la imagen que tenía delante. Ese espejo mostraba la silueta de una muchacha cansada por tantas horas de estudio pero con una motivación de no querer dejarlo nunca. De querer investigar para ayudar al avance de la ciencia en nutrición.
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