El gran día

Mucho le había costado llegar hasta allí. Subir aquellas escaleras le hizo darse cuenta de ello. Aparentemente era un camino sencillo, pero no consistió únicamente en poner un pie delante del otro. Cuando comenzó lo hizo sola, en una ciudad a la que se mudó sin conocer a nadie y con una maleta llena de ilusión y de deseos de sacar lo mejor de ella. El tiempo lo fue poniendo todo en su sitio, incluidas sus expectativas.

Al llegar decidió cruzar la entrada principal en lugar de rodear el edificio, tan sólo le llevo un segundo elegir su camino. Pero esto no siempre era así. Cuando acabó la carrera, y tras mucho meditar, decidió quedarse en la universidad y solicitar una beca en el ministerio, en lugar de salir al mundo laboral ¿Salir al mundo laboral? ¡Lo que había desempeñado en aquel departamento de la universidad también era un trabajo!: tenía responsabilidades, colaboraciones, enseñar a miembros más jóvenes, entregables y fechas que cumplir, y ¡un sueldo! ¿Por qué entonces la mayoría de las empresas no lo contaban como experiencia laboral? Es cierto que carecía de todas las ventajas que un trabajo en empresa suele dar: posibilidad de ascenso, de mejora de sueldo y de cambio (dejar a medias lo que tenía entre manos durante la beca implicaba irse sin el deseado título de doctor). Y lo peor, la temida inestabilidad: sabes en qué país vives hoy pero ¿y mañana? ¿durante cuanto tiempo tengo que parecer un nómada?

Giro a la derecha para recorrer un largo pasillo, rodeada de gente, en su mayoría compañeros que se encontraban en su misma situación aquella mañana. Compañeros, en muchos casos, amigos con los que compartir logros, consultar dudas, con los que discutir nuevas ideas, de los que recibir críticas constructivas sobre el último trabajo, y sobre todo con los que compartir ratos de diversión. Pero también los había del otro tipo, de los que todo lo veían como una competición y a los demás como rivales.

La entrada al salón fue más emocionante de lo que esperaba, a su derecha la vitrina con premios y al fondo varios investigadores a los que conocía y admiraba, había leído sus papers, todo su trabajo. Después darían una conferencia sobre los últimos avances de sus investigaciones y esperaba poder acercarse en algún momento para hablar con ellos. Aquella clase de oportunidad no era muy común. En el instituto siempre había charlas, varias cada semana, pero escasas veces trataban sobre su tema de investigación.

Siguió caminando por el salón mientras muchos de los que allí se encontraban la reconocían y saludaban. Cuando se quiso dar cuenta se encontraba al lado de su director de tesis. La persona que había visto su entusiasmo y su ilusión cuando presentó la candidatura para conseguir la beca, hacía ya más años de lo que le gustaría admitir. Poco después de sumarse al equipo fue cuando le dieron aquellos datos que no había querido nadie, recordó. Échales un vistazo, con suerte puedes encontrar algo que podamos publicar en una pequeña revista , le dijeron. Tras unas semanas de trabajo lo vio ¿era posible?¿era esa señal real?¿lo que estaba mirando era realmente lo que parecía? Su director lo tuvo bastante claro: sí, era lo que parecía. ¡De esto puede salir un Nature! Pero claro… tú no tomaste estos datos… y estás empezando, ya tendrás más oportunidades… Además aquí se trabaja en grupo: tú serás el segundo autor de la publicación. Intentó borrar aquel pensamiento de su mente, al final ese director era la persona que le había dado la oportunidad de estar allí hoy.

Pero no podía parar: aquel paper que había que terminar antes de irse de vacaciones que luego nadie se molestó en leer, ¿cuándo se había convertido el proyecto eterno con observaciones casi diarias del que aún no se había conseguido sacar ninguna conclusión en su responsabilidad?, ¿porqué no contesta mis emails urgentes y sí a la lista del grupo? ¡Basta! ¡era la persona que le había dado la oportunidad de estar allí hoy! Y le sonrió.

Finalmente llegó a la cola donde sus compañeros estaban esperando a que les tocara su turno. Los que se encontraban delante se giraron para dirigirla unas amables palabras. La cola siguió avanzando y por fin le llegó su turno.

Pero ¿qué le pasaba aquella mañana? ¿Por qué tanta repentina reflexión? ¿Se lo estaría tomando demasiado enserio? Conseguir un premio por sus investigaciones era una quimera. Aquello sólo era un día más en el Instituto de Investigación y ella sólo había ido a la cafetería a por un café.
  • Visto: 149