No digas que fue un sueño

Los pasos de Frank limpiándose los últimos restos de nieve en la alfombrilla hicieron que Lola levantara la vista de las páginas del artículo.
- ¡Hola! – saludó él sorprendido de encontrarla ya en el pequeño sofá del rincón. Solo había encendido una luz y el laboratorio permanecía sumido en la penumbra. Olía a café– Dime que no has dormido aquí– Ella sonrió y negó con la cabeza mientras él se quitaba el abrigo e iba hacia la cafetera.
- No. Pero quería llegar antes que los alumnos. Y antes que tú– respondió con una sonrisa pícara. Él se sentó a su lado y durante un rato se quedaron en silencio mirando alrededor. Con la vista aún perdida en el laboratorio, Lola carraspeó:
- Háblame de los bosques por última vez– él rio.
- ¡Por dios, Lola, que te jubilas, no te mueres! Pienso seguir hablándote de bosques mucho tiempo.
- Cuenta con ello, Frank. Pero me parece bonito acabar mi último día en el laboratorio que hemos construido juntos tal y como empezó todo.
- Montreal…– murmuró él. La fría luz de la mañana iba entrando por las ventanas. Dos alumnos, Maisie y Alistair llegaron riendo, les saludaron y se sentaron en sus mesas empezando a trabajar después de servirse café.
- Hemos hecho un buen trabajo– dijo la investigadora.
- Y parecía una locura, ¿recuerdas?
- Bueno, debo decir que al final no nos hemos convertido en los dos únicos paleoecólogos millonarios…
- Pero solo porque montarse este chiringuito en Suiza fue imposible– apuntó él.
- …Aunque hemos hecho grandes trabajos.
- Oh, sí. El Proyecto Alatriste, en el Camino Español.
- ¿Y el de la Antártida?
- Casi pierdes una mano.
- Cierto– confirmó él– pero cómo nos reímos.
- ¡Cómo nos hemos reído estos años!
- ¿Recuerdas cuando volví a Canadá y hablamos por Skype? ¿El día en que se hizo oficial que me habían dado la plaza y tú no podías contener la emoción, pero tampoco decirme nada?
- ¿Y el congreso en el que nos pusimos a morir con aquellos margaritas tan horribles? – apuntó ella con una mueca.
- Teníamos que haber bebido solo cerveza. Al día siguiente nos perdimos todas las sesiones de mañana de la maldita resaca que teníamos.
- Pues como en aquel de Grecia, cuando cogimos aquellas bicicletas costrosas para ir a ver amanecer desde el bar de tu amigo, que nos perdimos por las montañas y al final vimos salir el sol desde unas rocas, parados de cualquier manera en un recodo en el camino…– estallaron en una carcajada recordando la aventura. Desde la puerta, limpiándose las botas y luchando contra sus guantes Scott, que acababa de llegar, exclamó:
- ¡Bueno, venga, decidlo en voz alta, que nos riamos todos! – y aquella expresión hizo tanta gracia a los profesores que el café acabó derramándose en la tapicería.
- Nunca pensé que acabaría de profesora, y mucho menos en una universidad escocesa –suspiró ella secando el lateral de la taza con una servilleta. Frank se lamía distraídamente un nudillo.
- Yo jamás pensé que daría una conferencia vistiendo un kilt y míranos…– aquel recuerdo les hizo reír de nuevo – Pero cuando tú te pusiste uno y discutimos con aquel tipo… ¿cómo se llamaba? Pobre hombre, no sabía dónde meterse. Y mientras nosotros tan serios con esas pintas en medio del museo.
- ¡Ah, Frank, ojalá pudiéramos volver atrás! Empezar otra vez. Ha sido tan maravilloso… – él sonrió a medias.
- “Wine not?”
- Ése era el nombre original del laboratorio– observó ella, escrutando el fondo de su taza de café, ya vacía.
- Bar. Bar con libros– corrigió él levantándose a por más café. Ella le siguió con la mirada y ofreció su taza– E íbamos a vender cervezas caseras.
- Ese era el plan B por si la ciencia nos salía mal. Y al final mira, el plan ha ido estupendamente. Hemos construido uno de los laboratorios de paleoecología y arqueobiología más solventes del mundo, somos activos, divulgamos, tenemos estudiantes que siguen nuestros pasos… Nuestros antiguos directores podrían estar orgullosos.
- Y encima hemos sido muy felices.
- Mucho. Ha sido un gran sueño– ambos se quedaron en silencio, cada uno sumido en sus recuerdos– Cuando esta tarde salga, ¿saldrás conmigo? Dame la mano como la primera vez que me fui.
- Solo si tú me acompañas cuando yo me jubile dentro de seis meses.
- Dentro de seis meses te sacaré de aquí y nos iremos por fin al Amazonas. Pero ahora, a trabajar– dijo ella poniéndose en pie.
  • Visto: 213

ESCOLA D'ESCRIPTURA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

EDITORIAL GALAXIA

AEELG

METODE

RESIDENCIA D'INVESTIGADORS

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

AELC

IDATZEN

EL HUYAR

EUSKAL ETXEA

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA