Resistencia a los Antibióticos: un problema de salud mundial

Todos han muerto ya… XR3 terminó uno a uno con ellos. Sorprendentemente, esta bacteria asesina no había sido creada en un laboratorio ultra secreto de tecnología militar, ni formaba parte del arsenal de armas biológicas de ningún país, no… XR3 fue creada por todos nosotros, a través de años de negligencia, de no querer ver algo que era perfectamente previsible y que aun así no logramos evitar. Hoy ya es tarde, soy el último y sé que pronto también acompañaré a mis seres queridos… ya tengo los primeros síntomas, la aparición de las manchas rojas en mi piel significa que no me queda mucho, quizás solo un par de horas más…. suficiente para dejar un testimonio de cómo llegamos a esto, para que tal vez otra humanidad en un planeta distinto pueda tomar un camino diferente.

El origen de los antibióticos se remonta a 1929 cuando Alexander Fleming notó que la colonia de un hongo había crecido espontáneamente, como un contaminante, en una placa de Petri sembrada con bacterias. Fleming observó que, en los alrededores del hongo, a diferencia del resto de la placa, no se encontraban bacterias vivas y supuso entonces que el mismo producía alguna sustancia con efectos antibacterianos a la que llamó Penicilina. Desde aquellos tiempos, esta sustancia, junto con otras que integran lo que hoy conocemos como antibióticos, han salvado millones de vidas, brindando la posibilidad de llevar adelante operaciones, trasplantes y un sinnúmero de prácticas médicas que antes de su existencia implicaban un alto riesgo de muerte en manos de las infecciones causadas por las bacterias.

De repente, cualquier problema de salud parecía poder resolverse a través del uso de estas sustancias mágicas. Ya no importaba el diagnóstico del médico, por si acaso la gente recurría a los antibióticos, sin saber que muchas veces no servían para curar su malestar y mucho peor aún, sin saber que el uso inadecuado causaría un problema de salud mundial de tanta gravedad.

Los antibióticos deben tomarse hasta que las bacterias causantes de la infección hayan sido eliminadas del organismo, lo que puede ocurrir varios días después de la desaparición de los síntomas, que es el momento en que lamentablemente muchos deciden terminar el tratamiento. Allí empezó a conseguir sus primeras armas XR0, la primera de esta genealogía de bacterias asesinas.
Entre los millones de bacterias XR0 sensibles a un antibiótico había algunas pocas XR1 que naturalmente tenían una mayor resistencia. Bajo un esquema de aplicaciones de antibióticos en las dosis y tiempos apropiados, estas pocas bacterias resistentes no hubieran podido sobrevivir. No obstante, la interrupción del tratamiento antes de su finalización, no sólo permitía que las XR1 perduraran, sino que les ofrecía un mundo abundante en recursos, sin la competencia de sus colegas XR0 sensibles que habían sido eliminadas por el antibiótico. En ese nuevo mundo ideal, las XR1 se multiplican exponencialmente hasta convertirse en el tipo dominante en la población, es decir, resistente al antibiótico que se les aplicó.

Las farmacéuticas, que conocían el fenómeno de resistencia, en un principio, entraron en una carrera contra las bacterias para producir nuevos antibióticos más potentes. Esto funcionó por un tiempo, pero a la larga se dieron cuenta de que la carrera no les resultaba rentable. Los tiempos de los protocolos para poner un antibiótico a la venta eran considerablemente largos, comparados con los tiempos cortos en que las bacterias generaban resistencia, dejando rápidamente sin efecto productos cuyo desarrollo les había llevado años.

Algunos gobiernos se dieron cuenta a tiempo y reglamentaron la venta de los antibióticos exclusivamente bajo receta, pero aun así médicos y farmacéuticos inescrupulosos continuaron sobre administrándolos a consumidores desinformados que la mayor parte de las veces no los necesitaban.
Los criadores de animales también hicieron su aporte a esta debacle. Necesitaban los antibióticos para engordar más rápido a los cerdos y pollos con los que nos alimentábamos. La aplicación de las dosis bajo ese único criterio, generó una oportunidad para que XR1 evolucionara hacia XR2, una variante aún más temible, que sumaba en su arsenal nuevas resistencias.

De cualquier manera, el golpe final no lo dimos nosotros, sino una de sus colegas. Las bacterias resistentes frente a un antibiótico pueden traspasar esa característica, a través de sus genes, a otras. Así fue como surgió XR3. Una bacteria amiga, la causante de la Tuberculosis, le facilitó los genes que le faltaban para hacerse multirresistente. La máquina asesina perfecta estaba lista y en gran medida la habíamos preparado nosotros. De allí la historia es corta, pasó de una a otra persona siempre con el mismo resultado, la muerte. Las farmacéuticas, urgidas por los gobiernos hicieron un último esfuerzo desesperado por conseguir detenerla, pero ya era demasiado tarde… ya es demasiado tarde.
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