Porno científico

Hoy estáis de suerte, hablaremos de sexo. El sexo es un objeto científico mas, así que vamos a desarrollarlo. Porque la ciencia es progreso y el avance debe ser imperativo de vida. Así, avancemos al conocimiento desarrollándolo en todas las esferas y niveles. Éstas han sido las primeras palabras del ponente delante del atril. Yo soy parte del público, de un público confuso que ha decidido asistir por pura causalidad.

En cuanto ha entrado por la puerta lo he calado. De aparente generación de los 70, sano pero calvo, arreglado pero informal. Comienza a parafrasear con esos signos de arrogancia irónica que muy probablemente haya ido adquiriendo con los años. Entra afirmando que la ciencia con coherencia no debe tener tabú.

Su público, mayormente estudiantes de último año de medicina, dejamos de lado tomar apuntes a los veinte minutos de su presencia en la sala. Tras un tiempo descontextualizado, supongo que al igual que yo, la mayoría se ha preguntado cómo puedo permitirme esta pérdida de tiempo.
El señor prosigue con su mitin. Los anticonceptivos orales y el control de la maternidad. Los lubricantes. Los preservativos de látex y el sexo seguro. Las hormonas. Pues no sé por qué empieza a hacer más calor en la habitación. Debe ser la primavera, los murmullos entre los que escuchan y la agitación de los que no paran de incorporarse, los típicos impuntuales.

Se va poniendo interesante. Explica que el deseo sexual no es sólo una cuestión de hormonas y psicología, sino también de genética. También nos habla de que un buen desayuno, el llanto y las tecnologías afectan la fertilidad y el deseo entre las parejas. Parece que sabe de lo que habla. Desvela uno de los secretos clave para conseguir una relación amorosa de larga duración: la oxitocina, una hormona que afecta la reproducción sexual, el instinto maternal y la ansiedad.
Su voz nos traslada a las universidades de Michigan, Albright, Connecticut, Ámsterdam y Harvard, lugares donde hoy se da respuesta a muchas preguntas sobre sexo con sus recientes investigaciones. Por ejemplo, se nos cuenta que debido a que el sexo es una de las actividades más placenteras, en pareja o individual, su práctica deja una sensación de relajo, de descanso y de profundo goce. Así, para seguir conociendo más sobre los efectos de esta práctica, los científicos estudian cada detalle del sexo. Por eso, reflexiona el ponente, debemos ampliar nuestro enfoque de miras. Los estudiantes de ciencias debemos apostar por descubrir, porque nos mueve el inconformismo, y nos une el preguntarnos continuamente el porqué de las cosas sin ser ya niños. Debo confesar que en este punto he empezado a empatizar con el que habla.

A continuación, dice de contarnos alguno de estos estudios. Sinceramente, ahora que lo pienso, resultaría interesante ser uno de los científicos conocidos por responder a las preguntas más comunes sobre sexo. Se oye al ponente desvelar la primera de las preguntas objeto de investigación: ¿Te quedas dormido después del sexo? A lo que responde que la predisposición a quedarse dormido tras hacer el amor está relacionada con una mayor unión y afecto entre la pareja. Todo esto lo justifica través de un estudio reciente de las universidades de Michigan y Albright, en Pennsylvania. Destaca las palabras de Daniel Kruger, coautor del estudio, en Science Daily, "cuanto antes se queda dormido tu compañero tras hacer el amor, mayor es su deseo de unión".

Inevitablemente, me hizo pensar en ella, y en el tiempo que la ciencia me ha robado, sin poder estar a su lado. Nunca una ponencia había llamado a su recuerdo. Se alimentó mi deseo. Se agitaron mis sentidos. Quedan minutos para acabar la sesión y mi mente está llena de nuevos conceptos e interconexiones. El señor acaba promocionando su libro, facilitando su cuenta de twitter para que los interesados en su temática puedan encontrarle, para responder dudas y compartir opiniones. Y tragándome mis primeras impresiones, acabo siguiéndolo y añadiendo el título de sus libros a mis lecturas pendientes. Investigación y teorías sobre la fecundación, diferentes modos de reproducción, análisis experimental del sexo, la participación del sexo en la biología, entre otros.

Con todo ello, comprobamos la importancia de la divulgación y la suerte de encontrar con un buen divulgador. Si hacer ciencia es complejo, más arduo a veces es el trabajo de divulgarla a una sociedad que no acostumbra hablar en términos científicos, y que no tiene porqué conocerlos.
De la misma forma que en esta ficticia historia se consiguió captar el interés de más de un centenar de futuros doctores, asistentes a un curso de comunicación sobre empatía médica, debemos entre todos construir el necesario puente de conexión entre la ciencia y la sociedad. Y aunque esto no es tarea fácil, ¿ha captado el porno científico tu atención?
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