Betelgeuse

Según Einstein, la barrera de la luz es infranqueable, pero ¿se equivoca Einstein en esta afirmación?
Las tres amplias vidrieras de la cabina mostraban la inmensidad de la noche perpetua del universo moteada con puntos de luz coloreados y fijos envueltos en nubes de gas y polvo incandescences. La propulsion del motor WARP de curvatura, contraía por delante y expandia por detrás el espacio-tiempo usando hasta 1050 TeV (teraelectronvoltio) de energía. La nave era engullida y expulsada intermitentemente desde el vasto cosmos dejando tras de sí un extenso catálogo de astros iluminados. En los que miles de civilizaciones de otros sistemas planetarios, tan simples como en las primeras etapas de la escala de Kardashev, dibujaban trazos entre estrellas para orientarse en mares y llanuras, o para retratar a sus héroes y sus batallas libradas contra las bestias de su imaginación.
Dentro, en la espaciosa y resplandeciente nave se sucedían una serie de procesos con una perfección tan absoluta que la ejecución de las las múltiples maniobras de los comandos, permitían la gobernanza de la nave en una armonía total. Tal mérito recaía en las precisas y oportunas instrucciones del capitán Antares. Un piloto de combate ya retirado en viejas batallas galácticas en tiempos convulsos, cuando la superioridad tecnológica entre mundos se utilizaba sin finalidad colaborativa o disuasoria. Ahora toda su experiencia la explotaba viajando al mando de naves comerciales; atravesando centenares de sistemas solares inhóspitos, y extrayendo materiales de los yacimientos minerales para su posterior comercialización.
Antares no sólo se diferenciaba de la tripulación por sus galones y su porte noble semejante al de los emperadores. También destacaba del resto de pilotos comerciales envolviéndose en un pulcro traje blanco ceñido. Como particularidad, y con frecuencia, tanto en la determinacion de sus métodos como en la suficiencia mostrada en la gobernanza de naves. Se apoyaba en ciertos ademanes y gesticulaciones un tanto recargados que reforzaban el efecto que producian sus palabras.
Añadía escuetamente y con voz autoritaria: - Calculen coordenadas dirección Asociación Estelar Orión OB1a Sur, varíen velocidad reduciendo 150 TeV. Y a continuación, su última palabra la envolvía armoniosamente con una de sus manos. Completada la ejecución de la orden, la confirmación se realizaba con una mirada condescendiente y leal del suboficial mayor hacia Antares.
El tiempo se consumia mucho mas lentamente sobre los mundos que dejaban atrás mientras los trabajos en la sala de mandos se desarrollaban con celeridad. Escaneando, corrigiendo trayectorias y analizando cualquier código recibido. 6EQUJ5, resultó ser una señal captada de radio que fue intesificándose en una frecuencia atípica hasta que los receptores dejaron de funcionar correctamente. Antes de comunicar la noticia al capitán, analizaron y revelaron que era una réplica incompleta de una de sus señales emitidas de aterrizaje. Uno de los técnicos garabateó “WOW” delante del código, perplejo ante la anomalía, y transmitieron desconcertados la novedad a Antares. Este dirigiéndose a ellos concluyó: -Hay relación entre esta confusa señal y el aumento constante de radiación- suspiró dando propiedad a sus palabras cuando terminó de consultar el archivo- todos los decodificadores y receptores en pocos segundos han fallado- llevo una mano a su amplia frente y concluyó con resignación- atravesamos otra lluvia de radiación.
Había podido aterrizar y, esquivando todas las alarmas consiguió traspasar como uno más los accesos que conducían a la sala de mandos y allí, envuelto en un traje blanco ceñido se dirigió velozmente hacia Antares. Éste rígido, ante la pasividad de su tripulación y la gravedad de la situación señaló al hombre y explotó voceando lleno de ira: ¡Guardias! ¡Detengan al intruso que desafia mi mando y a los complices de tal acto de sabotaje! Una gran confusión se apoderó de todos al ver dos capitanes, uno frente al otro, duplicados como reflejos. La tensión de sus caras enfrentadas se borró cuando el intruso nombró una palabra que heló a Antares. Un escalofrío sacudió su figura quebrando su semblante con una mueca de horror que contagió a los mas intuitivos de la tripulación. Los rostros palidos se multiplicaron rapidamente con la propagación de la pronunciación de la palabra, apoderándolos una histeria que ni la rígida disciplina recibida, ni los fuertes valores militares los pudieron contener. Asombrados, ambos capitanes en un esfuerzo de templanza, cruzaron sus manos blancas hacia los hombros, intercambiandose una mirada de complicidad que traspasaba todo un agujero de gusano. Antares dejó caer sus pesadas manos sobre las pantallas y empezó a escrutar coordenadas mientras la imagen fija de una supernova le abrasaba las sienes y la explosión de más de 60 años luz de devastacion llenaban sus pupilas. Subitamente, con un latigazo de sus vertebras levantó su cabeza morena del monitor dejando ver sus ojos mortíferos, sin parpados. Y con las mandibulas desencajadas le estalló la boca, con la siguiente orden: ¡¡Betelgeuse!! Rumbo Norte! ¡¡Betelegeeuseee!!
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