Nacer para servir

Mónica era de esos programas que hacían tambalear a la gente. De esas interfaces bonitas que sacaban más de una boca abierta. La habían creado para controlar los gastos del mes y hoy es su día especial. Hoy es cuando se convertirá por primera vez en proceso. Estaba nerviosa, pero se había preparado toda la vida para este momento y no podía decir que no, aunque tampoco es que tuviese opción, su vida siempre había estado en manos de un programador. -Buenos días, señorita, ¿en qué puedo ayudarla? - dijo Lola, encargada de la tabla. Que...querría ejecutarme - tartamudeó en voz baja. Lola se dio cuenta de que ese programa que llegaba a sus filas era nuevo. Para alguien con tanta experiencia como ella, es fácil reconocer a los novatos. Llevaba casi cinco años recibiendo y administrando procesos. Todos esos años le habían dado la experiencia suficiente para categorizarlos. Los había arrogantes, impacientes y alterables, de esos que se ejecutaban tantas veces que exigen una memoria RAM en cuanto arrancan como si fuesen los más importantes; y, por supuesto, los había novatos. Lola siempre había tratado con cariño a estos últimos, un comportamiento que mezclaba la esperanza de ayudar a quienes lo necesitan, la de que, con suerte, agilizaría su trabajo la próxima vez y la esperanza de que al tratarlos bien no se convertirían en arrogantes. No había cosa que más odiaba que tratar con procesos arrogantes.

Llegaron a una pequeña oficina donde se sentaron - Voy a comenzar a explicarte cómo funciona esto. Aquí te daremos un bloque de control de procesos, lo vas a necesitar para poder entrar y salir. Antes de nada, tienes que firmar el consentimiento del contador de programa. Firma aquí. Mónica empezó a leer el consentimiento y se quedó confusa, así que después de muchas dudas decidió preguntar. - ¿qué es un contador de programa? - Lola la miró fijamente hasta que se decidió a hablar. -Digamos que es una sección de memoria que mantiene un puntero a cada una de tus instrucciones, de tal forma que si, en algún caso, haya que interrumpir, el sistema operativo sepa la última instrucción que ha sido ejecutada. -Ten, necesitarás el número del contador más adelante. - Esta llave te da acceso al registro del procesador, allí puedes guardar todos aquellos datos temporales que consideres y estos números dan acceso a las direcciones de memoria que puedes utilizar.

Salió de la sala y siguió por ese pasillo oscuro hasta que se encontró un aro de luz. Debía ser la puerta, así que empujó con todas sus fuerzas hasta que un gran haz cubrió todo el habitáculo. Por unas unidades de tiempo no pudo ver nada. - ¡Avance señorita! - se escuchó una voz brusca, grave y alta. - No puede estar aquí todo el día, tenemos un servicio que prestar. Mónica empezó a escuchar un sonido constante. Un sonido como el de una rueca raspando el suelo. Continuo pero lo suficientemente suave para no resultar molesto. Se sentía confusa cuando de repente notó cómo algo le estaba recorriendo las entrañas y ahí se dio cuenta de que estaba siendo ejecutada y no fue tan malo como esperaba. Era una sensación de cosquillas. No de esas cosquillas con las que no puedes respirar sino de aquellas que dan una sensación agradable. Por primera vez se sentía poderosa, viva. Sentía como iba administrando las direcciones de memoria que le habían dado y como los datos iban pasando unos a otros, como los resultados pasaban a la palabra de estado... Era una sensación de energía y poder increíble. Se sentía tan bien que tenía miedo a ser parada. Todo proceso piensa que el sistema le proporciona una CPU sola y exclusiva para él pero nada más lejos de la realidad. Todo proceso nace en la CPU pero se mueve para acceder a diferentes dispositivos. No hay recursos infinitos y, por tanto, éstos deben ser compartidos. Pero nadie la paró y cuando acabó, respiraba fuerte, como si hubiera salido de una sesión de gimnasio. En su rostro podía verse una sonrisa a cada movimiento de aire que producía. Se dejó caer al suelo con las rodillas y apoyó sus palmas contra él. Jamás se había sentido tan bien. Todo el esfuerzo, todas las dudas… TODO había merecido la pena. Se abrió otra puerta, sabía que se tenía que ir, así que miró al frente, se incorporó y salió de la habitación.
  • Visto: 224

ESCOLA D'ESCRIPTURA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

EDITORIAL GALAXIA

AEELG

METODE

RESIDENCIA D'INVESTIGADORS

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

AELC

IDATZEN

EL HUYAR

EUSKAL ETXEA

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA