Tiempo real

Cientos de miles de millones para que ahora tengamos que repensar si cada una de las que considerábamos aseveraciones sobre el orden y funcionamiento de las células fueron en verdad, verdaderas. Que ingenuidad de la que era esclava hace apenas unas décadas atrás.

Desde que esto se puede monitorear en tiempo real cada vez sé menos del mundo de lo que pensaba.

Ahora podemos saber de cada célula y en tiempo real, qué programas de transcripción están activos y los cientos de procesos que se entrecruzan a infinitos niveles. Realmente infinitos. No esas infinidades tan ínfimas como las de una single cell RNA-sequencing de la década de los veinte, o un lustrito menos.

Ahora que cada uno de los equilibrios químicos con gradiente hasta el infinito en su dependencia del uno con el otro, pueden ser sensados –y controlados– por esos átomos de escandio que se convierten en códigos de repercusión inmediata en la real time whole final of infinite sequencing (RT-WFI-seq), que tiene el soberbio, – pero es verdad–, slogan:

¡La verdad sobre la vida en tiempo real!

Ese chip, que rebota, cual sistema nervioso central con sus aferencias y eferencias, paralelo pero electrónico, y aún más complejo de lo que podemos imaginar que es el sistema nervioso mismo.

No sólo saber. Controlar.

Un código que reconfigura la homeostasis, no basal, pero si circunstancial. Desde que se controla a las células, una a una, considerando su identidad a nivel final of infinite para reproducir otro programa acorde al momento dado hasta que se vuelve real. Todo es posible, la vida en ∞ dimensiones, hasta almacenar la carga de datos que genera, in situ en red a cualquier otro sistema vivo existente. Desde que se puede medir qué tanto se está desviando de lo que en ese momento conocía como realidad. Se cura, lo que no creíamos que se fuera a curar.

Los laboratorios de química de materiales con nivel de bioseguridad tal para trabajar con vectores virales y células humanas, que sonaban lejanísimos hace dos o tres décadas, fueron clave para entender que lo descrito entonces y lo que ahora sabemos, estaba lejos de entender y replicar qué sí pasa en nuestros cuerpos. En todo momento. Y así también quedó claro que lo que tomábamos como modelos experimentales era demasiado lejano para ser válido, con lo que hoy sabemos.

Cuando pensaba que este mundo quedaría reducido a reinventar la vida de maneras que rebasan mis conexiones neuronales, imaginaba que ningún humano podría seguir existiendo y a su vez, toda forma de vida conocida. No estaríamos más en el momento preciso y exacto de esta dimensión temporal y equilibrio entrópico para la mágica epigenética. Lo pensaba inminente, después de leer planetary boundaries y entender sólo unas partes.

Sí, en aquel entonces que era inimaginable un alto al cese del fuego sobre la faz de la tierra; una redistribución económica tal, que la calidad de vida fuera la misma en todos los rincones del globo. Que la ciencia fuera construida desde un abajo –que ya dejó de existir en el plano–. Que fuera producto del diálogo, de los olvidados que ahora han dejado de serlo. Cuando querer ver en los ojos del otro no era cotidiano. Cuando la democratización del concepto de belleza no entraba en mi universo de categorías posibles.

En realidad, nada de esto hubiera sido posible si hoy la ciencia no fuera popular y dialógica.

Quién pensaría que la inteligencia artificial, científica y popular salvaría a la humanidad. Y que sería concebida en sus inicios desde El Ombligo de la Luna. Lo mejor es que la única licencia exótica que se acordó para el uso del RT-WFI-seq fue que se permite seguir creando después de la muerte, a menos de que falle el chip.

Toda la ingenuidad y el no ensueño, pero qué bien la pasaba. Qué buenos recuerdos me evoca releer por primera vez el poema que escribí, a toda velocidad, hasta que mi amiga dijo vámonos, sentada en la banqueta en el Raval. Uno de los mejores años, ese dos mil diecinueve.

*Ciudad de México, 2047, a dos años de la primera versión del Consenso Universal para el uso del Real Time Whole Final of Infinite Sequencing.*
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