Manifiesto Planctónico por unas nubes dignas

Por la presente, notificamos a los humanos que hoy, de nuevo, ha vuelto a salir el sol. “Menuda novedad”, pensaréis. Somos conscientes de que vosotros no sois seres unicelulares moviéndose erráticamente por la superficie del agua de todo el planeta, sujetos a los vaivenes de las corrientes marinas y al paso de grandes buques que remueven nuestro hábitat. Por ello, os pedimos un poco de empatía para entender lo que os vamos a contar a continuación.

Para nosotros, el fitoplancton marino, el sol supone un velo diario que se vierte sobre nuestras cabezas trayendo a partes iguales vida y destrucción. La misma luz necesaria para poder realizar la fotosíntesis, sustentando las redes tróficas del océano, y vuestras queridas pesquerías, también está compuesta por radiación ultravioleta. Y cuando esta incide sobre nuestro ADN (nuestras membranas celulares son fáciles de atravesar), se producen mutaciones que nos llevan, en última instancia, a la muerte. Para colmo, habéis destruido parte de la capa de ozono e impacta aún más radiación que hace solo unas décadas sobre la superficie del océano. Aunque firmasteis un protocolo a final de los años 80 y dejasteis de emitir muchos de esos nocivos gases, los niveles de ozono estratosférico aún no se han recuperado.

Algunos de nosotros al menos tenemos flagelos y podemos movernos en vertical, escapando así a capas más profundas cuando la radiación llega. Sin embargo, muchos de nuestros iguales no tienen tanta suerte. Cada noche nos despedimos de ellos sabiendo que muy posiblemente mañana no estarán. Y hemos constatado que cada día sobreviven menos individuos. Pero no hagamos de esto un drama, somos seres unicelulares que nos reproducimos por clonación bastante rápido. Ciertamente, no sabemos muy bien si a quienes vemos a la mañana siguiente, son nuestros congéneres o no; bueno, en verdad siguen siendo ellos. Aunque, eso sí, con alguna modificación genética parte del proceso evolutivo ¡Ay, qué calvario supone la inmortalidad intermitente! Y luego decís vosotros que tenéis crisis existenciales. Si no morimos por la radiación, nos comen los copépodos, aunque después a ellos se los comen las larvas de los peces. La venganza, decís los humanos, no es buena; pero en el océano es inevitable. Y para qué negarlo, sienta bastante bien.

Seremos seres unicelulares, pero sabed los humanos que ya hace millones de años que encontramos una solución a nuestros problemas ambientales. Leednos con atención, pues tal vez aprendáis algo. Obviamente, no podemos evitar que llegue radiación a la superficie del océano, ni tampoco somos capaces de evitar que los humanos sigan alterando la atmósfera. Lo que sí podemos hacer es usar un paraguas. Sí, un paraguas, como habéis oído. No sois los únicos seres vivos a los que se os ocurren inventos. Lo que sucede es que nuestro paraguas es algo especial. Nuestros ancestros descubrieron que algunos de los gases que producimos, aunque suene raro, pueden ayudarnos a luchar contra la radiación ultravioleta. Muchos de estos compuestos, cuando los liberamos en el agua, tienden acercarse a la superficie y pasar a la atmósfera. Su camino no es fácil, pues deben evitar ser comidos por las bacterias y atravesar la capa más superficial del océano. Pero una vez en la atmósfera, hemos constatado que reaccionan con otros compuestos mediante complejas reacciones de oxidación-reducción (las cuales no vamos a explicar porque no las entenderíais). Como producto final, se obtienen algunas partículas muy, muy pequeñas que llamamos aerosoles. Alrededor de estos aerosoles, se condensan moléculas de agua una y otra vez, hasta formar microgotitas de agua. Estas gotas se aglutinan en la troposfera para formar nubes. Y estas nubes evitan que llegue tanta radiación solar a la superficie del océano. Ellas son nuestros paraguas, y nos cuesta mucho esfuerzo producirlas. Por otro lado, también os ayudan a vosotros, ya que reflejan parte de la radiación solar y hacen que el calentamiento global, que también habéis provocado los humanos, no sea tan severo.

Por todo lo explicado en este manifiesto, todas las formas unicelulares marinas que habitan la superficie de los océanos, con flagelos o sin ellos, autótrofas o heterótrofas, instamos a los seres humanos a que se comprometan a cumplir, ya no nuestras exigencias, sino aquellas que forman parte de vuestros “Derechos Humanos”. Concretamente donde se establece que: “Cada mujer, hombre, joven y niño tienen derecho a un medio ambiente seguro y saludable, así como a otros derechos humanos fundamentales relacionados con un medio ambiente saludable”. Exigimos a la humanidad que cese en sus emisiones de gases de distinta índole a la atmósfera en aras de mantener nuestra cobertura nubosa y así evitar el apocalipsis planctónico global y, de paso, garantizar la supervivencia del ser humano uniéndonos en la lucha contra el cambio climático.

¡El plancton unido jamás será vencido!

Un saludo fraternal interespecífico,

Federación Planctónica Global

Océano, a 17 de mayo de 2019
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