Inteligencia natural

Creen que he desaparecido. Estoy recluido en una pequeña cápsula. Parezco un gatito recién nacido aprisionado en el zaquizamí de la casa de mis abuelos. Es paradójico que haya estado tantos años pensando en cómo usar la inteligencia artificial para resolver los problemas de la humanidad. Ahora espero una carcasa que dé vida a mi inteligencia. Mis colegas dudan entre un robot humanoide, un ordenador biológico o algo más difuso, un plasma sin cuerpo definido pero con capacidad de comunicación. En realidad es algo parecido a mi vida en los últimos años. Una voz metálica que vertía mis ideas y pensamientos al mundo real desde un cerebro sin cuerpo cierto. Todo el mundo reclamaba mi presencia. Querían tocarme, premiarme, alabarme, darme consejos sobre mi delicada salud, ya inexistente. Ya no estaba en esa dimensión. Podía hablarles desde mi nueva esfera. Era gracioso ver el mundo en la distancia. Alejado de la servidumbre del cuerpo. La energía de mi mente se confundía con la escasa materia que le daba soporte. Pero seguía pensando. Seguía existiendo.

Cuando desperté me encontré con que el ajolote todavía estaba en el laboratorio mirándome como un pequeño dinosaurio. Quizá se reía de mi aspecto de pequeña quimera inacabada. No sabía que mi cerebro era poderoso. Era extraño ver a un ser con cara de bebé regenerarse continuamente. Sus ojos grandes sonreían atónitos ante mi metálico cuerpo. Poco acabado, de momento.

He vuelto a dormirme o a desaparecer. No lo sé a ciencia cierta. Curiosa frase. He tenido una sensación, algo que creía ya desaparecido para mi cuerpo o lo que queda de él. Solo reconozco mi capacidad de pensar. Reflexiono sin percibir bien mi nueva carcasa corporal. Puedo ver o hacer algo similar. Veo de lejos los pequeños ratones blancos, aunque ya no estoy seguro de que sean ratones. Un humanoide con barba los vigila. Quizá también a mí.

Ya no duermo. Vivo integrado en mi nueva envoltura sin descanso. Ya no lo necesito. Veo pero no sé situar mis ojos, como un antiguo blemio. Quizá soy un cíclope, aunque no lo creo. Mi mirada es muy amplia, como si ocupara una extensión infinita. Ahora veo mucho mejor al ajolote. Me parece que él también me ve con más claridad. Sigue observándome.

Hoy he dado un paso en el espacio. Me muevo. El hombre de la barba está satisfecho. El ajolote está más cerca y sigue mirándome con su carita de niño. Se parece a Cortázar. Es obsesivo. Si sigue así debería convertirme en un esciápodo para que no me viera. Es imposible y quizá lo sabe. Tengo que idear algo.

Mi cuerpo se ha diluido. Mi mente no. Mi carcasa provisional parece haber desaparecido. Curioso misterio científico. Soy un haz luminoso con apariencia humana. Pero sigo pensando. Me comunico con el humanoide barbudo. El ajolote se ha quedado perplejo. Ocupo diversos espacios.

Todo, por mi inteligencia natural.
  • Visto: 217