HFD1, la rata obesa

HFD1 era una rata marrón bien criada, sana y esbelta; al menos hasta que el Criador le trasladó a una caja nueva con seis compañeras cuyas etiquetas iban desde HFD2 hasta HFD7. En su nueva caja, el Criador cambió completamente su dieta sana y equilibrada por una mucho más sabrosa pero claramente más insana, consistente en bollería industrial ad libitum. En la caja vecina se divisaban otras ratas menos afortunadas que seguían con una dieta sana y equilibrada, cuyas etiquetas decían CED1 a CED7. Más allá había otras cajas, pero HFD1 no era capaz de distinguir ni sus dietas ni sus etiquetas.
Ni HFD1 ni sus compañeras comprendían por qué el Criador les había cambiado de dieta, pero HFD1 era una rata creyente y, por tanto, no se cuestionaba las decisiones del Criador, ya que se consideraba indigna de comprender sus inescrutables designios. Sus compañeras, especialmente HFD3, no estaban de acuerdo con la resignada postura de HFD1; de hecho, HFD3 se oponía a comer la insana bollería industrial porque valoraba mucho su salud. HFD3 se definía como agnóstica; es decir, pensaba que, si el Criador existiera, las ratas no podrían saber nada acerca de él. Para HFD3, todos los sucesos se debían al azar. Aplicando este criterio, el cambio de dieta podría explicarse si hubiese un inmenso número de cajas con ratas en las que las dietas podrían variar en tantas combinaciones que la suya era solo una más de las muchas posibles.
Siendo coherente con sus creencias, HFD1 comió la bollería industrial sin plantearse ningún límite, sino que devoró hasta duplicar su peso corporal y sentirse realmente obesa, torpe y enferma al cabo de dos meses. Por el contrario, las demás ratas controlaron sus apetitos; particularmente, HFD3 apenas comió lo necesario para no morir de hambre y, en consecuencia, no aumentó significativamente su peso. La convivencia se fue complicando durante los dos meses de dieta alta en lípidos, llegando a causar tensas discusiones entre HFD1 y HFD3 en las que, ocasionalmente, intervenían las demás ratas.
Súbitamente, la dieta cambió en la caja, de manera que una mañana apareció una harina de maíz negro en vez de los acostumbrados bollos. Las siete ratas se sintieron muy sorprendidas con el nuevo cambio. Ninguna era capaz de explicar el suceso. Por supuesto, HFD1 se limitó a decir que era la voluntad del Criador y que rechazarla era una blasfemia. Por su parte, HFD3 volvió a aplicar su razonamiento para decir que el azar había causado este cambio de dieta entre las infinitas cajas existentes. De nuevo no hubo acuerdo en la explicación del suceso, y tampoco hubo unanimidad en la reacción ante la dieta. En efecto, HFD1 hizo de tripas corazón para hincarle el diente a la insípida y poco estimulante dieta, mientras que las demás ratas apenas comieron lo necesario para sobrevivir hasta que el hambre doblegó su voluntad. Por su parte, HFD3 decidió que esta dieta era más conveniente para su salud y que, en consecuencia, podía comer una cantidad razonable.
Transcurridos los 90 días pautados, una mañana las ratas no despertaron. HFD1 se durmió con la extraña sensación de olor a cloroformo. Su peso había disminuido significativamente y se sentía menos obesa, más ágil y más sana que antes, aunque no tanto como al principio. En su última mirada, alcanzó a ver a sus compañeras yaciendo en el suelo con sus estilizados cuerpos y su saludable aspecto.
HFD1 no vivió para ver su nombre publicado en un artículo sobre los efectos beneficiosos de la ingesta de maíz con elevado poder antioxidante en ratas obesas. Por su parte, el Criador lamentó la inconveniente variación en peso y en las demás variables morfológicas y fisiológicas que observó entre las ratas y que causaban elevados coeficientes de variación que dificultaban la identificación de diferencias significativas entre tratamientos.
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