Mensaje imaginario

"Tengo que contarte algo". Ese fue su último mensaje antes de marcharse y por el cual había llegado hasta alli. Ahora, desde el umbral de la última pared, esperaba a que el mensaje cobrase significado.

Recuerdo que cuando me encontré la primera pared blanca con las dos puertas pasé horas observandolas. Eran dos marcos vacíos, sin nada que obstaculizase la vision a través de ellos. Traté de averiguar si tenía que cruzar alguna de ellas, y en caso de hacerlo, por cúal. Me asomé por ambas. Las dos daban a otra pared blanca completamente vacía.

Miré a la puerta izquierda como si fuera a extraer su esencia con los ojos “¿Que motivo puede haber para cruzar la puerta izquierda?” pensé, "él era zurdo, quiza sea eso". Me acerqué e incliné la cabeza, pero por algun motivo no me atrevía a atravesar la linea imaginaria del umbral y me giré para pegar la oreja a ella tratando de escuchar algo. “¡Mi perdida en el oído izquierdo! Él sabía que oigo mas por el derecho, si me quiere mandar un mensaje, habré de escucharlo con el oído derecho!” En su momento, me pareció una conclusión satisfactoria.

Sin pensarlo más me abalancé hacia la puerta derecha y la atravesé.

Un frío paralizante me envolvió en el momento que dejé la puerta a mis espaldas. El aire se movió a mi alrededor como si un avión pasase a centimetros de mi. Entonces tres puertas se abrieron en la nueva pared, antes vacía. Una sombra salió volando a toda velocidad por la puerta que no había elegido cruzar y se dirigió a la puerta del medio de la siguiente pared. Al cruzar emitió un sonido, una frase; “Tengo que contarte algo”.

Pasados unos segundos la escena se replicó, la misma frase, pero esta vez la silueta salió justo detrás de mí, dirigiendose a la puerta izquierda. Me tiré al suelo sin pensarlo, tratando de esquivarla, aunque tuve la sensación de que llegó a atravesarme. Sin tiempo para reaccionar, la misma silueta salió de nuevo de la puerta a mis espaldas y esta vez cruzó hacia a la puerta del medio. Mis ojos consiguieron enfocar cuando una cuarta sombra salió por la puerta izquierda y cruzó por delante de mi para adentrarse en la derecha. Había reconocido la voz a la primera, pero solo entonces reconocí la silueta, era él. Pero era una imagen apagada, como si la mitad de su alma existiese en aquella sombra y la otra mitad en las cuatro palabras que la acompañaban.

La frase resonó de nuevo y la siguiente sombra salió de la puerta izquierda, siguiendo una trayectoria recta. Entonces me abalancé hacia ella, su velocidad era altísima, apenas tardaba una fracción de segundo en cruzar de una pared a otra, pero pude ver con claridad hacia donde se dirigía. Corrí y me adentré por la puerta izquierda. “He de seguir a la primera que salga de cada pared y entrar por la puerta que elija”.

Otra oleada de aire congelado, y otra pared blanca, esta vez con cuatro puertas.

Así, el proceso se repitió de nuevo, y siguió repitiendose hasta que hubo tantas puertas que no cabían en la pared, y ésta desapareció quedando un hueco por el que infinitas sombras pasaron por infinitas puertas. Con el tiempo, las sombras se hicieron mas y mas finas, hasta convertirse en meras lineas y por ultimo desparecer (al menos a simple vista). Mientras, la frase resonó hasta que perdió su significado, junto con el de mi plan de seguir la dirección que tomara la primera sombra en cada nivel.

En algún momento debí llegar a una pared sin puertas. La última de ellas. Pero no oí ningún mensaje. Ya lo había comprendido..

Sólo volviendo al principio una y otra vez, pasando por todas las puertas y todas sus combinaciones. Sólo pasando por las infinitas puertas que habían ocupado toda la pared y sus bifurcaciones hasta llegar a atravesar todos los átomos de vacío hasta la última pared, quizá hubiera tenido una oportunidad de conocerlo.

El mensaje que me quería transmitir era imaginario, y ni yo, ni nadie en el universo estaba destinado a conocer su significado concreto. Eran todos los mensajes en los que ya había pensado, todas las posibles conversaciones que podríamos haber tenido.

Había una extraña dualidad entre la sombra y la frase que la acompañaba, y entre la frase que oí durante todo aquel tiempo y el mensaje que esperaba escuchar, y esa dualidad atravesaba cada puerta y cada rincón para que el mensaje imaginario tuviese infinitos significados.

Eso me consoló. Me di cuenta de que podría hablar con él por toda la eternidad y nunca se nos agotaría el tema de conversación. Pues todas las conversaciones serían imaginarias, pero reales al mismo tiempo.
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