Historia de un grano de polvo interestelar

Hola, mi nombre es Nanomicrón, mido una décima de micra, soy negro como el carbón y, pese a no saber en que momento concreto comenzó mi vida, me gustaría contaros la parte de mi historia que puedo recordar:

Todo empezó cuando vivía en una nube oscura, a la que podeis llamar Molecular. Allí hacía un frío insoportable y ni la luz se atrevía a entrar. Mi nube estaba hecha de hidrógeno, muy atómico y poco molecular, y yo vagaba despacito por el espacio, en completa libertad y sin nada con lo que chocar.
Durante los miles de años que ocuparon mi juventud todo era tranquilidad, apenas tenía contacto con nadie, algún hierro me saludaba en la distancia o me contaba que había conocido a otro grano superviviente de una gran explosión. Nunca supe si todos aquellos átomos a los que conocí venían de la misma explosión o de eventos distintos, unos decían venir de una "Supernova", otros de una "Nebulosa Planetaria", pero todos decían que la explosión había tenido lugar lejos y mucho tiempo atrás.

Un día me dí cuenta de que cada vez había más movimiento a mi alrededor, aumentaba la densidad. Ya no todo era hidrógeno puro, los oxígenos intimaban con los hidrógenos, más tarde comenzaron a aparecer pares formados por carbono y oxígeno, tríos de carbono y oxígenos, y hasta cuartetos de carbono e hidrógenos. Lo que empezó siendo controvertido en aquella nube paso a ser una auténtica revolución. Los átomos de hidrógeno ya no dominaban el medio, decenas de uniones estaban permitidas, y hasta la geometría intentaba cambiar.

Yo me sentía muy solo en esta nube tan cambiante donde, no sé si debido a tanto amor, la temperatura parecía aumentar, todos íbamos como con más velocidad. Un día cualquiera y sin verlo venir quedé pegado a otro grano de polvo, se llamaba Siliciano, tenía un color muy claro y ... ¡un hielo tan sucio por encima, que le hacía parecer muy marrano! Al poco chocamos con un grupo de granos que decían hacer rock duro y se hacían llamar Coremantelones. Pasaron cientos de miles de años y fuimos uniéndonos más y a muchos más. Aprendimos lo que era la diversidad, y en cuanto podíamos anexionábamos más granos de polvo a nuestra unidad. Sin saber cómo, nos encontramos formando parte de una gran estructura que, dijeron unos que la vieron desde fuera, estaba en rotación contínua y acretando materia, alrededor de una protoestrella y con forma de disco. Como ya os he dicho, ¡una auténtica diversión!

Pero como vosotros los humanos bien sabeis, tras la noche llega el día y en mi caso, el día fue llegando poco a poco, tardamos varios millones de años en pasar de la más completa oscuridad a la luz ardiente. Primero desapareció el gas, luego llegaron las fracturas en nuestra estructura, las sacudidas debidas a choques con otras rocas. Poco a poco fui viendo la luz y presenciando como nuestra estructura se iba puliendo. Llegó un punto en el que con tanta luz solo podía ver mi propio mundo, mi pequeño bello planeta, mi gran lujo, formado de millones de millones de granos como yo.

Ahora aquí estoy, feliz en mi evolución, en un espacio donde espero pasar muchos millones de años más. Ahora, tengo que admitir que lo que más me gusta de mi vida actual, de este planeta y de este sistema en el que vivo, es la llegada de la noche. Cuando nuestra estrella se apaga (o quizá sea yo quién le da la espalda, no sé) es cuando puedo ver cómo alumbra a los demás, a los granos de polvo que conocí en el pasado, ya muy muy lejano. Si miras lejos evitando que nada te ciegue, podrás ver mucho más allá, incluso aprender de los que fueron tus compañeros de planetesimal.

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