NACIENDO CIENCIA

Caminar de su mano siempre había sido una aventura, pero desde que sus preguntas se hundían cada vez más en la necesidad de saber, aquellos paseos se habían tornado cuanto menos inquietantes, fascinantes.
Todo la hacía revolverse, cada paso era distinto, tenía una vibración más compleja, más armónica.
El viento en su pelo había pasado de ser un jugueteo del aire a convertirse en un par de fuerzas que se abrazaban para girar, uno a uno, aquellos bucles dorados.
El color de las hojas que cambiaba al criterio del tiempo ya no era magia ni acuarela, era una cuestión a resolver en la escasa duración de nuestra vuelta a casa tras el colegio.
El porqué de la forma de las nubes, la libélula suspendida viendo su reflejo en estanque, el avión que marca su camino en el azul de un cielo que debería ser incoloro como el aire, el olor de una rosa que queda impregnado en sus manos al tocarla, la dureza de las rocas que flotan al lanzarlas contra el río.
Intentar esquivar aquellas dudas con respuestas ambiguas no era más que un refuerzo su insistencia, de su impaciencia inquisitiva. Directamente, no le servía.
El sabor salado de sus lágrimas, el manifiesto hedor fétido de la muerte, la penumbra, la sombra, la niebla.
¿Y si el fuego fuera frio, sería fuego? ¿Y si somos los nosotros los que giramos alrededor de la Luna? ¿Y si se evaporara todo el agua de repente, nos llovería todo en un segundo?
Mis silencios se antojaban incómodos para ambas, para ella desasosiego, para mi a ratos impotencia, a ratos evidencia de mi ignorancia.
Nuestros diálogos eran cada día más intensos. Aprendí a redescubrir los amaneceres en sus ojos inquietos , a preguntarme por el desdén de las urracas al dejarse caer con sus alas cerradas, a conmoverme con el afanoso trabajo de las abejas, a trasladarme hasta el interior de los agujeros negros e intentar soslayar sus efectos, a anclarme en el fondo del océano y esconderme de los moluscos gigantes, a correr tras las cometas de papel y forma de rombo de la baraja.
No saber no me hacía peor madre, me hacía mejor pensadora, mejor buscadora, mejor saboteadora de dudas.
Hallar soluciones a sus interrogantes empezó a engendrar un desafío frente a mis miedos y perezas, a conseguir que dilatara nuestros paseos, a enloquecer mis neuronas dormidas, a enamorarme más si cabe de ella.
Preguntarse, descubrir, experimentar, razonar, contrastar, difundir, divulgar, enunciar, amar.
Estaba sucediendo algo hermoso, estaba NACIENDO CIENCIA.


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