Nada hay más triste que una ausencia

Nada hay más triste que una ausencia

Tampoco mi abuelo Esteban pudo sustraerse al embrujo del Continuo e imaginó su móvil perpetuo: un montaje de poleas, engranajes e imanes que nunca pasó de ser un boceto sobre papel.

Imperturbable, permanece sentado junto a la lumbre. Vuelve mirar el fuego. En realidad, no deja de hacerlo. Sus pupilas siguen las llamas en el crepúsculo; danza incesante que hace oscilantes y volubles las formas, produciendo un efecto intrigante de sfumato. Voy hacia él y proclama vehemente:

_Perpetuum mobile! Inspirado en las infatigables ruedas de aceña, Da-Vinci colgó martillos de bronce en un disco giratorio; mas, por muchas vueltas que diese –que las daba-, terminaba siempre deteniéndose. Fue entonces cuando los molineros de la Tierra declararon consternados: “agua pasada no mueve molino”.

Jadeando, continúa:
_Mucho tiempo después el electromagnético Maxwel jugaría a contradecir el segundo principio de la Termodinámica, invirtiendo la flecha de transmisión del calor, que debiera ser de lo caliente para lo frío porque la temperatura es el valor medio del movimiento de las moléculas, compensando la celeridad de unas con la lentitud de otras.

¿Quieres decirme que cuando calentamos el aire hasta 20ºC, no todas las moléculas están a esa temperatura: unas estarían a más y otras a menos, quizás algunas justamente a veinte?, pregunté desconcertado.

Respondió mostrándome un vaso de agua:
_Algo así, aunque no es exacto hablar de temperatura de una partícula, sino de un sistema físico. Para que te hagas una idea, en este vaso hay... ¡cuatrillones de moléculas!

Aprovechó para tomar un trago y siguió con su perorata:
_Piensa en una caja con una puertecilla al medio, donde el diablo bloquea el paso. A un lado gas caliente, al otro gas frío. Como el demonio no es malo para todos, cuando se acerca una molécula de la parte cálida, cansadita ella, con menos velocidad que la velocidad media de las moléculas frías, la deja pasar. Y porque las simetrías siempre fueron negocio de encantamientos, si llega una molécula de la parte fría, más rápida que la media de las calientes, le da paso también. La parte caliente se calentaría y la parte fría enfriaría.

¡Tenía chanza científica el viejo! Cuando comenzaba a popularizarse por los media la hipótesis del Big-Bang él, sordo como una piedra, pegaba la oreja a la radio y radiaba, a su vez, para todos los presentes, los últimos adelantos de la teoría del Pim-Pam!!!

La leña, verde, ardía con dificultad, humeante, borbotando visiblemente jugo hacia fuera. Dentro se acumulaba ceniza. Al fin ascendieron tímidas llamas:
_Aire, agua, tierra y fuego. Los cuatro elementos de Empédocles ante ti. ¿Conocimiento primigenio, empirismo vital, deducción mística? ¡Quién sabe!

Con un pequeño pichel, riega delicadamente su orquídea mirándome fijamente:
_Mucho antes, Thales de Mileto había pensado en el agua como elemento generador de todas las cosas. ¿Y quién volvería sobre este asunto?: Dalton el daltónico. No veía bien los colores pero sí vio un manojo de átomos combinándose en determinadas proporciones para formar las sustancias.

No se crean ni se destruyen, dije complaciéndolo. Gesticuló afirmativamente:
_La leña es un condensador solar. Las plantas elaboran nuevas moléculas, más complejas, absorbiendo energía del Sol. Al arder, las grandes moléculas se descomponen en otras más pequeñas, liberando la energía acumulada.

Ya casi sin vigor, dibujó un círculo en el aire:
_Pitágoras situaba el Sol en el centro del Universo, dos mil años antes del giro copernicano hacia el sistema heliocéntrico: el que Galileo defendería en aquel histórico proceso frente a la Inquisición. E pur se muove. La Tierra se movía, después de todo.

Del árbol metálico que sostenía los sueros y la morfina que nutrían, in extremis, las venas del abuelo, bajaban dos tubitos serpenteando, proyectando ligeras sombras sobre los vidrios de la librería, llena de manuales científicos. Mezclando sueños y fantasía, aquella atmósfera de sfumato engendraba un artificio de ilusiones ópticas:
_¿Ves los venenos de mi sangre ir hacia arriba, rebelándose contra el orden gravitatorio del Universo? Newton, desesperado, agitando los rizos de su peluca de Sir, apretuja con las manos la bolsa de sueros, intentando echarlos para abajo, salvando de esta mácula su colosal creación.

Extenuado, aún pudo añadir:
_Mientras Einstein, despeinado como si un rayo acabase de electrizarlo, los ojos fuera de las órbitas, modela una fórmula con el circular número pi y la velocidad de la luz a la cuarta potencia. Porque él comprendió que los valores de masa presente hacen la realidad relativa, curvándola en el espacio-tiempo. Y este escenario donde vivimos, tan poco liso en lo físico y en lo humano, requiere una teoría que se adapte a sus pliegues.

Fueron sus últimas palabras. Ahora que él ya no está, miro la lumbre:
Así como las presencias tuercen las leyes que rigen los cuerpos, las ausencias tuercen las leyes que rigen las almas.

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