SER O NO SER PROBIÓTICO

Envidia, pura envidia, eso es lo que les corroe, que a fin de cuentas yo también he salido de la misma porquería, pero he triunfado. Porque quién no se asfixia dentro de ese tumulto de cocos y bacilos, entre otros tantos peludos deformes, defendiéndose de los pringosos virus, sirviendo alimento entre fieras, y siempre corriendo a por migajas. Si me he aficionado a sacar vitaminas casi de la nada no se lo debo a nadie, sino a mi naturaleza. Que tampoco he pedido que me examinen a través de esas lupas inmensas después de embadurnarme de añil, un azul que se me ha incrustado en las entrañas. Y ahora todos aquellos mierderos son los que me repudian cuando vuelvo a entrar, me empujan, no me dejan ni resollar, me expulsan como extranjero. Envidia, todo envidia, porque ahí sigo sacando vitaminas de la nada, de los despojos, y porque afuera me saben reconocer. Envidia cuando me gritan "ahí va ese, el de las vitaminas, el pretencioso", mientras me defiendo entre empujones. Me acaban echando una y otra vez, y me pregunto adónde me lleva esta gloria; quizás resulte fútil perseguir cualquier atisbo de eternidad. A fin de cuentas es una fama que me exige representar siempre el mismo papel, y a la perfección, jugármela en la frontera del fracaso, exponerme al olvido. Porque incluso cuando estoy afuera la hostilidad continúa, los focos y el aire me ahogan, los atracones de comida resultan extenuantes, así como la exigencia de generar un sinfín de progenie. Reflexiono si más que agradecimiento, quienes me perpetúan lo hacen por interés y todo esto solo continuará mientras les resulte útil, que el egoísmo no es patrimonio de nadie, es universal. Pero el hambre, ¡ay el hambre!, eso sí parece pertenecerle solo a algunos. Pienso en ellos y me espoleo para enfrentar de nuevo la batalla, lanzando vitaminas como proyectiles, como decorosos trofeos, como sutiles instantes de consuelo al hambriento, y me importa un bledo que ese atajo de envidiosos me acabe expulsando y les grito que pienso volver todas las veces que haga falta.
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