Cien años siendo quien no soy

Ahí ando yo de nuevo, siendo alguien que no soy. Y es que, aunque al mundo como ferviente amante de la ciencia me doy, ando también el camino haciendo y siendo otras cosas, ésas que también me hacen ser quien soy.
Porque me llamaron genio, y no sabía responder a mi padre ingenuo. Me llamaron machista, pero también ayudé a mi hermana en la ciencia probabilista. Me quise quedar en el MIT y me echaron, para seguir creciendo me comentaron. Me pidieron una bomba, y ésta explotó, con mi corazón de alfombra.
Así anduve por la vida, intentando disfrutar de cada aliento, siendo alguien que en realidad todavía no entiendo. Ese aliento que le faltó a mi mujer, por la bacteria mortal que mató a tantos hoy y ayer. Yo la amé cada segundo, desde el primer día pese al disgusto. Porque estupenda es la ciencia, pero no hay nada más importante que el amor y su ausencia. Por eso le escribí una carta a mi mujer dormida, con una broma incluida.
Me pidieron fórmulas, y me salieron dibujos. Me enviaron a las aulas, y les regalé teatro sin tapujos. Me encerraron en una base militar, y me escapé para ver a mi bella mujer, sin dudar. Me sugirieron que no pintara cuadros, y yo hice cientos hasta hartarlos. Me contaron que artistas ven cosas que los otros no podemos ver, y yo les hablé de la belleza de una flor de antes de ayer.
Me dijeron que estaba ya todo inventado, y yo les hablé del gran espacio que la naturaleza nos ha dejado. El espacio entre las cosas pequeñas que, como otros para contar estrellas, al final nos dio ordenadores y cosas más bellas.
Son cien años desde que nací y ahí sigo yo, y me escribí. Porque voy de nuevo siendo quien no soy, esos otros que también os doy.
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