Shaina

Mi nombre es Nabîl y esta no es mi historia, sino la de mi hermana Shaina:

Los dos nacimos en Hama, una ciudad de Siria, al igual que toda nuestra familia. Shaina nació en 2040 y yo cuatro años antes. Era una niña alegre, muy divertida y generosa.
Crecimos al lado de nuestros padres, Amid y Nasira, nuestros tíos y nuestros abuelos.Tuvimos una infancia muy feliz, rodeados del cariño de nuestra familia y amigos. Fue en el colegio cuando surgió el entusiasmo de mi hermana por la medicina. Le hechizó el mundo de la cura de enfermedades y la anatomía humana, pero todos sabíamos que el origen de todo estaba en su afán de ayudar a los demás.
Un punto de inflexión en nuestra vida fue la llegada del doctor Scott en Marzo de 2058. Vino a Hama desde EEUU en una misión solidaria, ya que en la ciudad nunca hubo un médico como tal, sino un hospital para toda la región. Conocimos al doctor Scott cuando vino a atender a nuestra madre, que hacía unos días que tosía con fuerza. Con unos jarabes que en ese momento nos parecieron pócimas mágicas se curó en pocos días. Shaina se quedó maravillada con el doctor Scott, que se estableció a unas calles de nuestra casa por unos años. Cada tarde se escapaba a verlo. El doctor Scott se quedó impresionado con el afán de conocimiento de mi hermana y decidió enseñarle unas nociones básicas de medicina. Así, todos los días Shaina acompañaba al doctor a casa de cada paciente que necesitase tratamiento médico. Poco a poco, fue instruyéndose sobre el cuerpo humano, aprendió a curar heridas leves y a reducir el impacto de enfermedades no infecciosas.
En Febrero de 2061, el doctor Scott abrió un laboratorio en Hama, financiado por la fundación para la que trabajaba. Tras meditarlo mucho, decidió pedirle a mis padres la incorporación de mi hermana al laboratorio, ya que había mejorado mucho en todos esos años. Aunque a mi padre no le gustó la idea de tener a una hija en aquel lugar, aceptó al igual que mi madre. De esta manera, Shaina pasó a ser parte del personal médico del laboratorio, junto al doctor Scott y sus jóvenes ayudantes -también estadounidenses- Tracey, Lena y John.
Todo cambió cuando un día mi padre fue a visitar a Shaina al laboratorio, ya en 2064. Tras preguntarle al doctor Scott por su paradero, éste le pidió que la buscase en la sala de personal. En efecto, allí estaba, pero no sola: tan pronto abrió mi padre la puerta vio a mi hermana besándose con su compañera Lena. Se quedó mudo, paralizado, boquiabierto. Cuando recobró el sentido cogió a mi hermana por el brazo y la arrastró hasta casa mientras le gritaba que nunca volvería a ver la luz del sol.
Así fue. Durante semanas, y a pesar de las insistencias del doctor Scott, mi hermana no salió de casa. La verdad es que nadie sabía de aquel romance, ni siquiera el doctor. Sin embargo, todo se trastocó cuando días después del incidente mamá enfermó gravemente. Shaina entró en pánico. No sabía qué hacer. Como no mejoraba, suplicó a papá que dejase que el doctor la examinase. Viendo el estado de su mujer, aceptó a regañadientes.
Después de examinarla, el doctor Scott diagnosticó un cáncer de páncreas en estado avanzado. Al no poder hacer mucho en Siria, llamó a EEUU para que la trasladasen, aun sabiendo que las esperanzas de salvar su vida eran prácticamente mínimas. Tras recabar datos suficientes sobre ella para seguir un diagnóstico desde Hama, se la llevaron en avión.
La única que no se quedó sentada esperando fue Shaina. A pesar de las negativas de papá, siguió yendo cada día al laboratorio a trabajar, pero con un único objetivo: salvar la vida de mamá. Comenzó a experimentar con virus biológicos y asuntos médicos que aún ignoro hasta que una noche, estando ella sola en el laboratorio, observó como las células cancerígenas iban desapareciendo. Sin pensarlo, Shaina llamó al doctor y, temiendo por la vida de mamá, enviaron una muestra de su hallazgo a Estados Unidos
Días después ocurrió el desastre. Toda Hama fue bombardeada en un ataque aéreo en Septiembre de 2064. Yo pude sobrevivir, pero tanto Shaina y el doctor como el resto de mi familia murieron en el acto.
Me desperté en una camilla, entre lágrimas y con una carta a mi lado. Era de Estados Unidos. Mi madre se había curado.

Ahora, en 2086, resido en Nueva York con mi madre, trabajando como periodista, divulgando esta maravillosa historia, la historia de Shaina: mujer, hermana, hija, siria, homosexual y descubridora de la cura contra el cáncer.
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