Decoherencia

Mike estaba nervioso. Sus compañeras de oficina eran conscientes de ello. Se hacía evidente por ejemplo debido al hecho de que fuera desaliñado, cuando nunca solía ir así.También miraba el móvil constantemente, y apenas participaba en las conversaciones que se formaban en el trabajo “Aham… Ya… Si?...” O simplemente silencio, eran las respuestas que daba últimamente cuando alguien comentaba una noticia.
De repente, Mike percibió un cosquilleo en la punta del dedo meñique de su mano derecha. Observó anonadado como la parte donde debería estar la uña, ¡estaba desapareciendo! Levantó la mano con fascinación, poniéndola delante de sus ojos mientras ésta continuaba esfumándose como si hubiera estado hecha por humo. Una sonrisa se dibujó en la cara de Mike, que por fin se recuesta en la silla, tranquilo, mientras va desapareciendo de la existencia.
Una semana antes, Mike estaba trabajando como de costumbre en el Instituto de Física de Conneticut. Había creado un modelo por ordenador según el cual era posible mantener grandes moléculas entrelazadas cuánticamente entre sí, evitando la decoherencia incluso en ambientes atmosférico normales, lo cual era fascinante. Sin embargo, no conseguía poner la teoría en práctica. Abajo en el laboratorio los experientos que llevaba a cabo tratando de reproducir el modelo no tenían los resultados esperados. Notó una vibración en el bolsillo, alguien le había escrito al Wathsapp: “No te rindas, prueba con otro solvente a ver si así..” Le había escrito Z, un chico de américa latina que había conocido en internet, navegando por foros de coleccionismo, su otra gran pasión después de la física. “Si, no se… En verdad debería haber funcionado ya, me va a volver loco :S” Contestó. Su amigo no entendía de física pero últimamente estaban muy conectados y hablaban casi todos los días. Consiguió animarle y bajó para intentarlo de nuevo. Se dirigió con la bandeja llena de líquido hacía el horno para hacer un tratamiento térmico antes de que cristalizara. En ese momento su móvil empezó a sonar, su pie golpeó la pata de la mesa, y un poco del líquido salió disparado hacia su mano, cayéndole unas gotas entre la bata y el guante. “Mierda!” Exclamó, “aghhhh” Dejó la bandeja en la mesa y fue a por un pañuelo para limpiarse rápidamente. Cuando se subió la manga para ver mejor la mancha, contempló horrorizado cómo la mancha se estaba extendiendo rápidamente por toda su piel, expandiéndose hasta desaparecer. “Qué….” Mike no podía creerse lo que acababa de pasar. Se fue hacia el móvil para ver quién le había llamado, y entonces de repente se percibió a si mismo, cómo si se estuviera viendo a si mismo inclinarse a por el móvil. Giró instintivamente la cabeza para mirar detrás de sí… Y se vió a si mismo, observándose con la boca abierta. Había una conexión entre los dos, eran exactamente idénticos. Su mente rápidamente pensó en el entrelazamiento cuántico. No sabía cómo había sucedido, pero había una copia suya y tenían una consciencia entrelazada. O él era la copia, pensó, no había manera de saberlo.
Estaba como en un globo, la realidad de repente dejaba de tener sentido delante de sus ojos, y ya sea por inercia, o para distraerse de lo que estaba pasando, comprobó la llamada que le había sobresaltado. Era Z. Guardó el teléfono y decidió irse a casa. Lo harían primero uno, y después de unos minutos el otro, no les hacía falta hablar para entenderse.
Cualquier cosa había dejado de tener sentido para él. Sentía que lo que había ocurrido en el laboratorio era tan anormal, que no podía ser bueno Necesitaba volver a cómo estaba antes, y entonces pensar fríamente sobre lo sucedido y sus implicaciones, pero hasta entonces no podía centrarse en nada más que en volver a ser uno sólo. Tampoco podía contarlo, acabarían por descubrirle y experimentarían con él. Finalmente, decidió que podría confiar en Z, nunca le había visto en persona, pero siempre tuvo con él un profundo entendimiento. “Tu otro yo, que se vaya lejos, a Siberia. Tú quédate” Ese fue su consejo. Según sus cálculos eso no sería ni remotamente suficiente para generar la decoherencia, pero, por otro lado, quizás sería lo mejor estar separados.
Una vez hubo desaparecido de su despacho de Conneticut, su consciencia se centró en su otro yo, que estaba en un tren recorriendo tierras rusas. Sintió que no había más desdoblamientos, que era una sóla persona. Por fin. Se puso a llorar… Empezó a recibir llamadas y mensajes de sus compañeros de trabajo, que acababan de presenciar algo tan sorprendente que se planteaban si no estaban soñando. “Hola, Mike, soy Z” Sintió cómo se le paraba el pulso durante unas décimas de segundo, y después miró sorprendido a su derecha, dónde estaba sentado el hombre que acababa de identificarse como su amigo anónimo.
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