Comienzo a un nuevo fin

Siento que esta carta llega tarde. Y quizás pienses que su único propósito es limpiar mi conciencia. Y quizás sea así. Pero hoy es el primer día que pienso que esto es real.

(Así comenzaba la carta que Ari Raventlow había escrito a su hermana. Necesitaba que alguien la creyera, incluso cuando ella misma no era capaz de hacerlo. Y con la convicción con que la escribió, la protegió. Habían pasado 50 años y era la primera vez que su destinataria se hizo con ella.)

Todo empieza treinta años en el pasado. Todo empieza el día que la segunda publicación de la doctora Abernathy revolucionó la física y la sociedad. Desde entonces, las discusiones, la polarización de la opinión científica – e incluso pública – y el debate ético y moral alrededor del uso de metales en la industria textil ha descrito un comportamiento oscilante, incierto, casi errático…

Pese al incesable escrutinio al que se ha sometido durante 365 días año tras año a la aleación de litio, selenio y galio que en la publicación "LSG -314, el tejido del futuro" volvía a poner a la ciencia en primera plana de las portadas de todo el mundo, ningún grupo de investigación ha sido capaz de materializar las grandes preocupaciones que rodean al mayor avance científico de la física postcontemporánea. Y cualquier persona dentro de la comunidad científica te dirá que estos hechos explican perfectamente que durante los últimos cuatro meses las dudas hayan dado paso a la aceptación, a la ilusión, a la curiosidad. Yo misma, cualquier otro día, en cualquier otro momento, estaría de acuerdo con ellos – pero no hoy.

Como sabes, comencé a trabajar con Dors Abernathy la semana posterior a su entrevista en "El rincón de MC al cuadrado". Se hicieron eco de la publicación en la que desarrolló la revolucionaria teoría de la antimateria. En ella, se demostraba como a partir de teoría de partículas avanzada y algunas modificaciones en los modelos de física cuántica ultrasólida, se podían crear materiales ciertamente interesantes. Seguramente no lo recuerdes porque apenas tuvo reconocimiento. Nadie vio su aplicación práctica porque las condiciones en las que las ecuaciones daban paso a tal majestuosidad eran cuanto menos impensables. Pero yo vi algo. Y me acerqué a ella. Y comenzamos a trabajar. Comenzamos a buscar modelos que poder replicar, modelos que presentaran una mínima estabilidad bajo las condiciones en las que se desarrolla la vida – la suficiente para ponerlos a prueba en el mundo físico.

No puedo explicar la cantidad de horas que Dors pasaba en el laboratorio. Siempre estaba. No hubo una vez en los 20 años que tardaron en llegar los primeros resultados que no la encontrara allí. Y lo consiguió. Lo conseguimos. Un jueves a medianoche demandó mi inmediata presencia en el laboratorio. Me mostró lo que habíamos conseguido. Hoy se me iluminan aún los ojos cuando pienso en aquel espagueti metálico y flácido de color oscuro.

Comencé a trabajar de inmediato con una directriz clara: estudiarlo a fondo y probar que su comportamiento se regía por la teoría. Entonces pasábamos las mismas horas trabajando. Ella intentando crear más réplicas, más extensas, más grandes; yo analizando todos y cada uno de los átomos que lo formaban. Durante meses todo iba según lo previsto por aquella absurda teoría ignorada y olvidada, y comenzamos a preparar la segunda publicación.

Estaba acabando de analizar los comportamientos observados bajo diferentes tipos de campos eléctricos cuando Dors comenzó a expresar un comportamiento exageradamente dubitativo, lento. Lo asocié a la falta de sueño y a la extenuación bajo la que vivíamos, quitándole mayor importancia. Seguimos sin más y publicamos el estudio.

Dors comenzó a someter al nuevo material a campos eléctricos muy intensos. Llegaba al laboratorio y allí la encontraba, haciendo mi trabajo. Me sorprendía que sólo se dedicara a estudiar sus propiedades trabajando con campos eléctricos, pero al mismo tiempo no. Sentía torpeza en mis pensamientos. Como si la curiosidad intrínseca que habitaba en mí desapareciera temporalmente. Hasta que hace algunas semanas comencé a darme cuenta de qué estaba pasando realmente. Dudaba y acababa olvidando las decisiones que tomaba. Algunos de mis pensamientos llegaban a ciertas conclusiones o suposiciones, pero se desvanecían como si un interruptor los apagara. Y eso fue lo que me hizo entenderlo todo...

Cuando se somete el material a campos eléctricos, éste se carga de alguna manera. La carga que alberga genera a su mismo tiempo un tipo de campo eléctrico ultrasensible capaz de interaccionar con las conexiones eléctricas neuronales, de entorpecerlas. Al principió pensé que sólo era eso, pero no. También es capaz de dirigirlas. Hemos creado la mayor herramienta de control social y humano que se ha inventado jamás…y todas y cada una de las personas que habitan el planeta viven recubiertos en ella.

Ayúdame, Ari. Por favor.
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