Hipótesis Criptobionte

A veces -dijo el profesor de biología evolutiva- mientras sostenía en sendas manos dos muestras de material vegetal. A veces, he pensado con cierto cinismo, cinismo científico, desde luego, que gran parte de lo que conocemos al estudiar la vida consiste mas bien en un aprendizaje de lo que está muerto.

No me refiero con esto a una cuestión de “película de horror”, no. Tampoco hablo de lo muerto en un sentido termodinámico, sino a una cuestión metodológica. Una cuestión de análisis. La desintegración de los “todos” a cambio de sus “partes”. Cuando estudiamos anatomía lo hacemos con mucho provecho sobre una calavera ¿no es así?

Esta desintegración no es desafortunada, resulta de hecho feliz. La complejidad de un organismo es en algunos aspectos inabarcable. Incluso el más insignificante animal es un sistema muy complejo, mucho más complejo, que el más sofisticado de nuestros aparatos.

¿Alguno de vosotros puede intuir a qué obedece esta complejidad?

-preguntó el profesor-, sin dar lugar a que alguien pudiese consolidar una respuesta.

¡Obedece! -dijo exaltado- a que los organismos han sido construidos ciegamente por la evolución a lo largo del tiempo.

-El profesor retrajo las manos hacia el pecho después de haberlas agitado con vehemencia.

Pensemos en los organismos como “grumos” de espacio-tiempo deformado por el altísimo grado de orden metabólico que alcanza la materia orgánica. Del mismo modo que los agujeros negros son “grumos” de espacio-tiempo deformado por una altísima cantidad de materia bariónica.

Solo gracias a que podemos desintegrar en partes a un organismo, podemos figurarnos los mecanismos por los cuales éstos evolucionan a lo largo del tiempo, pero allí el metabolismo se pierde irremediablemente.

Si pudiésemos estudiar la vida sin descomponerla y conservando un metabolismo activo alcanzaríamos un conocimiento insospechado.

-Los alumnos pusieron un gesto reflexivo-.

Lo que tengo en cada una de mis manos -continuó el profesor - son muestras de musgos.
La de mi mano derecha fue recolectada hace 120 años, la de mi mano izquierda, esta mañana. Ambas contienen una gran cantidad de tardígrados, animales notables pese a su minúsculo tamaño. Los tardígrados pueden elevar la medida de su metabolismo desde un punto casi cercano a cero después de décadas de permanecer latentes.

¡Criptobiosis!
-Gritó desde la cuarta fila uno de los alumnos-.
Así es -añadió el profesor con una ligera sonrisa-.

Aunque conocemos varios mecanismos criptobióticos, aún no queda del todo claro cómo este tipo de latencia ha evolucionado independientemente en la gran mayoría de los linajes evolutivos.

De todos modos, hay algo profundamente importante en términos evolutivos. En su evolución ciega, los organismos producen, en el tiempo, modos de saltar en el tiempo. Producen ritmos de evolución sobre los que evolucionan.

-Una alumna interrumpió desde el fondo de la clase: ¿cómo cuando las lombrices modifican su ambiente y a su vez cambian las presiones de selección?

En efecto -continuó el profesor- con la diferencia de que ahora hablamos de modificar no tanto el medio ambiente físico, sino el medio ambiente temporal.

Pensemos en lo siguiente: los organismos se desplazan geográficamente, se dispersan y en ello no hay ninguna rareza. Sin embargo, estos tardígrados -dijo el profesor levantando la mano derecha-, se han dispersado en el tiempo de un modo evolutivamente activo. Se han propulsado en el tiempo como lo hacemos nosotros en el espacio cuando subimos a un avión.

¿Como un ganso con cohetes? -dijo uno-.

Las risas se espacian por el aire. Grave el profesor precisó:

Algo parecido, solo que estos cohetes para viajar en el tiempo no queman combustible, sino que utilizan una estrategia más sutil: pierden todo el combustible y dejan a la nave dispersarse a través de décadas.

Si una población del pasado despertara después de un largo letargo, podría suceder que para ciertos rasgos y en ciertas circunstancias se generen un dinamismo evolutivo novedoso, el choque genético de poblaciones temporales distintas. Es lo que vamos a medir.

-El profesor levantó sobre su rostro ambas muestras de musgo haciendo un ademán infantil de combate y preguntó:

¿Sabéis qué sucede cuando dos agujeros negros de lejanas regiones espacio-temporales se juntan? Tenemos un agujero de gusano, -dijo el profesor-.

¿Queda claro cuál es el sentido del experimento que vamos a diseñar con estas dos poblaciones temporales de tardígrados?

-Los alumnos estaban atónitos. Solo uno se animó a replicar-.

Lo que queda claro profesor -dijo aquél- es que para que todo esto tenga sentido requeriríamos de una población del futuro y no una del pasado.

Si usted ha leído a Dobzhanky -dijo el profesor- sabrá que “nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la evolución” pero si entiende esa frase con todo rigor comprenderá que nada tiene sentido en ciencia si no es a la luz de la flecha del tiempo.

Nada, incluso los mismos viajes en el tiempo.
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