LA ENTREVISTA

- Hoy, tenemos con nosotros al célebre neurólogo: Neofilo Espino Ochoa. ¡Buenos días, profesor!
- Buenos días.
- Y muchas gracias, por aceptar nuestra invitación para realizar esta entrevista, aquí, en el antiguo Hospital Ramón y Cajal para la Salud Mental.
- Es un placer estar en este emblemático lugar. Aunque, he de reconocer que, estar rodeado de aparatos obsoletos de electroencefalografía y sentado en una silla con grilletes y cintas de cuero, me transporta, más, a una película de terror que a un hospital.
- ¡Ja, ja, ja! No tiene de qué preocuparse, no creo que haya ningún psicópata, por aquí, escondido. Este hospital dejó de funcionar hace más de 50 años. Pero, dígame, Doctor Espino, ¿cómo se siente al haber recibido, el pasado mes, el prestigioso Human Brain 2028?
- Fue un verdadero honor, ver reconocida, así, toda mi carrera científica. Me siento orgulloso, a la vez que, agradecido a todos aquellos con los que he compartido mi trayectoria.
- ¿En qué momento se dio cuenta de que había descubierto algo, realmente, importante?
- Cuando encontramos la mutación específica que afectaba a la enzima transneuronasa.
- ¿Qué tenía de especial esa mutación?
- Hasta los años 60, del siglo pasado, se creía que las neuronas del cerebro no se regeneraban, al contrario que las células de otros órganos y tejidos como la piel, la sangre o los huesos. Después, se descubrió que, en algunas zonas del cerebro, como el hipotálamo, sí existe cierta renovación. Sin embargo, las neuronas de la corteza cerebral no se regeneraban, haciendo irreversibles muchas de las enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer. Hace unos veinte años, la investigación, en este campo, se centraba en intentar convertir células madre en neuronas…
- Pero, en su grupo, no seguían esa estrategia, ¿no es cierto?
- Efectivamente. En aquella época, estudiábamos un fenómeno diferente. En una persona sana, cuando se muere una neurona, las neuronas de alrededor desarrollan nuevas dendritas para conectarse con sus vecinas, de forma que los caminos de la memoria siguen activos y la necrosis neuronal tiene un efecto limitado. Entonces, fue cuando descubrimos que una mutación concreta llevaba a una disfunción de la enzima que regulaba la generación de nuevas dendritas. Dicha variación hacía que una nueva neurona creciera sobre el cuerpo de la neurona que acababa de morir. Como un nuevo tallo puede brotar de un árbol caído.
- ¿Gritó “Eureka” al descubrirlo?
- ¡Ja, ja, ja! No, no lo gritamos. Pero supimos, de inmediato, que habíamos dado con algo importante. En poco tiempo, se estableció el mecanismo y, en cuestión de un año, ya estábamos haciendo pruebas clínicas sobre la posibilidad de suministrar transneuronasa modificada a pacientes con enfermedades neurodegenerativas.
- Las pruebas clínicas fueron muy rápidas, apenas tres años, cuando lo habitual son diez…
- Se trataba de un hallazgo de tal envergadura, que todo el mundo quería verificarlo y acelerar su comercialización. Los propios pacientes pedían participar en los ensayos clínicos, aun, en las fases más preliminares.
- Poco después de salir al mercado, Neuronova se empezó a prescribir también para otros usos.
- Así es. Concretamente, para trastornos depresivos. La idea era renovar los caminos de la memoria para conseguir salir de círculos viciosos mentales. Y el éxito, en ese ámbito, fue también rotundo.
- De hecho, todavía recuerdo el anuncio. Rezaba algo así como: “Renueve su cerebro en tan solo siete años”.
- Si, fueron muy ocurrentes… ¡Oiga, algo le ha pasado a la argolla de mi silla! ¡Se ha cerrado y me ha atrapado el brazo…!
- No se preocupe, se habrá atascado. En cuanto acabemos, le desato. Pero…, dígame, profesor, creo que ha habido cierta preocupación por los efectos secundarios del medicamento, ¿no es así?
- S… s… sí. Creo que sí. Algo he oído. Pero… ¿no puede abrir esta argolla? Me aprieta mucho.
- ¿No es cierto que uno de esos pequeñísimos efectos secundarios es el de la pérdida de la memoria no reciente? Acaso ¿no es verdad que los pacientes de Neuronova no recuerdan su infancia, ni su adolescencia…, de hecho, nada más allá de los últimos siete años? ¿Alguna vez se llegaron a preguntar, ustedes, por qué la naturaleza no ha elegido que se regeneren las células del cerebro?
- Pre… preferiría terminar, aquí, la entrevista…
- ¡SABE QUE YO TOMÉ NEURONOVA! Sí, la tomé porque estaba deprimido. Y, ahora… Ahora no me acuerdo. No me acuerdo de tantas cosas… No recuerdo a mi pareja, ni a mi hijita…
- Pero… ¿Quién es usted? ¿Qué quiere? ¡NO, NO ME ATE EL OTRO BRAZO! Por favor, soy un hombre mayor... Tengo dinero…, mucho, de la patente de Neuronova… ¿CUÁNTO QUIERE? ¿DIGA…?
- No quiero su dinero, profesor. Quiero mis recuerdos. Una última pregunta, Herr Doktor, ¿de qué vale la ciencia sin conciencia?
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