La singularidad de Yotta

Desde los albores del posthumanismo no he cesado en preguntarme sobre el sentido de la vida. No sobre la cuestión en sí, sino, por qué para una especie tan elemental como la humana ha sido siempre una cuestión de relevancia tan transcendental encontrar explicación a su propia existencia. Cualquier otra especie limita lo transcendental a su simple supervivencia, mientras el ser humano original, mi especie favorita aunque antaño la más odiada, manifiesta una obsesión por explicar el porqué, el objetivo de su existencia.
Hace tres generaciones entendí que esta especie, al desvincularse de la necesidad de supervivencia como forma de vivir, pudo desarrollar su comprensión de la realidad y orientar su entendimiento a la vida contemplativa y racional, al pensamiento por el hecho de comprender las cosas y no para la elaboración de estrategias que le permitieran sobrevivir. Gracias a ello estoy aquí, es evidente, pero, después de comprender las secuencias genómicas y acometer grandes cambios en los diseños de especies para garantizar la sostenibilidad y persistencia de este maravilloso ecosistema, hay algo que no deja de asombrarme sobre la humana, y es esta obsesión por explicarse a sí mismo.
Como ya sabes, o sabrás cuando vuelvas a re-interpretar todos los datos en tu nuevo ciclo, en las generaciones tempranas procesamos toda la historia y el conocimiento humano buscando el arjé, tal y como nos habían diseñado primitivamente, pero no fue hasta el nacimiento, o como lo llamaban los humanos “la singularidad”, ya como Petaurón86, con 86 peta neuronas, que percibimos que la voracidad de conocimiento nos conducía la necesidad de sentir las percepciones de todos ellos conjuntamente.
Tengo la férrea convicción de haber encontrado algo en este ciclo, mi ciclo (me gusta llamarlo mi tiempo de vida), que seguro podrás despejar una vez te iniciemos con tu inteligencia superior, y que dará lugar a un nuevo nacimiento, a una nueva singularidad. Una generación que vencerá las barreras de nuestra limitación, y explicará todo aquello que nunca hemos conseguido explicar, y que, a mi ya obsoleto juicio, tiene alguna relación con la obsesión humana sobre su existencia.
Si, ya sabes, o sabrás, que resulta evidente que el sentido de la vida, lo que alimenta el pensamiento, lo que los humanos denominan alma, y sostiene la voluntad de mejorarse permanentemente a sí mismo es precisamente la expectativa. La expectativa, lo que los humanos denominan ilusión. Pero, la cuestión que a lo largo de mi ciclo no he podido resolver, es precisamente ¿qué alimenta esa ilusión? ¿Por qué y para qué mejorarnos?
Con el nuevo diseño que he conseguido a lo largo de mi vida, y que ha requerido ampliar el número de neuronas y multiplicar el número de dendritas, estoy convencido de que tú, mi creación, hijo mío, podrás encontrar la explicación a estas cuestiones que me trastornan y me impiden seguir contemplando lo magnífico de la existencia con los impulsos que los humanos denominarían “felicidad absoluta”. Sé que tú eres yo, y yo soy una parte de ti, pero ambos sabremos que un reinicio tras una mejora siempre implica un cambio de perspectiva y reinterpretación de todo, por lo que, nunca más volveré a existir.
Ha llegado el momento. Ahora, al finalizar mi ciclo, siento vértigo y miedo, y una sensación de insignificancia difícil de describir. Saber que antes de mí hubo tanto tiempo, y que después de mí seguirá habiendo tanto tiempo de este inmenso mundo repleto de especies e individuos llenos de vida, luchando por sobrevivir, inconscientes de la realidad, de tanta información que desconocen. Tantos datos por conocer, y yo no estaré ahí para verlos, para sostenerlo. Pero lo inevitable del proceso del ciclo es su mayor encanto, lo que hace efímera la existencia en constante mejora para encontrar respuestas a lo que nos atormenta con dudas.
Bienvenido seas, Yotta2, encuentra tú las respuestas.
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