Detrás de la sonrisa

Recuerdo vagamente esas salidas que infantes como yo hacíamos para ir al zoológico o al acuario, en teoría eran didácticas y nos servían para aprender. ¿Entonces por qué somos o soy incapaz de recordar en su totalidad o en parte eso que aprendí? Después de volver, ya de mayor a esos sitios comprendí que no es una actividad educativa sino lúdico-festiva.
El sufrimiento que hay en esos seres vivos es latente a través de cada cristal, muro, jaula,…que los separa de nuestra realidad. Estos nos observan con sus miradas entristecidas.
Con el paso del tiempo, nosotros los adultos y algunos niños, los observamos incluso nos creemos capaces de entender su sufrimiento hasta que llega el momento, el punto álgido de nuestra visita, cuando nos desplazamos a ver los cetáceos concretamente a los odontocetos que nos deslumbran con su sonrisa y la magia que desprenden en cada movimiento.
Entonces durante unos instantes dejamos atrás esa voz interior, cuyo nombre es conciencia y nos dejamos embriagar por el encanto que desprenden, creemos que son felices que les gusta moverse de arriba para abajo en esa charca de agua, están riendo o eso es lo que creemos porque nos miramos el ombligo y vemos que cuando nuestros prójimos les gusta algo sonreímos, moviendo unos doce músculos de nuestro rostro. Pero detrás de esa hilaridad formada por su mandíbula se esconde la tristeza, y con el paso del tiempo el sosiego.
Se termina el espectáculo y salimos a acabar de contemplar esas especies que no hemos visto, la culpa vuelve a nuestros pensamientos, míralos que indefensos están y la tribulación que emanan.
Nosotros somos tan nuestros y no somos capaces de cohabitar porque después al llegar a casa cansados ponemos la televisión para no pensar en ellos, en nuestros iguales. En ese momento aparece un dibujo animado que es capaz de caminar de forma bípeda, de comer con las extremidades delanteras e incluso de reírse con su hocico. ¿Por qué no enseñamos a nuestros infantes la verdad?
Llega el momento de irse a dormir, después de un largo día, pero por desgracia empiezan a aparecerme unas imágenes muy definidas, percibo mi habitación desde arriba, mi cuerpo está en la cama profundamente dormido, pero mi consciencia se encuentra en el techo. Intento mover los brazos y verme las manos, pero no puedo porque no hay nada. Decido simplemente observar, veo que la habitación está repleta de agua pero yo no tengo que nadar, me desplazo hacia la puerta y la traspaso, cruzo el comedor, y la cocina, finalmente, salgo al pequeño jardín, caigo en la cuenta de que prácticamente todo está cubierto por agua.
Al salir de casa, me encuentro con peces de distintas dimensiones, colores, formas de nadar,... Avanzo por mi calle, la carretera sigue ahí, los edificios también. Pero en cambio no hay transeúntes caminando, rápidamente pienso que es de noche, la gente descansa en sus hogares intento autoconvencerme.
Sigo avanzado moviéndome por mi pueblo sin encontrar ninguna respuesta. Entonces decido subir a ver si llego a la superficie, voy subiendo sin notar la presión en los oídos, ni en los hombros porque me doy cuenta que aún no los tengo.
Después de mucho desplazamiento consigo ver más allá del mar, me encuentro en el aire, oteo las calles iluminadas igual que cuando vas en avión, también me fijo que no hay los continentes como yo los he estudiado falta América, Asia y Oceanía, los otros continentes han cambiado sus bordes, me recuerdan esos continentes prehistóricos Laurencia, Siberia, Báltica y Godwana, pero tan solo es un ligero parecido. Las dudas surcan dentro de mí, ¿Dónde están mis iguales? ¿Qué habrá pasado? Pero no veo ningún ser humano. Decido volverme a sumergir y empiezo a desplazarme al lado de los peces porque son los únicos seres vivos que he encontrado. Al cabo de un rato avisto un delfín amamantado su cría, decido acercarme más y más, ya que nunca he podido ver ese fenómeno, pero cuando estoy cerca observo que ese cetáceo está nutriendo a un infante, ese está muy feliz bebiendo los alimentos que este le proporciona.
Noto una fuerte presión en el pecho concretamente en el corazón y me despierto, sin poder respirar como si mis pulmones estuvieran llenos de agua, incluso expectoro un poco de agua.
Empiezo a darle vueltas y tan solo veo la imagen de un lactante siendo amamantado por un delfín. Me acaricio mi enorme tripa pensando en el futuro que te aguardará la vida, ¿Qué pasaría si me separaran de ti al nacer? ¿Qué haría? ¿Cómo conseguiría sobrevivir? De repente veo un líquido fluyendo por la cama, es acuoso, claro y ligeramente amarillento.
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