Omnipresente

Ella siempre estuvo allí, viendo todo desde las alturas. Habitaba aquí y allá, viajaba en el espacio, llegaba a la superficie de los planetas, iba por las estrellas, sin que casi nada la detuviera. Explotaba en alegría cósmica, nacía de las estrellas, moría con ellas, pero siempre estaba allí. La Tierra, ese pequeño planeta azul, era uno de sus lugares preferidos. Sentía el calor de la vida que la rodeaba, de la que era parte. Ayudaba a las plantas a crecer, a los animales a ver y a calentarse. Cual suerte de maga, podía entrar donde otros no podían, ser partícipe de los secretos de la vida misma. Con la llegada del hombre, fue venerada, admirada, tratada como divinidad por mil culturas. Reverenciada, creada y vuelta a extinguir. Pero siempre estaba allí, como parte de ellos, sabiendo que, gracias a ella, ellos vivían. La crearon de mil formas, brillaba como una reina en candeleros de cristal, calentaba a los humildes en sus chozas en lámparas de aceite. Vio el mundo arder en mil batallas, cercenadas las vidas de los árboles que ella había ayudado a crecer. Se vio nacer en mil hogares, que se transformaron en ciudades cada vez más grandes: Era parte de anuncios publicitarios, de automóviles en la noche, de oficinas, de computadoras. Ella estaba allí aunque no la entendieran, desplazándose entre las cosas formando parte de todo, mutable, divina, llena de energía, y completamente intocable. Los científicos la llamaron onda, luego partícula, luego se dieron cuenta de que era ambas. Que no necesitaba de nada para propagarse, para seguir viajando en el Universo, rápida, impertérrita, sin nadie que le ganara. Investigaron y fueron capaces de crearla de mil formas, ya no sólo las que podían ver, sino sus formas más misteriosas, invisibles, llenas de energía. Fue así como vio a través de las cosas en radiografías. Se volvió fuerte, potente y segura, en haces intensos que dejaron al mundo boquiabierto, creados en laboratorio, y que pronto la humanidad comenzaría a usar para todo lo que se le ocurriera, aún sin saberlo, siendo parte de películas de ciencia ficción y nombrada con un acrónimo que muy pocos recordaban su significado. Seguía siendo adorada confundida, metaforizada…

¡Apaga la luz! -Dijo mi madre enfadada- ¡Ya es tarde!

Pulsé el interruptor y caminé hacia la cama y me metí dentro de las sábanas. Sonreí mientras la luz de la farola de la calle se filtraba, y sentía el calor de la noche veraniega. En el firmamento, brillaban las estrellas.

“Lo siento, mamá, La Luz nunca va a extinguirse”.
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